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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Una de piratas

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Felizmente, las leyes básicas del cine de capa y espada reaparecen en el llamado cine de piratas, pero con un ingrediente añadido: el sentido utópico de libertad que resalta la visión cinematográfica de las comunidades filibusteras.

Dueña de los océanos americanos, la piratería se enfrenta al poderío español y define con ello una leyenda, rica en anécdotas de heroísmo y tesoros escondidos. Una leyenda optimista y dinámica que es redefinida por el cine a través de títulos como Piratas del Mar Caribe (1942), de Cecil B. De Mille, El Cisne Negro (1942), de Henry King, El capitán Kidd (1945), de Rowland V. Lee, El pirata Barba Negra (1952), de Raoul Walsh, La isla de los corsarios (1952), de George Sherman, El pirata de los siete mares (1953), de Sidney Salkow y Los bucaneros (1958), de Anthony Quinn. En clave posmoderna, se suma al inventario la saga Piratas del Caribe, de Gore Bervinski, compuesta por tres filmes, El cofre del hombre muerto (2003), La maldición de la perla negra (2006) y At World‛s end (2007).

Dicho modelo cinematográfico, repleto de estereotipos firmemente definidos, cuenta con variantes femeninas, como La mujer pirata (1951), de Jacques Tourneur, y humorísticas, como La princesa y el pirata (1944), de David Butler, o El temible burlón (1952), de Robert Siodmak. Por lo demás, estos relatos de acoso y abordaje disponen de obvios antecedentes literarios. Así, Alejandro Dumas fue el inspirador de El tulipán negro (1964), de Christian-Jacque, y Rafael Sabatini generó los argumentos de Bandera pirata (1952), de Ralph Murphy, y El Capitán Blood (1935), de Casey Robinson.

Con todo, el escritor que más ha influido en la leyenda de la piratería es Robert Louis Stevenson, cuya novela La isla del tesoro aportó uno de los personajes paradigmáticos de esta corriente argumental: el viejo pirata John Silver el Largo. Lon Chaney dio vida a esta figura en 1920, a las órdenes de Maurice Tourneur; Wallace Beery lo interpretó en 1934, bajo la dirección de Victor Fleming; Orson Welles hizo el mismo papel en 1972, dirigido por Andrew White; Charlton Heston cumplió ese cometido en 1989, en la versión de Fraser T. Heston; y Tim Curry fue John Silver en la modélica adaptación infantil Los Teleñecos en la Isla del Tesoro (1996), de Brian Henson.

A partir de la década de los setenta, la imagen cinematográfica de la piratería perdió entidad, y derivó exclusivamente de una lectura nostálgica, ajena a la frescura de las viejas producciones. En esta línea se inscribieron El corsario escarlata (1976), de James Goldstone, Piratas (1986), de Roman Polanski, Los piratas de las islas salvajes (1983), de Ferdinand Fairfax, y La isla de las cabezas cortadas (1995), de Renny Harlin. Con la complicidad del público infantil, el pirata se convirtió en un villano exagerado y un tanto ingenuo, propio de aventuras como Los goonies (1985), de Richard Donner, y Hook, el capitán Garfio (1991), de Steven Spielberg. Sólo La princesa prometida (1987), de Rob Reiner, intentó recuperar la dimensión legendaria de estas figuras. Es de imaginar que la trilogía de Bervinski reforzará esta última tendencia.

El cine hispano-italiano ha tratado con cierta frecuencia el modelo. Para confirmarlo, disponemos de títulos como El pirata negro (1961), de Mario Costa, Los corsarios (1970), de Ferdinando Baldi, y El corsario (1971), de Antonio Mollica. Sin duda, han sido las creaciones literarias de Emilio Salgari las más poderosas en este ámbito. En ellas se inspiran cintas como Sandokán (1964) y Los piratas de Malasia (1966), ambas de Umberto Lenzi, Sandokán, el tigre de la Malasia (1975), de Sergio Sollima, El Corsario Negro (1971), de Vincent Thomas, y El juramento del Corsario Negro (1976), también de Sollima.

Pese a la progresiva desaparición del llamado cine de piratas, los atributos del corsario se han perpetuado en otros géneros. De hecho, el personaje de Han Solo en La guerra de las galaxias (1977), de George Lucas, reúne numerosos elementos característicos de ese ciclo argumental.

(Este artículo cita textos publicados por mí en la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet, entre 1999 y 2002)


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