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"Las sombras de la mente", de Roger Penrose

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Las sombras de la mente. Hacia una comprensión científica de la consciencia, Roger Penrose, traducción de Javier García Sanz, Crítica, Barcelona, 1996, 480 pp.

Como en un afortunado libro anterior, Penrose aborda el problema de la nueva mente del emperador, es decir la inteligencia artificial y el trabajo mental de las computadoras.

Como en aquel texto, vuelve a señalarnos que no tenemos una explicación científica del fenómeno llamado consciencia (lo cual no significa que alguna vez la tengamos o que sea inalcanzable por la ciencia).

Por ello, lo atinente a la consciencia sigue en manos de los filósofos, con su secuela de efectos: comprensión y valoración, en primer lugar.

Por no ir más lejos: capacidad de concebir un mundo de objetos idealmente iguales a sí mismos (Platón) y de invocar al inventor del invento, valga la redundancia, alguien cuyo nombre impronunciable suele sustituirse por la palabra Dios.

Los mecanismos de la mente son computacionales, pero la mente es más que un computador.

La mente puede inventar computadores, pero no inventarse a sí misma. La mente sabe que es una mente y sabe que hay cosas que no sabe.

La mente puede ser, como dicen los filósofos, mente pura, objeto de sí misma y, por lo mismo, algo metamental. Penrose, científico donde los haya, es un adversario nato y neto del cientificismo, es decir el uso de paradigmas tomados de las ciencias exactas (él es matemático) para entender todos los fenómenos humanos.

Hay algo que no se mide ni puede medirse y que hace a lo específico humano: el valor (y su consecuencia fáctica: el juicio de comprensión).

Las máquinas seleccionan de acuerdo a un hardware, los animales prefieren conforme a un programa genético. Los hombres elegimos invocando cualidades puras. Para encararlas, por entre los progresos de las ciencias particulares, Penrose ha de volver a la caverna platónica, con su población de sofistas, metafísicos presocráticos y sacerdotes egipcios. Y nosotros, claro está.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.


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