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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Holandeses en el Prado - Claves de la exposición

Índice de Artículos
Holandeses en el Prado
Claves de la exposición
Cuadros holandeses en la colección Felipe IV y Carlos II
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Claves de la exposición

El término "pintura holandesa" se refiere a la producida en las llamadas Provincias Unidas del Norte desde que, tras la firma de la Unión de Utrecht en 1579, se constituyeran en nación independiente, mientras que las Provincias Unidas del Sur (Flandes) permanecieron bajo dominio español.

Eran siete provincias de las que Holanda era la mayor y su capital, Amsterdam, el motor económico de esta nueva nación que a lo largo del siglo XVII llegó a convertirse en una de las principales potencias europeas.

La poderosa burguesía comerciante promovió un intenso desarrollo cultural y se sirvió de la pintura como el mejor vehículo de afirmación de la nueva identidad nacional.

La exposición se ha organizado en torno a tres secciones: cuadros holandeses procedentes de las colecciones de Felipe IV y de Carlos II; cuadros holandeses de la colección de los Borbones; y nuevas adquisiciones: legados, donaciones, daciones y compras. Muchas de las obras expuestas han sido restauradas con motivo de la elaboración del catálogo.

Gracias a estas restauraciones ahora se pueden apreciar las sutiles gradaciones cromáticas, los bellos efectos lumínicos o la precisión del dibujo de buen número de obras, cuyo estado de conservación impedía su justa apreciación.

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Pinturas Holandesas en la colección de Felipe IV y Carlos II

La escasa presencia de pintura holandesa en los inventarios de las colecciones de los últimos Austrias, Felipe IV y Carlos II, se debió al contexto histórico y político, y además respondió a una cuestión de gusto y de desinterés artístico.

Los pintores holandeses trabajaban en un ambiente protestante y, en su afán por liberarse de la influencia del Sur católico, habían optado por vincularse a la tradición pictórica nórdica, que era la defendida por la Iglesia reformada de línea calvinista imperante en Holanda. Se trataba, además, de un pueblo que había luchado por dejar de ser súbdito de la corona española y era enemigo de la Iglesia de Roma.

Como consecuencia, y a pesar de su extraordinaria e innegable calidad pictórica, Felipe IV y Carlos II –igual que otros coleccionistas italianos y franceses del siglo XVII– no podían encontrar deleite en unas obras vinculadas a esa tradición, que se apartaba del idealismo clasicista derivado del humanismo renacentista en favor de una pintura descriptiva y doméstica basada en el objeto y en la representación del entorno y el quehacer cotidiano.

Pinturas Holandesas en la colección de los Borbones

La llegada de la nueva dinastía de los Borbones coincidió con el cambio de siglo y con un giro en el gusto artístico. Felipe V e Isabel de Farnesio, ambos pasionados coleccionistas, trajeron consigo el interés por los cuadros de gabinete flamencos y holandeses que entonces imperaba en las diferentes cortes europeas. Como consecuencia ingresó en las Colecciones Reales un elevado número de cuadros flamencos y, aunque en menor grado, holandeses, que sus sucesores no hicieron sino incrementar.

En la exposición se muestra una selección de los cuadros holandeses reunidas por los sucesivos monarcas de la Casa de Borbón. Abarca todos los géneros propios de la escuela: marinas, paisaje invernal, escenas de género, bodegones, cacerías, batallas y pinturas de historia.

A éste último género pertenece el ya mencionado cuadro de Rembrandt "Judit en el banquete de Holofernes" (antes conocido como “Artemisa”), que fue adquirido por Carlos III.

Es una de las obras maestras del Museo del Prado y la única pintura del gran maestro holandés, hoy aceptada por todos los especialistas, que se conserva en nuestro país.

La obra ha sido interpretada también como representación de Sofonisba, bebiendo el veneno enviado por su esposo desde la prisión para evitar ser víctima de la concupiscencia de Escipión.

En cualquier caso es una obra alusiva a la fidelidad y al amor conyugal, con la que parece que el pintor está aludiendo a su matrimonio con Saskia van Utylenbroch celebrado el mismo año en que firma el cuadro.

Realizado en el periodo de máxima actividad artística de Rembrandt, la utilización dirigida de la luz logra resaltar la figura ante el fondo negro, recurso tenebrista propio de Caravaggio (1573-1610), adquirido a través de la obra de su maestro Peter Lastman (1583-1633).

Nuevas adquisiciones: legados, donaciones, daciones y compras

Esta sección incluye las obras holandesas que ingresaron en el Museo del Prado en el siglo XIX a través de legados y donaciones, y las que ya en el siglo XX lo hicieron además a través de daciones y de compra directa, lo que ha permitido cubrir algunas de las lagunas de la colección, como el bodegón y, sobre todo, el retrato.

Es todavía amplia la tarea por realizar en este sentido, pero estos nuevos ingresos demuestran que la holandesa es una colección viva y en continuo crecimiento.



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