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| Rafael: biografía y características de su obra |
| Rafael. Retrato de un joven, 1518-1519 |
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Del 18 de octubre de 2005 al 15 de enero de 2006, con el título Rafael. Retrato de un joven y con el patrocinio de ServiRed, el Museo Thyssen-Bornemisza presenta una nueva entrega de la serie de exposiciones Contextos, la número 17, que en esta ocasión gira en torno a la única obra en la Colección de uno de los grandes del Renacimiento italiano.
La muestra permite analizar varios aspectos interesantes que se plantean sobre este óleo, como son las últimas obras pintadas por Rafael (Rafaelo Santi) y la colaboración de su taller.
Considerado como uno de los grandes genios de la pintura universal, fue, junto a Leonardo y Miguel Angel, figura indiscutible del Alto Renacimiento. Nacido en Urbino, su primera formación la obtuvo de su padre, Giovanni Santi, artista que trabajó como pintor para la corte de Urbino y del que posiblemente recibió las primeras lecciones relativas al dibujo y al color;
Huérfano a los doce años, marchó a Umbría, para ser discípulo de Perugino, del que tomó la ordenación simétrica de las composiciones y la ordenación de un espacio racionalizado.
Entre 1503-04 y 1508 está documentada su presencia en Florencia, donde conoció directamente las obras de Leonardo y de Miguel Ángel, autores que ejercieron en él una honda influencia y cuyas novedades asimiló con rapidez, incorporándolas a su repertorio bajo su peculiar prisma. Una de sus primeras obras fechadas son los Esponsales de la Virgen (1504), conservada en Galleria Brera de Milán.
Al trasladarse a Florencia estudió la obra de Leonardo, del que supo asimilar la técnica del sfumato y sus composiciones regulares. Contratado por Julio II acudió a Roma para decorar las Estancias del Vaticano; en ellas aplicó los principios regulares del clasicismo, como podemos contemplar en el equilibrado y ordenado espacio creado para La Escuela de Atenas.
En esta etapa coincidió en el Vaticano con Miguel Ángel, que estaba trabajando en el techo de Capilla Sixtina. Su capacidad de asimilación continúa al contemplar las pinturas de Miguel Angel para la Capilla Sixtina; de él obtiene la monumentalidad que pronto es trasladada a sus composiciones
Tras la muerte de Bramante, en 1514, el Papa León X le encarga los trabajos arquitectónicos que se estaban llevando a cabo en San Pedro. Con veinticinco años Rafael estaba considerado ya un maestro consumado, estatus que conservó hasta el final de su vida, ocupando socialmente una posición privilegiada.
En sus últimas obras como El incendio del Borgo, para las estancias vaticanas, y, sobre todo, La Transfiguración, obra que dejó inacabada, encontramos ya elementos manieristas, de nerviosismo y de tensión. Rafael murió muy joven pero su influencia en la pintura posterior fue de un alcance extraordinario.
Los últimos óleos de Rafael constituyen un grupo de pinturas muy atractivas, entre las que se encuentran algunas de sus obras maestras, como Retrato de una joven (Museo de Bellas Artes de Estrasburgo), que ha sido comparada con la pintura del Museo Thyssen-Bornemisza, o La Virgen con el Niño y San Juanito, procedente del Museo del Louvre, París. Ambas estarán presentes en la exposición junto a otras destacadas pinturas del artista, cedidas para la ocasión por importantes museos de ámbito internacional, como la Galleria degli Uffizzi de Florencia o el Szépmüvészeti Muzeum de Budapest.
Rafael fue cabeza de un importante taller, saturado de trabajo, en el que el artista supervisaba la producción y realizaba los diseños generales. La exposición también se ocupa de analizar la activa participación que tuvieron sus discípulos, entre ellos Giulio Romano, en los numerosos encargos que recibía. Esta colaboración con sus ayudantes fue especialmente intensa entre 1516-1520, periodo que recorre la exposición, siendo precisamente G. Romano el encargado de concluir a la muerte del maestro, en 1520, las pinturas que habían quedado inacabadas y haciéndose cargo de la dirección del taller.
El comisario de la muestra, Mauro Natale, responsable de la exposición El Renacimiento Mediterráneo, organizada en 2001 por el Museo Thyssen-Bornemisza, nos acerca en Rafael. Retrato de un joven a los últimos años de la vida del artista. A la cabeza de su taller, Rafael aparece ante todo como maestro del disegno, entendido a la vez como dibujo y como proyecto intelectual. Él mismo proporciona los modelos gráficos y desempeña, por otra parte, la dirección conceptual del grupo de artistas. En cuanto a la evolución del estilo rafaelesco, los retratos de esta fase final revelan la búsqueda de un efecto de realidad menos velado por la idealización. Sin renunciar a esa grazia que los tratadistas de la época le atribuyen de manera unánime, Rafael adopta un estilo más sobrio e incluso más áspero, mientras la gama cromática y otros aspectos de su obra anuncian ya la inminencia de la pintura manierista.









































































































