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| John Singer Sargent: biografía y características de su obra |
| Obras de Sargent en la exposición Sargent / Sorolla |
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John Singer Sargent nace en Florencia en 1856. Su padre, un médico norteamericano de éxito, y su madre, hija de un próspero comerciante, se habían instalado en Europa de forma permanente aunque con frecuentes cambios de residencia.
Gracias a la exposición Sargent / Sorolla podemos acceder a la evolución estética del pintor inglés. Sargent recibe sus primeras lecciones de pintura con Carl Welsch, paisajista germano-norteamericano; en 1873 se matricula en la Accademia delle Belle Arti de Florencia. Poco después su familia se traslada a París y Sargent empieza a acudir al estudio de Carolus-Duran donde se pondrá en contacto con los impresionistas, interesándose especialmente por Manet.
En 1879 viaja por España, donde realiza frecuentes visitas al Museo del Prado de Madrid y copia varias obras de Velásquez que siempre estará en su punto de mira junto a otros maestros del pasado como Goya y Frans Hals.
Sus deseos de establecerse como retratista en París se ven truncados por el escándalo que provoca su retrato de Virginie Gautreau –conocida como Madame X- en el Salón.
En 1885-1886, Sargent se instala en la colonia de artistas y escritores ingleses de Broadway, Worcestershire, Inglaterra; en poco tiempo se convierte en el retratista más mimado de la alta sociedad británica y norteamericana: magnates como Rockefeller o Vanderbilt, presidentes como Theodore Roosevelt, intelectuales como Robert Louis Stevenson o Henry James...
En 1890 le encargan la decoración mural de la Boston Public Library, que quedó definitivamente instalada en 1916. El artista rechaza la oferta de pintar el retrato de coronación del rey Eduardo VII; en 1907 el gobierno británico le propuso otorgarle el título de Sir, honor que no pudo aceptar debido a su nacionalidad norteamericana.
Entre 1903 y 1912 Sargent recorrió España, Italia y Francia, y en 1905 visitó Siria y Palestina. Al estallar la guerra de 1914 acude al frente en Francia en calidad de artista de guerra oficial. En esos años el Metropolitan Museum of Art adquiere Madame X; Sargent rechaza la presidencia de la Royal Academy.
En 1919 volvió a Boston, pues le habían encargado la decoración del Museum of Fine Arts de la ciudad.
En 1924 se celebró una importante exposición de sus obras en las Grand Central Art Galleries de Nueva York. Sargent murió mientras dormía el 15 de abril de 1925 en Londres. El 24 de abril se celebró su funeral en la abadía de Westminster.
Percibido en su día como un Lawrence redivivo, o como el Van Dyck de los tiempos modernos, Sargent puede ser apreciado retrospectivamente como el último gran representante de la tradición clásica del retrato. La decadencia de las convenciones sociales de este género a finales del siglo XIX fue, precisamente, una de las razones de las dificultades que Sargent sufrió en los círculos de la Modernidad crítica. Y, sin embargo – la obra de Picasso o la de Matisse dan testimonio de ello –, el retrato ha sobrevivido a la Modernidad y, desde el punto de vista actual, los retratos hechos por Sargent, y también por Sorolla, pueden ser apreciados como extraordinariamente sugestivos.
En el catálogo de la exposición Sargent / Sorolla, Carlos Reyero escribe lo siguiente: “En pintores como Sargent y Sorolla, entre otros más, formados al margen del impresionismo pero sutiles conocedores de su poética y de sus hallazgos, no hay propiamente un deseo revisionista. No pretendieron, desde luego, hacer del impresionismo algo sólido, pero, aunque fuera en sentido distinto a Cézanne, aspiraron a hacer algo duradero. Al convertir la sensación visual en un principio pictórico sine qua non trataron de consolidar la permanencia de lo fugaz. Como todo lo destinado a perdurar, incluso esa quimera, necesitaba de unos códigos definidos con anterioridad, la formulación de un lenguaje que inevitablemente habría de ser retórico.
La asociación entre sensibilidad, franqueza y libertad había sido fomentada por los impresionistas, pero formaba parte de una tradición europea que siempre se había fascinado por la soltura en el trazo, una tradición que recorre el arte desde Van Dyck a Gainsborough, pasando por Velázquez, en cuyos ideales se habían formado tanto Sargent como Sorolla. La vibración de la superficie pictórica, en la que se reconocía la vistosidad de los trajes y la elegancia de las poses, constituye un fenómeno estético codificado en el que se funde lo antiguo y lo moderno. La misma idea de trasmitir el sentimiento de realidad con pocos recursos constituye un lugar común en la valoración crítica de aquellos años, como si fuera más real aquello que quedaba entrevisto, sugerido. Y como si lo real fuera inapelable y común para todos".
En la exposición Sargent / Sorolla son varias las salas dedicadas a mostrar la obra de John Singer Sargent.
Sargent: Ocio y trabajo. Interiores. Retratos tempranos (c.1878-1890)
Reúne una serie de estudios de pequeñas dimensiones donde retrata familiares, amigos, colegas y mecenas en actitud relajada. Tienen un carácter experimental y nos muestran a Sargent trabajando en un registro menos formal, explorando unas estrategias plásticas diferentes y apasionantes. Retratos como Madame Gautreau brindando (1882-83) o Robert Louis Stevenson y su mujer (1885), por su temática, dimensiones, perspectiva, pincelada breve y composición recortada, ponen de manifiesto la tendencia modernista de Sargent y su afinidad con la obra de los impresionistas franceses y, aunque sugieren una ejecución espontánea, a menudo encubren una composición hondamente meditada.
Sargent: Pinturas españolas y venecianas tempranas (c.1880-c.1882)
Sargent deseaba sumergirse en el ambiente y el paisaje de lugares lejanos, en busca de temas pintorescos. Sin embargo, renunció a los convencionalismos de la pintura de género, prescindiendo de lo narrativo en aras de los efectos estéticos y el refinamiento pictórico. Las experiencias de Sargent en España le convirtieron en un ardiente hispanista y Velázquez, El Greco y Goya encabezaron su Panteón de maestros antiguos dignos de veneración. Obras como Patio de los Leones de la AlambraEl baile español (1879-80), nos hablan de los temas recurrentes durante esta etapa. (1879) o
Los cuadros que pintó en Venecia señalan uno de los hitos de su arte, donde se centra en la representación de la luz y del espacio. No le interesan los famosos monumentos de la ciudad sino la evocación de los espacios interiores y de la vida íntima. Son obras de delicado dibujo y cuidada ejecución, paleta oscura y efecto misterioso.
Sargent: Retratos individuales
Las características de obras como Lady Agnew of Lochnaw (1892) o Lord Dalhousie (1900), son el estilo sofisticado, su virtuosismo plástico y cierto sentido del espectáculo, que hablan de una imaginación pictórica novedosa y apasionante, y revelan un elevado grado de ambición artística. Las imágenes que crea dan la impresión de situarse entre lo antiguo y lo moderno, apuntando hacia la obra de los antiguos maestros –en particular Van Dyck y Velázquez- y, al mismo tiempo, definiendo una sensibilidad moderna. La capacidad de Sargent para captar un tipo concreto y crear una representación llena de vida contribuyó a que se le calificara de cronista de su época.
Sargent y Sorolla: Retratos de grupo y de aparato
Tratan de llevar aquí el retrato burgués decimonónico a un terreno nuevo. Su propósito es imbuir al género de la grandeza del retrato barroco de corte. Ambos mirarán atentamente a Rubens, Van Dyck y sobre todo a Velázquez, y su admiración común por Las Meninas es el vínculo más claro entre ambos artistas en este tipo de obra.
Pinturas murales para edificios públicos:
Sargent: Proyectos para instituciones de Boston (c.1891-1914)
Los murales de la Biblioteca de Boston y los proyectos en instituciones públicas que se derivaron de este encargo –Museum of Fine Arts, entre otros- representan la tarea más ambiciosa y espectacular de la carrera del pintor, su proyecto individual más largo y exigente, al que dedicó su máxima energía no sólo intelectual sino también física.
Sargent: Acuarelas (c.1903-1918)
De un virtuosismo deslumbrante en la ejecución de esta técnica, el artista se sirve de la transparencia de este formato para lograr los brillantes efectos de luz y color. Su ágil pincelada confiere a su obra la inmediatez de la vida. La seguridad en sí mismo y su capacidad técnica facultaban a Sargent para captar la esencia del tema de manera directa y escueta con la improvisación y la experimentación como claves de un estilo en continua evolución. Muchas de estas acuarelas son apuntes de sus viajes a ciudades del Mediterráneo u Oriente Próximo, Corfú, Constantinopla, Jerusalén ó Líbano.
Sargent y Sorolla: Pinturas de figuras (c.1905-1920)
Predomina en estas obras la representación de mujeres. Tanto uno como otro se complacen en la observación minuciosa del mundo femenino con obsesivo deleite. Particular importancia adquiere también el blanco y sus matices, las manchas de color reflejadas en él fluyen por la tela con tonalidades cambiantes. Encontramos también en lienzos cómo La siesta (Sorolla, 1911) ó Dos muchachas vestidas de blanco (Sargent, 1909-11) una armonía clásica entre figura y paisaje, los personajes habitan su entorno como algo que les es consustancial y que para el espectador tiene algo de Arcadia imaginaria.









































































































