
Bruno –y me refiero al personaje, no a la película que protagoniza– parece una víctima terminal de la moda. Adicto a la fama, Bruno es un tipo divertido, polémico, caprichoso y de pocas luces, realzado con extraños préstamos de la sociedad de consumo.
Creado e interpretado por Sacha Baron Cohen, este reportero gay austriaco dio sus primeros pasos televisivos en 1998, y hoy nos presenta el largometraje con el que por fin conquistará la celebridad, Bruno, cuyo estreno tendrá lugar el próximo 10 de julio.
Suena el himno nacional español mientras un coche de caballos se detiene frente a la madrileña Plaza de Toros de Las Ventas. La música adquiere un frenético ritmo techno, y entonces descienden del carruaje dos jóvenes vestidos de toreros, que ayudan a bajar al tercer ocupante: un tipo altísimo, disfrazado de toro bravo, que intenta dar una exagerada impresión de glamour.
Se trata de Bruno, el reportero especializado en irritar a las celebridades, que próximamente estrenará su primera película: un falso documental titulado precisamente así, Brüno.
Como si su aspecto fuera de lo más natural, toma el micrófono y nos habla de su primera película.
“Muchas gracias por venir hoy aquí –dice en inglés, con fuerte acento austriaco–. Mi película… va a ser la película más importante protagonizada por un gay austriaco desde Terminator 2”.
A continuación adopta un tono reivindicativo. “Mi película, Bruno –añade–, también va a reparar todo el daño que ha hecho Mi nombre es Harvey Milk. ¡Esa película retrasará los avances de la comunidad gay en los próximos veinte años! La interpretación de Sean Penn constituye un estereotipo ofensivo del hombre gay, y además lo hace un actor que ni siquiera es gay”.
Bruno eleva el tono y recita en nuestro idioma: “Mañana correré con los toros, señor… Un aviso, por favor”.
Como si Sacha Baron Cohen quisiera matizar a su propio personaje, aclara con voz grave: “Eso es lo único que sé decir en español”.
Lo que viene luego es un descacharrante intento de seducción. “Gracias por venir, Madrid –nos dice a los periodistas congregados– Ich bin Brüno, Ich bin Brüno… traspasando los límites”.
“Estos chicos son superencantadores –se refiere a los dos toreros–. Hoy organizaré una fiesta en la habitación de mi hotel. Es el Hotel Hilton, y la habitación es la 312. Los encargados de seguridad también pueden venir”.
Se vuelve nuevamente hacia el grupo de reporteros, estudiando nuestro aspecto: “Tú puedes venir… Tú no, y tú… ah, tú eres una mujer… Oh, bueno, pero eres una mujer velluda, entonces tú puedes venir… Todos los chicos calientes pueden venir”.
Mientras suena la música disco, Bruno posa ante nuestras cámaras con gestos propios de un Freddie Mercury al que se le hubieran inyectado los genes de la peor vedette del Molino Rojo.
Al tiempo que este falso austriaco se contonea y hace mohines ante las cámaras, una evidencia se abre paso entre todos los presentes. Y es que, aparte de un tipo atrevido y gracioso donde los haya, Sacha Baron Cohen es un actor de inagotable talento.
Bruno (Sacha Baron Cohen) © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.










































































































