Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Historia del cine español I: Una cinematografía desconocida

Historia del cine españolEl cine español, tanto el del pasado como el actual, se conoce muy poco. El motivo, por simple, no deja de ser llamativo: en los medios no se comenta nada sobre la producción que se realiza en España y, cuando se hace, apenas sirve para difundir ligerezas y nimiedades promocionales. Excepciones, sin duda las hay, pero sobran los dedos de una mano para contarlas.

El desconocimiento general es abrumador. De hecho, al espectador común no le interesa saber qué proyectos se llevan adelante y se proyectan.

Para colmo de males, el conocimiento de nuestra historia cinematográfica, que en el público es comprensible, resulta casi escandaloso entre quienes escriben y hablan sobre cine en los medios de comunicación.

La contaminación ideológica, en estos últimos, es evidente pero no justificable. Se identifica el cine realizado en el pasado con la dictadura, cayendo en una torpe filiación política que, curiosamente, no tiene tanto peso cuando hablamos de literatura o de artes plásticas.

En las aulas de las facultades de comunicación, cabe comprobar que sólo unos pocos tienen una ligera idea de los caminos seguidos por el cine español a lo largo de sus más de cien años.

Otro tanto sucede en la calle, pero con una segmentación por edades. Los que han visto cine español entre los años treinta y cincuenta son conscientes del valor estético, del buen hacer técnico y del equilibrio comercial que caracterizó a nuestras películas durante aquel periodo.

En contraste, la audiencia que sigue la producción nacional a partir de los setenta toma otra postura. Ya no habla del cine de los cuarenta, e ignora casi todo lo realizado por los directores que sostuvieron una estructura industrial y comercial –y en esto se incluyen los rostros que llevaron a los espectadores al cine durante varias décadas–. A ello contribuyen numerosos críticos y académicos que prefieren hacer tabla rasa, como si el cine español hubiera comenzado su andadura en 1975.

En ese sentido, cuando algunos comentamos y defendemos que en los años cuarenta y cincuenta hay excelentes películas, otros sitúan inmediatamente al que lo hace en el espectro político que le interesa, para redimir sus culpas echando a la hoguera a los demás.

Obviamente, la historia es una ciencia blanda, y la historia del cine un poco más, pero esa sobrecarga ideológica y el ruido que crean muchos diletantes dificulta los acercamientos científicos y académicos serios a un legado descomunal.

Historia del cine español

Todo esto, sin duda, tiene que ver con lo la imposición de lo políticamente correcto, y con el creciente clientelismo que existe en los medios, en las instituciones y en la industria.

Se habla sin conocimiento de causa. “Me lo han comentado otros –se dice– y yo opino como ellos”. Desde luego, esta es una postura perversa, porque transmite una idea totalmente equivocada sin matices ni fundamento.

Pero conviene repetirlo: hubo épocas en que el cine español que se proyectaba tenía mucho que ver con el entretenimiento y también con el verdadero arte de contar historias.

Por molesto que resulte a los mandarines de nuestra cultura, lo cierto es que entre las cincuenta películas españolas más vistas (desde 1965, como se sabe, se dispone de un control de taquilla) veintiséis corresponden a la producción de los años sesenta, diez a la de los setenta, tres a la de los ochenta, dos a la de los noventa y nueve a la de los primeros años del siglo XXI.

En este sentido, los datos económicos que ofrece el ICAA también son suficientemente reveladores para quien quiera repasarlos.

Pero todavía podemos profundizar un poco más. ¿Por qué nadie quiere oír hablar de No desearás al vecino del quinto (1970) o de La ciudad no es para mí (1966), y sí de Torrente 2. Misión en Marbella (2001)?

Al fin y al cabo, en todos esos casos estamos hablando de un cine comercial, producido para entretener y para hacer dinero. ¿Qué criterios ha aplicado Santiago Segura para hacer su saga? Pues los mismos que aplicaron Ramón Fernández o Pedro Lazaga.

Desde una perspectiva popular, Alfredo Landa fue un icono, Paco Martínez Soria también lo ha sido, como asimismo lo es el polifacético Santiago Segura.

Así pues, ¿por qué se habla de cine “casposo” al referirse al cine del franquismo y no al que se produce durante la democracia? ¿Sirve para distinguir dos etapas del cine, o para denostar lo que otros supieron hacer antes, cuando no había libertad política?

Un director español señaló recientemente que no podía admitirse que siete de cada diez películas españolas fuesen tristísimas y que todos los directores actuales sean “autores”.

El tiempo ha pasado, y eso nos permite a los historiadores tomar distancia de no pocos prejuicios. Por eso, antes de comenzar a narrar la trayectoria de la industria cinematográfica española, conviene que dejemos de lado unos cuantos tópicos.

Mi cautela, créanme, está justificada. De hecho, si hacemos caso a algunas voces, se pretende que aún existe un cine derechista, instalado en inercias del pasado, acomodaticio y atento sólo a la rentabilidad, y un cine progresista, capaz de manejar el simbolismo conceptual y próximo a lo que consideraríamos verdadero arte.

El esquema, por supuesto, es fruto de una total tergiversación, pero funciona en los medios, y ello permite que ciertos directores, bajo la enseña de un supuesto progresismo, reciban el permanente apoyo de la administración del Estado.

En este sentido, no debe olvidarse que algunos cineastas –a la vista están sus declaraciones– reconocen su importante papel en la correa de transmisión ideológica y en las trincheras de la propaganda partidista.

Pero la realidad es mucho más terca y mucho más simple. El cine, como industria, no se mide por el rasero de esta o aquella ideología, sino por el del favor o rechazo del público que debe sustentarla. Y como arte, jamás debiera ser fruto del gusto de un comité, ni exclusivamente afín a los criterios de un determinado partido.

Para vacunarnos frente a estas impresiones de corto alcance, nada hay mejor que conocer en profundidad la larguísima y enriquecedora trayectoria del cine español.

Por eso mismo, y dado que la divulgación es, en casos como éste, el mejor de los remedios, propongo a los lectores que me acompañen a lo largo de más de un siglo de cinematografía. Como tendrán ocasión de comprobar, las sorpresas quedan aseguradas.

Imagen superior: [REC] (2007), de Jaume Balagueró y Paco Plaza © Filmax Entertainment y Castelao Productions. Cortesía del Departamento de Prensa de Filmax. Reservados todos los derechos.

Este artículo contiene citas de otros estudios que publiqué previamente en las revistas Todo Pantallas y Cuadernos Hispanoamericanos, en la Enciclopedia Universal de Micronet, en el Centro Virtual Cervantes (Instituto Cervantes) y en mis libros Historia ilustrada del cine español (Planeta, 1985) y Cine español: una propuesta didáctica (Royal Books, 1993).


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