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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Alberto Durero: biografía y características de su obra

Índice de Artículos
Alberto Durero: biografía y características de su obra
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dureroComo arranque de la temporada de otoño, el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid presentan una ambiciosa muestra sobre la riqueza y variedad del arte del Renacimiento alemán.

El Renacimiento alemán dio lugar a un arte que tuvo su propia identidad, distinta tanto de los modelos flamencos como de los italianos (aunque también existiera una fuerte relación con ellos). La muestra Durero y Cranach. Arte y Humanismo en la Alemania del Renacimiento reúne 234 piezas de pintura, dibujo, estampas, orfebrería, armaduras y otros objetos decorativos, en lo que puede considerarse la primera exposición que se dedica en España al Renacimiento alemán de forma global.

Hijo de un orfebre del que aprendió la meticulosidad y exactitud de su oficio, Alberto Durero (Nuremberg, 1471 -1528) se formó como pintor y como grabador en el taller de Michael Wolgemut. En 1490, una vez acabada su instrucción, viajó por el Alto Rin y visitó Colman, Estrasburgo y Basilea, de esta época son sus ilustraciones para La nave de los locos de Sebastian Brant. En 1494, de nuevo en Núremberg, emprendió un corto viaje a Venecia y al año siguiente, en 1495, abrió su propio taller. De esta etapa es la serie de grabados de El Apocalipsis (1498), La Adoración de los Magos (1504) en los Uffizi y el Altar Paumgärtner (1504) en la Alte Pinakothek de Múnich. Entre 1505 y 1506 estuvo en Venecia, donde pintó La fiesta del Rosario en la Galerie National de Praga, y donde se interesó por los problemas teóricos de la proporción; de esas fechas son un interesante conjunto de acuarelas. En 1512 Maximiliano I le llamó para realizar, entre otros trabajos, el diseño de un Arco de triunfo, prolongándose sus encargos al artista hasta 1519. En 1513 se fechan los grabados El caballero, la Muerte y el diablo y San Jerónimo en su celda; de 1514 es La Melancolía I. En 1520, con el deseo de que el nuevo emperador, Carlos V, le renovase su pensión, viajó a los Países Bajos. Las impresiones que este nuevo viaje le causaron las dejó anotadas y dibujadas en el primer diario de este tipo que se conoce. Entre las ciudades que visitó con honores se cuentan: Amberes, Bruselas, Brujas y Gante. A su regreso a Núremberg continuó grabando y pintando; de esa época son Los cuatro apóstoles de la Alte Pinakothek de Múnich. De su actividad como teórico del arte dejó El tratado de la medida (1525) y Los cuatro libros de las proporciones del cuerpo humano (1528). Se le considera la máxima figura del renacimiento del norte de Europa.

Till-Horger Borchert recuerda los orígenes del pintor y justifica su importancia: “Nacido en 1471 en la Ciudad Imperial Libre de Nuremberg en el seno de una familia de orfebres procedente originariamente de Hungría, Alberto Durero se cuenta, por sus variados intereses y el carácter polifacético de su producción artística, junto con el reformador Lutero y el emperador Maximiliano, entre las escasas figuras culminantes de una época caracterizada por procesos multifacéticos, que por ello mismo constituye un complejo periodo de transición en la «historia alemana» y que en muchos aspectos no encaja bien en los esquemas y modelos de clasificación convencionales de los conceptos históricos tradicionales, los cuales parecen sugerir una marcada cesura cronológica al utilizar términos tan ambiguos como «Edad Media tardía» o «Renacimiento». ¿Pero cómo podemos, si no, evaluar esa época de florecimiento del arte alemán antiguo del temprano siglo XVI más allá de una aproximación monográfica, hoy todavía ―o más bien, una vez más― primaria, a las personalidades artísticas decisivas de ese tiempo, cómo determinar su relación con la tradición y el progreso, cómo ubicar realmente el arte de Durero y el de sus contemporáneos Lucas Cranach, Hans Burgkmair, Hans Baldung Grien o incluso Grünewald desde la perspectiva de la evolución histórica?".

"Tales reflexiones –añade– se relacionan en última instancia con un acalorado debate entablado en el seno de la Historia del Arte alemana hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX ―en pleno apogeo del imperio guillermino―, que se suscitó en torno a la cuestión que hoy carece de importancia, pero que por los intereses del conocimiento histórico estructural se ha vuelto sorprendentemente actual en los últimos tiempos, de si no convendría abandonar la costumbre de calificar el arte alemán antiguo de la época en torno a 1500 como Gótico tardío y hablar en su lugar de una variedad específicamente alemana del Renacimiento, a la misma altura –o al menos no muy lejano- de los logros del ampliamente estimado y admirado Renacimiento italiano".

"El fundamento de esta discusión histórica –concluye Till-Horger Borchert–, que continúa determinando la apreciación histórico-artística de los maestros en cuestión, fueron las ideas contradictorias sobre lo que implica el concepto Renacimiento. Con él puede hacerse referencia tanto a un fenómeno histórico-cultural concreto, al menos en un principio -el «renacer» de la antigüedad clásica a través del estudio de los autores y del arte de aquella época y, como consecuencia de eso, la aparición de profundos procesos sociales-, como a la clasificación formal de las características estilísticas de las obras de arte y de arquitectura que en su forma y ornamentación se asocian con el arte de la antigüedad o incluso lo superan.”

En palabras de David H. Price, “entre las experiencias formativas de la vida de Alberto Durero cabe citar su relación con la naciente industria de la imprenta, su contacto con el Renacimiento italiano y su afiliación a la intelectualidad humanista. En Nuremberg, los humanistas constituían un variado grupo de profesores, clérigos, abogados, doctores, funcionarios públicos y escritores, todos ellos unidos por el interés general común de fomentar el estudio y la imitación de la cultura grecorromana. Se apoyaban para ello en el inmenso éxito y prestigio de la cultura humanista italiana. Con el tiempo, en todo el Sacro Imperio Romano acabarían por asentarse sólidamente unas bases académicas humanistas, al introducirse un nuevo programa de bachillerato que exigía el estudio de la poesía, la retórica, la historia y la filosofía clásicas (en particular la filosofía moral) y, por último pero no por ello menos importante, el griego. El lema académico de ‘retornar a las fuentes’ (ad fontes) define apropiadamente su estética y su orientación erudita hacia la antigüedad (o hacia una idealización de la antigüedad). El Humanismo modificó algunos aspectos fundamentales de la literatura, el arte, el gobierno y, conviene no olvidarlo, la Iglesia cristiana. Cuando los humanistas insistían en ‘retornar a las fuentes’, querían decir por lo general volver a estudiar profundamente tanto el cristianismo antiguo como la Biblia cristiana en sus lenguas originales.

La participación de Durero en los círculos humanistas fue insólita. Por una parte, no dominaba la lengua latina; por otra, no era habitual que a un artista se le acogiera entre las elites intelectuales. Tan peculiar resulta este aspecto de su vida que los

historiadores han sostenido en algunas ocasiones que Durero fue el primer pintor de la Europa septentrional que se definió a sí mismo conscientemente como artista y no como artesano".

"La industria de la imprenta, nueva y floreciente –añade Price–, fue probablemente el contexto en el que Durero entró por primera vez en contacto con el Humanismo. (...) será preciso aguardar a los resultados de su asombrosa asimilación del estilo renacentista italiano, que alcanzó en primer lugar en una serie de dibujos a partir de grabados originales de Andrea Mantegna y Antonio Pollaiuolo (ejecutada en 1494), para poder situar firmemente a Durero entre la elite del ámbito humanista de Nuremberg. Su ingreso en el círculo de Pirckheimer se debió, sin duda alguna, al éxito que alcanzó con su tarea pionera de adaptar la estética renacentista italiana. Gracias al joven Alberto Durero, a partir de 1494 los humanistas de Nuremberg pudieron contemplar un estilo que hasta entonces sólo habían conocido a través de los textos. De entre las elites de Nuremberg, era Pirckheimer el que tenía mejores contactos con los humanistas europeos; y Pirckheimer llegaría a ser un fiel amigo de Durero. Su relación con Pirckheimer y el círculo humanista singularizó a Durero en relación con la cultura incluso de las capas más elevadas de la sociedad artesanal nuremberguesa. Ya en 1509, a la vuelta de su segundo viaje a Italia, lo nombraron Genannter vitalicio, es decir, miembro del Gran Consejo, honor que lo situaba entre los doscientos o doscientos cincuenta ciudadanos más destacados de su ciudad.”

Dagmar Eichberger indica que "cuando se trata de la relación de Durero con su ciudad natal, no se pueden pasar por alto sus dibujos y acuarelas de Nuremberg y sus alrededores. Ya en los años noventa del siglo XV, Alberto Durero comenzó a plasmar el territorio perteneciente a la Ciudad Imperial Libre en bocetos coloreados. Al observarlos, se tiene la impresión de que dirige sistemáticamente su mirada hacia diferentes aspectos de la naturaleza y del paisaje modelado por el hombre. Entre sus acuarelas encontramos reproducciones de pueblos de Franconia (Baviera), así como vistas de calles urbanas y molinos de agua, algunos de los cuales se encontraban inmediatamente fuera de las murallas de la ciudad. A los apuntes de paisajes panorámicos se agregan pintorescos detalles de la naturaleza, tales como Casa junto a la laguna, que se conserva en Londres, y Estudio de agua, cielo y pinos, en el reverso de la misma hoja. Conforman una tercera categoría los estudios de plano cercano de árboles aislados o de grupos de árboles, así como de formaciones rocosas. El artista dibuja estos motivos en colores y no ―como es habitual en los libros de bocetos― con punta de plata o carboncillo. El hecho de que Durero consignara por escrito el nombre de la localidad representada y de que rubricara el trabajo con las iniciales AD es un indicio de que consideraba algunas de estas acuarelas como obras terminadas".

Las más de 230 obras que componen la exposición proceden de muy diversas colecciones públicas y privadas. Dentro de estas cabe destacar la excepcional colaboración del Museo del Louvre, así como el generoso e inestimable préstamo procedente de la Colección del Barón Edmond de Rothschild, los más de 30 grabados de la Biblioteca Nacional, o el préstamo de Patrimonio Nacional, en especial un espectacular tapiz con el tema del Apocalipsis de Durero, de 8 x 5 metros, que raramente ha estado expuesto al público, y que ocupará un lugar privilegiado en las salas de la Fundación Caja Madrid. También cabe destacar la rica colección de Renacimiento Alemán que tiene el propio Museo Thyssen-Bornemisza, algunas de cuyas obras más destacadas han sido seleccionadas para formar parte de la exposición. La lista de prestadores insignes es larga. Baste como ejemplo la Albertina y El Kunsthistorisches Museum de Viena, el Landesmuseum Joanneum de Graz, el Metropolitan Museum de Nueva York, la National Gallery de Washington, el Museo del Prado, la National Gallery de Londres, el Ashmolean Museum de Oxford, el Fitzwilliam Museum de Cambridge, la Galleria degli Uffizi de Florencia, la Galleria dell’Accademia de Venecia y el Rijksmuseum de Amsterdam. Asimismo han colaborado muchos de los más prestigiosos museos alemanes como los Staatliche Museen de Berlín, la Staatliche Kunstsammlung de Dresde, el Städel Museum de Frankfurt y el Germanisches National Museum de Nuremberg, entre otros.

 



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