Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Aventuras orientales

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Durante varios siglos, se mantuvieron en Occidente todos los conceptos relacionados con un Oriente mitificado.

De extremo a extremo de Europa, proliferaron los relatos de carácter maravilloso, idealizados de acuerdo con las enseñanzas de Marco Polo y John Mandeville.

Atento a los tópicos y excesos descritos en ese tipo de narraciones, el cine de aventuras también ha recreado los misterios de Asia en filmes tan imaginativos como Las aventuras de Marco Polo (1938), de Archie Mayo, con Gary Cooper y Basil Rathbone en sus principales papeles. Igualmente radical en sus fantasías, la coproducción franco-italiana Marco Polo (1961), de Hugo Fregonese, incide en el efectismo de los escenarios, síntesis de diversas estéticas orientales.

Ya se ve que Fregonese renuncia voluntariamente a las tentaciones realistas para adentrarse sin prejuicios en un mundo propio los viajes de Simbad. Más lejos llega en el despropósito La conquista de un Imperio (1965), de Denys de la Patelliere y Noel Howard, superproducción europea protagonizada por Horst Buchholz, Omar Sharif, Anthony Quinn y Orson Welles.

El relato maravilloso que fundamenta los argumentos antedichos tiene unas raíces muy lejanas en el tiempo, incluso anteriores a Polo.

Cabe mencionar lo que en 1145 contaba sobre el Preste Juan el obispo Otto de Freising, consejero de Federico Barbarroja, o todas las imitaciones que suscitó el Libro de las Maravillas. Durante siglos, bestiarios y cuadernos de viajes imposibles prolongaron la expedición hacia lo incierto que había supuesto la ruta conquistadora de Alejandro Magno hacia el delta del Indo, en el 326 a.C. Todo ello fue la causa del nacimiento de dos ensueños fundamentales: la riqueza de Asia y el dominio amenazante de un caudillo invencible.

Este último estereotipo ha sido tratado con profusión por el cine de aventuras, en filmes como Maciste nell'inferno di Gengis Khan (1963) y Maciste contro i mongoli (1963), ambas de Domenico Paolella, y Los mongoles (1961), de André de Toth.

En todas ellas, Oriente amplía sus ya ricas posesiones enviando a un jefe guerrero capaz de doblegar a Occidente con el poder de sus ejércitos. No por casualidad, el mito del peligro amarillo subyace en su trama.

En este tipo de largometrajes hay referencias ocasionales a un reino perdido entre montañas, gobernado por sabios monjes que son depositarios de los saberes más refinados.

Lo vemos en el largometraje norteamericano Horizontes perdidos (1937), de Frank Capra, inspirado en la novela homónima de James Hilton. El citado libro refiere un estereotipo popularizado en el siglo XIX por el escritor Ferdinand Antoine Ossendowski, quien completó su novela Bestias, hombres, dioses a partir de las leyendas budistas de Agharta y Shambhala, lugares donde se localiza ese mundo prodigioso, citado con frecuencia en el cómic y el cine de aventuras.

Desde el mencionado filme de Capra hasta El chico de oro (1986), de Michael Ritchie, las versiones del estereotipo son numerosas y esclarecedoras.

(Este artículo cita textos publicados por mí en la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet, entre 1999 y 2002)


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