Del 9 de junio al 20 de septiembre de 2009, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta la exposición Matisse, 1917- 1941, un recorrido por la obra de dicho artista (Le Château-Cambresis, 1869 - Niza, 1954) en lo que fue el tramo central de su carrera.
Con el fin de llevar a cabo esta exposición, el comisario de la muestra ha seleccionado 74 pinturas, esculturas y dibujos procedentes de los fondos de unos cincuenta museos y colecciones particulares de todo el mundo. La mayoría de estas obras no han sido nunca expuestas en España.
Matisse, 1917-1941 se propone analizar la obra del pintor francés durante un largo período al que se ha venido prestando menos atención que a los tramos inicial y final de su trayectoria artística, y trata de entender sus claves a la luz del clima artístico de la época en que fue hecha.
Dominique Lora señala que Henri Émile Benoët Matisse, "ejemplo de extraordinaria versatilidad, se destacó en una serie de formas artísticas, a saber, la pintura, el grabado, la escultura, las artes decorativas, la escenografía y la literatura. Matisse, que en un primer momento estaba abocado a la carrera de leyes, dio un giro radical en 1891 y se trasladó a París, donde inició su formación artística. Bajo la tutela académica de Adolphe-William Bouguereau preparó el ingreso en la École des Beaux-Arts. A pesar de que lo suspendieron, en 1892 el pintor simbolista Gustave Moreau lo animó a que asistiera a sus clases. Al tiempo que llevaba a cabo su formación como pintor, Matisse se matriculó en la École des Arts Décoratifs, donde conoció a Albert Marquet (1892-1894)".
"En 1895 –añade– pasó a formar parte oficialmente del estudio de Moreau e ingresó en la École, donde estudió hasta 1899. En 1896 y 1897 Matisse expuso en el Salon. Tras una relación no oficial de la que en 1894 nació su primera hija, Marguerite, en 1898 Matisse se casó con Amélie Parayre, que le dio otros dos hijos, Jean (nacido en 1899) y Pierre (nacido en 1900). En 1901 Matisse expuso tres cuadros en el Salon des Indépendants; posteriormente conoció a Maurice de Vlaminck en una exposición retrospectiva de Van Gogh organizada por la galería parisina de Bernheim-Jeune. El híbrido entusiasmo que caracterizaba el ambiente artístico parisino a principios del siglo XX fue el marco en el que Matisse definió la dirección de su itinerario individual y el que le proporcionó los medios para superar el estilo neoimpresionista. Matisse asimiló plenamente las innovaciones cromáticas y espaciales de Van Gogh, Gauguin y Cézanne y se quedó profundamente impresionado por los diseños de las alfombras orientales que descubrió en la exposición organizada por la École des Arts Décoratifs en 1903. Después de pasar un verano en Collioure con Derain, donde ambos experimentaron con la fuerza del color puro a la hora de plasmar las formas, Matisse participó en el Salon d'Automne de 1905".
"Sus obras –continúa Lora–, entre las que cabe citar La raya verde (Madame Matisse) (Copenhague, Statens Museum), se expusieron junto con las de Vlaminck, Marquet, Camoin y Manguin. El grupo causó una auténtica sensación, tanto entre el público como entre la crítica; prueba de ello es el nombre que para ellos acuñó Louis Vauxcelles: Fauves. En aquella ocasión Gertrude y Leo Stein adquirieron su Mujer con sombrero (colección particular). En marzo del año siguiente, Matisse expuso una sola obra, La alegría de vivir, que se considera como el manifiesto artístico del Fauvismo (1905-1907). A partir de ese momento se fue afianzando la situación profesional de Matisse. Galerías y coleccionistas le empezaron a pedir obras y ello le indujo a fundar su propia academia de arte, la Académie Matisse (1909-1911). Su arte se empezó a apreciar y a solicitar en el extranjero; así por ejemplo, en 1910 el Metropolitan Museum of Art de Nueva York adquirió tres dibujos suyos. En 1909 el coleccionista ruso Sergej Shchukin le encargó la decoración de su residencia en Moscú, para la que Matisse ejecutó dos paneles de grandes dimensiones titulados La danza y La música (San Petersburgo, Museo del Ermitage). En 1910 asistió por primera vez a una representación de los Ballets Rusos que interpretaron Schéhérazade y se quedó fascinado con las exóticas escenografías de Léon Bakst".
Marcada por la sombra de la Primera Guerra Mundial y la premonición de la Segunda ésta fue, para el arte moderno, una época de ascenso rápido y de creciente implantación pública. En esa oleada ascendente Matisse ocupó desde el comienzo, junto a Picasso, un lugar central.
Fue precisamente para asumir esa centralidad para lo que decidió alejarse de París, aislarse en Niza y sumergirse en la investigación sistemática de las condiciones de la nueva pintura. 1917 y 1941: dos fechas cruciales en la vida y la carrera de Matisse En 1917 Matisse firmó un nuevo contrato con su galería, Bernheim-Jeune.
En ese momento el final de la guerra estaba ya en el horizonte y, si algo estaba claro, era que el clima artístico de los años anteriores a su estallido, el de las primeras vanguardias, había desaparecido para no volver.
Para Matisse la guerra había traído consigo la pérdida de los clientes rusos para quienes había trabajado prioritariamente durante casi una década. Las telas de grandes dimensiones que había pintado para ellos (como La danza 1909-1910) habían sido concebidas para unos entornos arquitectónicos concretos; los problemas que había planteado su realización eran parecidos a los de la pintura mural (como la de Giotto, un ejemplo que Matisse siempre procuró seguir).
Ahora, en cambio, para dirigirse al público anónimo que constituía el destinatario potencial del arte moderno, el pintor tenía que trasladar su investigación a un campo diferente, el de la pintura de caballete. Fue para entrar en ese campo nuevo para lo que Matisse se trasladó a Niza, una ciudad del sur de Francia que, además de gozar de unas condiciones óptimas de luz natural y de un clima agradable, estaba suficientemente lejos de París.
La vuelta a la pintura de caballete reavivó en Matisse la reflexión sobre sus precedentes históricos: los pintores impresionistas en primer lugar, pero también Manet y Courbet, Chardin, Rembrandt y Vermeer.
La atracción por las artes decorativas musulmanas, que había jugado un papel fundamental en sus pinturas “murales” de antes de la guerra, le condujo ahora a un orientalismo que se apoyaba, de modo bastante explícito, en Ingres y Delacroix. En esta nueva etapa Matisse siguió centrando su atención, como en la anterior, en los recursos fundamentales del lenguaje pictórico.
El color, en primer lugar, ya que sentía en ese campo una mayor facilidad, y el dibujo, en el que fue concentrando cada vez más sus esfuerzos y cuyo estudio complementaba con la práctica de la escultura. Al mismo tiempo su reflexión le lleva cada vez más a reafirmarse (como muchos otros creadores de su época: Bonnard, Morandi, Valery o Montale) en una poética formalista, alimentada en la lectura de los dos grandes poetas fundacionales de la modernidad, Baudelaire y Mallarmé, y centrada en el postulado de la autonomía del arte respecto de la vida, de la forma respecto de la emoción. Sin embargo, conforme pasaban los años, el aislamiento y las incertidumbres que encontraba en su búsqueda pesan cada vez más sobre Matisse.
A partir de 1927 su producción se hace cada vez más escasa. Para salir de la crisis emprende en 1930 un largo viaje a Tahití durante el que prácticamente deja de pintar. A continuación recibe un nuevo encargo “mural” por parte de Alfred Barnes, un hombre de negocios norteamericano que había reunido una colección única de pintura impresionista y moderna en la que Matisse ocupaba un lugar central junto a Cézanne y Renoir. El artista, que había decidido para este encargo volver al tema de su Danza de 1909-1910, aunque transcribiéndola a un registro más épico y abstracto, estuvo trabajando en su realización durante más de tres años.
"En 1930 –señala Dominique Lora– sufrió una depresión nerviosa y pasó tres meses en Tahití; en el otoño viajó a Estados Unidos, ya que formaba parte del jurado de la Carnegie International. Allí tuvo ocasión de visitar varias colecciones en las que figuraban obras suyas; además, la Barnes Foundation (Merion, Pennsylvania) le encargó una serie de pinturas murales. En 1931 el Museum of Modern Art de Nueva York le dedicó una exposición individual y en 1932 se publicó su primer libro como ilustrador, Poésies de Stéphane Mallarmé (editado por Skira), al que siguieron muchos otros
Cuando volvió a la pintura de caballete en 1934 el mercado del arte moderno había sido prácticamente barrido de Europa por la crisis económica de 1929. También se habían deteriorado las condiciones políticas e históricas de su implantación social. La caída se aceleró con la llegada de Hitler al poder en Alemania, el estallido de la guerra civil española y, finalmente, con la segunda guerra mundial. Cuando los alemanes ocuparon Francia en 1941 y el gobierno de Petain aceptó el armisticio, Matisse, en contraste con otros artistas y escritores modernos que emigraron a Estados Unidos, decidió quedarse en Niza. Su salud mientras tanto empeoró y tuvo que sufrir una intervención quirúrgica que le llevó a las puertas de la muerte.
Nunca se repuso totalmente, pero la enfermedad no le impidió sumergirse de nuevo en su trabajo concentrándose, en unas condiciones de aislamiento extremas, en una admirable serie de dibujos que tituló Tema y Variaciones.
Matisse murió el 3 de noviembre de 1954 en Niza y fue enterrado en Cimiez
Matisse en el Museo Thyssen-Bornemisza
La exposición concluye con ese esfuerzo, que marca el final de la época central de su trayectoria, la de la pintura propiamente dicha, y el comienzo de una época nueva, que será la de los papeles recortados. La exposición se articula en los siguientes capítulos:
1. Pintura y tiempo
Se reúnen aquí cuadros hechos en los primeros años de Niza. Uno de los motivos dominantes es la ventana, una figura que desde el Renacimiento se ha venido considerando como paradigma de la pintura misma.
Junto a la ventana, la música (aludida por medio del violín, un instrumento que a Matisse le gustaba tocar) insiste en la reflexión sobre la creación artística. La luz del sur, que se refleja en el mar, ilumina una habitación, vacía unas veces, ocupada otras por lejanas figuras femeninas en reposo.
En su quietud cristalina resuenan ecos de la pintura de Vermeer.
2. Paisajes, balcones y jardines
El recorrido de la exposición continúa con una sala dedicada a la exploración del espacio exterior a través de la pintura de paisajes y jardines, vistos a veces desde la altura de un balcón o una ventana. La distancia subraya la artificiosidad de la creación artística, la barrera insalvable que separa el arte de la vida.
3. Intimidad y ornamento
En el tercer capítulo algunas naturalezas muertas se yuxtaponen a escenas de interior pintadas con las puertas o las ventanas cerradas. Las modelos se nos muestran a veces ensimismadas, a veces, durmiendo. Flores, espejos, sedas y joyas atraen la mirada del pintor. En el arabesco del pincel se esconden tanto el deseo como el desmayo o la tristeza.
4. Fondo y figura
Centrada cada vez más en la figura humana, la búsqueda pictórica de Matisse desemboca en el problema de su representación en relación con el fondo sobre el que la percibimos. Como había hecho ya en la primera década del siglo (Desnudo azul, Recuerdo de Biskra,1907) Matisse interroga a Miguel Ángel; en alguno de los interiores pintados podemos reconocer la silueta blanca del Esclavo agonizando. El volumen y el peso de la figura, su corporeidad, combaten con la bidimensionalidad de un fondo sofocante. El pintor vuelve a la reflexión sobre el arte musulmán (textil) que, desde finales de la primera década del siglo XX, había sido determinante para su obra.
5. Forma. El desnudo
El desnudo femenino es el centro principal de atención del pintor. El espejo que le ayuda a estudiar todos los problemas de la pintura, el paradigma mismo de su forma (y de la belleza a la que aspira). Matisse lo estudia de modo sistemático: en pintura, dibujo o escultura. En las mismas variantes que habían estudiado los escultores griegos: yacente, sentado o de pie. Para sorpresa de todos camufla frecuentemente su búsqueda con disfraces postizos y absurdos. Por debajo del trabajo obstinado discurren una inquietud y un desasosiego crecientes. En 1930, con el encargo de la gran pintura mural para la Fundación Barnes, el registro cambia bruscamente. De la voz lírica de los interiores domésticos saltamos al contrapunto del desnudo monumental, heroico. El salto nos conduce a un escenario dominado por la tensión entre dos polos contrapuestos: el desnudo estático cristaliza escultóricamente en Desnudo de espaldas IV (1931), el desnudo en movimiento pictóricamente en la Danza de la Fundación Barnes.
6. “Une sonore vaine et monotone ligne”
En la segunda mitad de los años 1930, mientras a su alrededor cae la noche, Matisse refuerza su aislamiento e intensifica su dedicación obstinada a la pintura. Vuelve a la pintura de caballete, aunque dejándose contaminar ahora por la abstracción que había alcanzado en la Danza de la Fundación Barnes y en el Desnudo de espaldas IV. Sus figuras se nos presentan cada vez más absortas en sí mismas, más nocturnas e inalcanzables. El color se hace más incorpóreo y la forma se reduce a trazo, signo que fluye: “Une sonore, vaine et monotone ligne”, “una línea monótona, vacua y resonante”, por decirlo con un verso de L’après-midi d’un faune. Matisse, que al final de la primera década del siglo había tomado el poema de Mallarmé como motivo de una de sus mejores pinturas “murales” y lo había ilustrado en un libro de 1930, volvió a trabajar sobre el mismo a partir de 1935 en una pintura de gran formato que quedó inacabada. Serán así las series de dibujos que el pintor agrupó bajo el título de Temas y variaciones (1942) las que construyan el final de la época y de la exposición.
Ficha de la exposición
Título: Matisse: 1917-1941
Fechas: Del 9 de junio al 20 de septiembre de 2009
Organiza: Museo Thyssen-Bornemisza
Comisario: Tomàs Llorens
Comisaria técnica: Paula Luengo, Área de Conservación del Museo Thyssen-Bornemisza
Número de obras: 74
Publicaciones: Catálogo con ensayos de Tomàs Llorens y cronología de Paula Luengo. Editado en español con apéndice en inglés.
Página web: español e inglés.
Copyright del texto y las imágenes © Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación Caja Madrid. Cortesía del Departamento de Prensa del Museo Thyssen-Bornemisza. Reservados todos los derechos.









































































































