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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
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Historia del cine español IV: Años 30

Historia del cine españolCon la década de los treinta, el cine español alcanza un punto que es, a un tiempo, de esplendor y de súbita decadencia.

De una parte, y por vez primera, alcanza una infraestructura industrial aceptable, con un interesante índice de producción, mientras que de otro lado, el estallido de la contienda civil agota todas las esperanzas nacidas a lo largo de la década.

En el transcurso de la primera mitad de los treinta, en efecto, se potencian las producciones cinematográficas documental y amateur, así como las correspondientes a las puramente comerciales. Un cine espontáneo y directo nace con creciente voluntad de existencia, y en términos generales, se produce un empeño colectivo por mejorar las condiciones reales del cine nacional. Aparece, no obstante, la guerra, y con ella se produce una paralización casi absoluta de la actividad productiva. Como luego veremos, sólo el interés ideológico que se manifiesta en una y otra zona política permite incrementar la práctica del cine documentalista.

Demostrando un cierto retraso con relación al descubrimiento de esta nueva técnica, el rodaje de películas sonoras en España no se pudo realizar hasta los primeros años de la década de los treinta.

Son los años en los que películas como Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931), de Edgar Neville, y Pax (1932), de Francisco Elías, avanzaron en este sentido. No obstante, había sido Elías quien, allá por 1929, realizó El misterio de la Puerta del Sol, película en la que se pretendía mostrar los recursos que ofrecía el sistema Phonofilm a la hora de producir cine parlante.

En todo caso, debemos poner en relación estas iniciativas con la producción norteamericana realizada a partir del 6 de octubre de 1927. La razón es obvia: en esa fecha se estrenó El cantor de jazz (The Jazz Singer) en el teatro Warner de Nueva York, y quedó con ello inaugurada la edad del cine sonoro.

Los productores norteamericanos acentuaron mucho su interés por los mercados de habla hispana, y por ello comenzaron a elaborar cintas con pasajes en castellano. Cito acá lo dicho por Juan B. Heinink y Robert G. Dickson: «Contener un par de frases en español bastaba para transformar una película mediocre en el estreno extraordinario de la temporada. La explotación comercial de una extraña cinta de una hora de duración, producida por el gremio industrial de Hollywood con destino a la Exposición Internacional de 1929 en Barcelona, evidencia el alto grado de desesperación alcanzado en el ambiente empresarial cinematográfico. Anunciada como Barcelona Trailer, ofrecía una recopilación de actuaciones o simples apariciones, de (...) Bebe Daniels cantando una tonadilla en español, Raquel Torres y Lupe Vélez diciendo unas palabras en castellano (...), Maurice Chevalier cantando la jota El Guitarrico, Dolores del Río, Reginald Denny, y otros» (Cita en Hollywood, Mensajero, 1990, p. 21).

Aún no se usaban los subtítulos y el doblaje, y eso condujo a la decisión de rodar películas en inglés, francés, alemán, italiano y español, poniendo un especial acento en los filmes dichos en este último idioma.

La primera expresión española dicha en la gran pantalla se oyó de labios de Soledad Jiménez en En el viejo Arizona (In Old Arizona, 1929), de Raoul Walsh e Irving Cummings.

De ahí en adelante, la filmación simultánea en varios idiomas fue planteada como método de trabajo. Las películas se rodaban en inglés y, aprovechando el decorado, el utillaje y el equipo técnico, eran filmadas en español con otros actores.

Para ello, se crearon equipos en Hollywood y en Joinville, en las proximidades de París.

Entre los actores que participaron en las dobles versiones, figuran Fortunio Bonanova, Xavier Cugat, Tito Davison, Antonio Moreno, José Mojica, María Alba, Lupe Vélez, Imperio Argentina, Rosita Díaz Gimeno, Gilbert Roland, Andrés de Segurola, Barry Norton, Juan de Landa, Conchita Montenegro, Ramón Novarro, Lupita Tovar, Raoul Roulien, Fernando Soler, Carlos Gardel, Amelia Senisterra, Soledad Jiménez, Virginia Fábregas, Carlos Villarías, Ernesto Vilches, Eugenia Zuffoli, Tony D’Algy, Manuel Soto, José Bódalo sr., Romualdo Tirado, Luana Alcañiz, Manuel Arbó, María Ladrón de Guevara, María Tubau, José Soriano Viosca, Roberto Guzmán, Enrique Acosta, Ramón Pereda, Eduardo Arozamena, Carmen Larrabeiti, Pablo Álvarez Rubio, Antonio Vidal, Ana María Custodio, José Nieto, Antoñita Colomé, Carmen Granada, Luis Alberni, Julio Peña, Don Alvarado, Rafael Valverde, Roberto Rey, Andrés de Segurola, Carmen Rodríguez, Carmen Guerrero, Luis Alberni, Elena Landeros, Juan Aristi Eulate, Matilde Liñan, José Peña Pepet, Martín Garralaga, Helena D’Algy, Gabriel Algara, Vicente Padula, Lolita Benavente, Josita Hernán, Catalina Bárcena, Delia Magaña, Félix de Pomés, Miguel Ligero, Carmen Ruiz Moragas y José Isbert.

Autores como Gregorio Martínez Sierra, Eduardo Ugarte, Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville, José López Rubio, Eusebio Fernández Ardavín, José Luis Salado, Pedro Muñoz Seca y Florián Rey cumplieron con la tarea de adaptar y rodar aquellas películas.

Entre estas últimas, cabe mencionar El embrujo de Sevilla (1930), El profesor de mi mujer (1930), La canción de un día (1930) y Cinópolis (1931).

A partir de 1932, con la creación de los Estudios Orphea en Barcelona, comenzó el proceso de normalización industrial. Se pusieron en marcha otros nuevos estudios en Madrid como el denominado Cinematografía Española Americana (C.E.A.), Ballesteros Tona Films, ambos situados en la capital, y los Estudios Cinema Español, S.A. (E.C.E.S.A.), ubicados en Aranjuez.

Con estas aperturas aumentó notablemente la producción de largometrajes en España, pasando de apenas media docena de títulos tras la creación de los Estudios Orphea, hasta la treintena a mediados de 1936.

Gracias a esta cierta solidez industrial, la producción comercial se vio favorecida por el trabajo de directores como Benito Perojo (Rumbo al Cairo, Es mi hombre, La verbena de la Paloma, todas de 1935), Florián Rey (La aldea maldita, La hermana San Sulpicio, 1934, Nobleza Baturra, 1934, Morena Clara, 1935), Edgar Neville (El malvado Carabel, 1934, La señorita de Trevélez, 1935), Eusebio Fernández Ardavín (El agua en el suelo, 1933, La bien pagada, 1935) e Ignacio F. Iquino (Al margen de la ley, 1935, Diego Corrientes, 1936), entre otros, y la actividad de productoras como Cifesa y Filmófono.

El documental alcanzó un gran nivel y calidad con Las Hurdes/Tierra sin pan (1932), de Luis Buñuel, los trabajos de Eduardo García Maroto, Antonio Román (Canto de emigración, 1934), Ignacio F. Iquino, Juan A. Cabero y, especialmente, las aportaciones de Carlos Velo y Fernando G. Mantilla (Felipe II y El Escorial, Almadrabas y Finis Terrae, entre otros).

A mi modo de ver, en estos años el cine español alcanzó una “edad de oro” un tanto especial, en la que jugaron un papel importante actores como Imperio Argentina, Miguel Ligero, Manuel Luna, Juan de Orduña, Roberto Rey, Julio Peña, Valeriano León, Antoñita Colomé (El malvado Carabel, El bailarín y el trabajador, ambas de 1935), Raquel Rodrigo (La verbena de la Paloma, 1935), Estrellita Castro (Mariquilla Terremoto, 1938, Los hijos de la noche, 1939), Maruchi Fresno, Luchy Soto y Lina Yegros. En definitiva, rostros que comenzaban a provocar una cierta fascinación en los espectadores de la época.

Historia del cine español

La Guerra Civil y su influencia en el cine

Cuando estalló nuestra guerra, numerosas películas se encontraban en fase de producción. Algunas consiguieron ser finalizadas, y otras tuvieron que esperar unos años. Fue esta la situación vivida por los equipos de Nuestra Natacha (1936), El genio alegre (1936), Luis Candelas (1936) y Diego Corrientes (1936), que se vieron obligadas esperar a una época mejor.

En un reparto geográfico inicial, los estudios de rodaje y grabación, así como la infraestructura más completa quedó en la zona republicana. El hecho animó a algunos sindicatos a intentar una producción de ficción (Aurora de Esperanza, 1936), de Antonio Sau, Nuestro culpable, 1937, de Fernando Mignoni, y La millona, 1937, de Antonio Momplet).

La precariedad de medios en la zona franquista provocó que directores como Florián Rey y Benito Perojo realizaran en Alemania e Italia películas como Carmen la de Triana (1936), La canción de AixaEl barbero de Sevilla (1938). (1938) y

Mientras en la zona franquista se intentaba controlar a través del Departamento Nacional de Cinematografía la más bien escasa producción, en la que participaban Cifesa, Films Patria y Ufilms, entre otras empresas, los republicanos confirmaron que en este nivel tenían un mayor potencial de iniciativas. No en vano, participaban activamente entidades políticas como la CNT-FAI, el Partido Comunista, la Generalitat de Catalunya (bajo la firma Laya Films) y otras cooperativas y sindicatos.

Mateo Santos, Adolfo Aznar, Fernando Roldán y Ramón Quadreny, entre otros muchos nombres, se hicieron cargo de una extensa producción, a la que se unieron de manera especial Joris Ivens (Tierra española, 1937) y André Malraux (Sierra de Teruel, 1939).

El estallido de la guerra y la derrota del bando republicano condujeron a muchos profesionales a permanecer fuera de España. Hubo circunstancias muy variadas: desde actores sin inclinaciones políticas a los que la guerra les pilló de gira por Iberoamérica hasta cineastas muy concienciados que debieron tomar forzosamente el camino del exilio.

Imagen superior: Nobleza baturra (1935), de Florián Rey © Cifesa. Archivo de Emilio C. García Fernández. Reservados todos los derechos.

Copyright © Emilio C. García Fernández. Los textos originales del autor en los que se basa este artículo fueron publicados en El Diario de Ávila, en la revista Todo Pantallas, en la Enciclopedia Universal Multimedia (Micronet) y en los libros Historia ilustrada del cine español (Planeta, 1985), Cine español: una propuesta didáctica (Royal Books, 1993) e Historia Universal del Cine (Planeta, 1982). Esta Historia del cine español se publica en Cine y Letras por cortesía de Emilio C. García Fernández. Reservados todos los derechos.


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