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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Historia del retrato

Índice de Artículos
Historia del retrato
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retratoDel 6 febrero al 20 de mayo de 2007, el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid presentan una nueva exposición conjunta que, con el título El Espejo y la máscara. El retrato en el siglo de Picasso, aborda por primera vez el estudio de este género en el arte del siglo XX.

Considerado uno de los géneros “clásicos” por excelencia, el retrato ocupa sin embargo un lugar muy destacado en la obra de muchos de los artistas más importantes e influyentes tanto de las primeras vanguardias como de los diferentes movimientos de la modernidad. La exposición está organizada conjuntamente con el Kimbell Art Museum de Forth Worth (Texas), donde podrá visitarse del 17 de junio al 16 de septiembre de 2007.

Colecciones particulares, museos y fundaciones de todo el mundo han prestado los cuadros -y también algunas esculturas- que forman parte de este importante proyecto y que reúne 145 retratos de hasta 60 artistas diferentes, entre los que se encuentran todos los grandes nombres del arte moderno: Cézanne, Picasso, Van Gogh, Gauguin, Matisse, Freud, Warhol, Miró, Dalí, Giacometti, Modigliani, Kirchner, Munch, Nolde, Kokoschka, Balthus, De Chirico, Bacon, Grosz, Hockney, Malevich, Rousseau, ...

El principal objetivo de la muestra es estudiar y dar a conocer las transformaciones del género del retrato a lo largo de la mayor parte del siglo pasado, en un marco cronológico en torno a los años de actividad del gran retratista del siglo XX: Pablo Picasso. Tras haber permanecido prácticamente inalterado durante siglos, el retrato rompe por primera vez con el compromiso entre el modelo y su imagen para ofrecer nuevas formas alternativas en función de la mirada personal del artista, de la aplicación y experimentación de los nuevos lenguajes plásticos, y de la transformación del individuo moderno, de los cambios en la forma de entender, mirar y representar al ser humano. En el retrato contemporáneo es el signo personal del artista el que establece los nuevos códigos y, en consecuencia, el género se hace polivalente: puede acercarse a modelos tradicionales u oponerse a ellos, puede penetrar identidades o falsificarlas, puede crear estereotipos pero también desvelar la fragilidad y vulnerabilidad del personaje representado.

El retrato es, además, uno de los géneros mejor representados en las colecciones del Museo, incluyendo también buenos ejemplos en el arte del siglo XX; este género ha protagonizado igualmente algunos de los proyectos expositivos llevados a cabo en los últimos años (Rafael, Memling, Kokoschka,..) o importantes capítulos dentro de ellos (Brücke, Mimesis, Forma, Sargent/Sorolla,...), por lo que esta exposición viene no sólo a enriquecer la visión de la evolución del género en los fondos del Museo, sino que enlaza perfectamente con la línea expositiva y de investigación llevada a cabo hasta el momento.

El Espejo y la máscara. El retrato en el siglo de Picasso

El recorrido de la muestra se plantea como una suma de criterios cronológicos y temáticos; desde el cambio del siglo XIX al XX, con un primer capítulo dedicado a la revisión del género a partir de los modelos establecidos por Cézanne, Gauguin y Van Gogh, para continuar con un completo repaso de los nuevos planteamientos estéticos del retrato en la modernidad, y concluir alrededor de los años 1980, un momento de recapitulación a través de la versatilidad del lenguaje pictórico contemporáneo.

“Desde el periodo de juventud de Stalin y Picasso –escribe William Feaver en el catálogo de la exposición–, la época de la proliferación de la imagen ha visto cómo la fotografía ha confirmado cada vez más las ideas de fama y celebridad. Finalmente, el retrato icónico de estudio se ha convertido, hasta un grado sin precedentes, en el rostro humano de la marca global. Stalin en su día, Mao y Marilyn en los suyos, y también los artistas, desde Picasso a Warhol, se han convertido en la representación de la autoridad última, el glamour, el genio o cualquier otra cosa. Serigrafiados, también pintados, abaratados por el pirateo de camisetas o estampados y caricaturizados, cada uno en su pose inventada característica, han servido como ilustres modelos, en las alturas y a la vez tan familiares. Al mismo tiempo, la pintura de retrato por encargo ha permanecido, en su mayoría, como un lugar común. Las exigencias de los clientes –un parecido agradable, una apariencia digna– han impuesto el conformismo; el motivo que respalda el género es, como se lamenta lord Byron en Don Juan, ‘cuando el original se haya convertido en polvo, tener un nombre, un mal retrato o un busto todavía peor’. Esto, por supuesto, incita a reinventar. En la época de Picasso, la historia del retrato verdadero -el retrato que da vida- es la del reclamo. Los formatos del retrato -cabeza y hombros, de medio cuerpo o de cuerpo entero- han permanecido más o menos invariables e ineludibles, y se ha tendido a acentuar la individualidad del estilo o manera con absoluta ambición".

"La alternativa más notable a Picasso en el París posterior a la Segunda Guerra Mundial –añade Feaver– fue Giacometti que, en su estudio de la rue Hippolyte-Mandroin, trataba a sus escasos modelos como rarezas, que posaban como si estuvieran sujetos por los tirantes que utilizaban los primeros fotógrafos para asegurarse de que el modelo se estuviera quieto, rígido. Si Picasso trataba a sus modelos como flores que se hubieran arrancando para colocarlas en un florero, Giacometti creaba un espacio a su alrededor, dislocando la escala y comprimiendo sus rasgos. Sus cuadros representan, en efecto, situaciones escultóricas. El espectador se ve empujado a atravesar el bastidor, hasta una proximidad casi magnética. Esto también ocurre con los retratos en escultura pues, aunque en principio no parezcan más que armazones frugalmente endurecidos, consiguen mantenerse en pie, como almas conservadas, como un triunfo de tensiones, delicadamente animados”.

 



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