Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Historia del cine español XII: Diagnóstico de un cine en crisis

Historia del cine españolLlevamos en España una eternidad hablando del cine que sirve para pasar el rato y de aquel que fomenta el calentamiento cerebral. Parece que los discursos de los críticos, los estudiosos y los políticos giran en torno a esta doble inquietud. Una inquietud que, sin duda, también existe en el ánimo del espectador. No obstante, llegado el momento decisivo, los autores de esos discursos se olvidan del espectador y de lo que éste realmente desea.

La reflexión, a mi modo de ver, debe ir por otros varios caminos que discurren paralelamente, a la vez que se entrecruzan por necesidad.

Estos itinerarios pueden ser: producir cine para vender, producir cine para que apenas lo vean cuatro personas, mantener en activo a todo un equipo o, en última instancia, producir siempre con ayudas públicas porque hay que fomentar la cultura.

El cine tiene que vender, esta es la más cruda de las realidades.

Si no vende, tiene que cerrar, como le sucede a muchas otras empresas en otros tantos sectores. Y no pensemos que la película que vende tiene que ser, indefectiblemente, pobre de contenidos, mala artísticamente y nefasta en sus estructura narrativa. No.

Hay muchas películas que venden porque alcanzan esa factura necesaria para convencer a un público muy heterogéneo, público que no es idiota y busca que no le engañen fácilmente.

Al mismo tiempo, llevamos muchos años viendo cómo se produce cine para los amigos y un puñado más de espectadores que se proponen como adalides del arte y promotores de una cierta cultura que se muestra, por otro lado, muy vacía de contenidos para un colectivo muy numeroso.

No todos los que reniegan de ese cine son palurdos y paletos, más bien aplican el sentido común de querer enterarse de lo que le cuentan.

La inteligencia no es una virtud recluida en un determinado sector social; lo que sí existe es un grupo de listillos que quieren demostrar que sólo unos pocos son capaces de entender el mensaje.

¿Qué mensaje? Este grupo se siente vivo gracias a una determinada crítica que encuentra en ellos el sentido de su vida, denostando cualquier otro producto cinematográfico que no atienda a los principios fundamentales de la cultura (¿no será “su” cultura?).

No obstante, para un amplio grupo de personas, su vida gira en torno a la creación y el ejercicio profesional en el ámbito cinematográfico o audiovisual. Dependen de todo lo que se haga o se pueda hacer para la pantalla o la televisión.

Historia del cine español

Soy consciente de que el grupo es numeroso y depende de las iniciativas que se diseñen y desarrollen. Mantenerlo en activo es muy costoso y genera (de su inactividad) situaciones sociales muy complejas.

Son pocos los que viven del cuento frente al grueso de los que “dependen” de esos cuentistas. Es decir, hay profesionales que lo tienen muy crudo, y son la mayoría.

La cuestión está en pertenecer a un grupo, a ese colectivo de elegidos que funcionarán siempre que una productora ponga en marcha sus proyectos –por cierto, algunas productoras no descansan, y eso que sus películas apenas las ven un puñado de espectadores-. Si no están con ellos, están fuera del circuito y eso supone pasar mucho tiempo en el andén a la espera de que algún tren ajeno a esos grupos te proponga participar en un proyecto.

En este sentido, el criterio de selección y de potenciación de un colectivo está en entredicho.

Por último, el debate de vender o hacer cultura se extiende a la formalización de las ayudas públicas en materia cinematográfica.

Las comparecencias habidas en el mes de septiembre ante la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, y en la que intervinieron representantes de las diversas asociaciones profesionales y de los distintos sectores industriales, manifiestan claramente cuál es la principal preocupación de la producción: las ayudas del Estado, de los Gobiernos Autonómicos y de todas aquellas instituciones públicas que puedan echar una mano económica a una industria que no tiene recursos y que apenas los genera –la excepción no confirma la regla-, al tiempo que los distribuidores y exhibidores no quieren imposiciones que regulen sus negocios.

Cuando un español quiere comprar un automóvil busca un concesionario de la marca que le interesa y elige el modelo. Cuando se trata de mirar la cartelera el espectador busca la sala -o el complejo- en la zona de la ciudad que le interesa y elige una película.

Al igual que en el caso del automóvil la publicidad ha hecho su efecto, en el cine también debe generar interés la promoción que se haga de la película estrenada.

El problema surge cuando se tienen concesionarios cerca de casa y para encontrar una sala hay que desplazarse mucho más. También tiene que ver el que se aproveche un local popular u otro delimitado por un ambiente cinéfilo.

Las ayudas públicas están impidiendo que se establezcan por parte de los profesionales del cine criterios de rigor, exigencia y racionalización. La implicación en los proyectos pasa a un segundo lugar una vez conseguida la financiación (la que protege las espaldas de quienes ponen en marcha un proyecto). Esto es algo conocido en la industria cinematográfica y, sorprendentemente, también en el ICAA. Sin embargo no se hace nada para consolidar una estructura sólida y eficaz.

Me sorprende escuchar de boca de tantos profesionales las quejas continuadas sobre esta situación, pero más me llama la atención que nadie diga o manifieste su postura públicamente en este sentido.

Además, resulta sorprendente comprobar cómo los políticos niegan la evidencia y fomentan posiciones que conducen, irremediablemente, a que la industria cinematográfica española camine hacia su propia desaparición.

Será que ellos proveen soluciones pero los profesionales no saben aplicarlas, o se trata de jugar al mismo juego... mientras se pueda.

Las 13 rosas © Enrique Cerezo Producciones y Pedro Costa Producciones. Cortesía del departamento de prensa de Alta Films. Reservados todos los derechos.

Copyright © Revista Cine y Letras, Emilio Carlos García Fernández, Madrid, 2008. Reservados todos los derechos.


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