Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
  Museo Thyssen-Bornemisza gif
  • PORTADA
  • CRÍTICAS DE CINE
  • ENTREVISTAS
  • CINE CLÁSICO
  • LIBROS
  • OPINIÓN
  • TEATRO
  • DISEÑO
  • CÓMIC
  • TELEVISIÓN
  • EXPOSICIONES

El historiador Arnold Toynbee

William_Michael_Harnett5

De algún modo, recogerá las sugestiones de Bergson y las aplicará al estudio global de la historia Arnold Toynbee, que nace en Londres el 14 de abril. El Estudio de la historia de Toynbee es una de las tantas respuestas intelectuales a la guerra de 1914-18. Pertenece a la familia de los libros de Paul Valéry, Georg Lukács, Oswald Spengler, Ernst Bloch, situada frente al hecho inédito de la guerra mundial, de todo el mundo en pie de guerra.

La respuesta de Toynbee, como la de Spengler, consiste en renunciar a pensar la historia como un universo. No hay historia universal, por la sencilla razón de que sólo tienen historia los hombres, que son variables, y los únicos elementos de fijeza con que cuenta están fuera de la historia: en el par Cielo-Infierno del judeocristianismo o en el Nirvana de los budistas.

Se puede pensar cada civilización en sí misma» adentrándose en ella y tratándola como un universo. A su vez, las herramientas de este discurso sí que pueden generalizarse, construyéndose una morfología histórica universal. La de Toynbee es bien conocida y relativamente sencilla.

Las civilizaciones nacen y se conforman por el esquema reto-respuesta. Pasan de lo, estático a lo dinámico y engendran civilizaciones hijas. A cierta altura de su desarrollo, tienden a convertirse en imperio, o sea en Estado universal, poder sumo entre todas las naciones.

El principio unifícador de este universo es una religión que proviene del proletariado interno del poder imperial y que convierte a su Estado en dicha Iglesia universal.

Fuera del imperio, quedan los bárbaros, los extranjeros, los que no hablan su lengua. Acechan, traman su aniquilación. Esta se produce cuando el alma imperial se divide en cisma, las normas pierden legitimidad, se instaura la anomia. Las minorías creativas y conductoras pierden la capacidad de imaginar y se vuelven impotentes para transmitir la fe unificante a su proletariado interior.

Las religiones externas penetran en las marcas del imperio y provocan su caída. Ésta no es ineluctable, pues el proceso de deslegitimación puede revertirse y los dioses, ser repuestos en sus altares.

¿Qué junta a Toynbee, el niño inglés que balbuce cuando Bergson publica su tesis, con éste? Tal vez una común invocación a Heráclito. Para Toynbee, en su repetida imagen del río y la orilla.

El historiador intenta explicar el curso de agua que lo arrastra, pero no puede hacerlo desde la orilla. Es el tigre borgiano, el tiempo, que devora al hombre, que es el tigre, y así sucesivamente. La historia es inaprensible. El tiempo toynbiano es unilineal y sucesivo.

El historiador no puede detenerlo y su estudio de la historia es, por ello, también, histórico. Todo lo humano lo es y aun todo lo que se mueve en el mundo, todo aquello que no tiene un lugar fijo, es decir: una identidad.

La ubicación de los historiadores cambia con el tiempo y el pasado es visto desde perspectivas diversas y con subjetividades cambiantes.

El pasado, por esto, cambia como el presente. Cada generación se lo recuenta, tiene «sus» propios griegos, romanos, chinos, aztecas, etc. A veces, olvida o no ve a ciertos sectores de este pasado, que caen en la nulidad de la amnesia. El tiempo histórico prolifera hacia atrás a la vez que prolifera hacia adelante.

Solamente un hipnotizador que se mantuviera, él solo, al margen de la hipnosis y que lograra efectos universales podría detener esta dialéctica. Toynbee pensaba en Hitler como el modelo fallido de este mago, que Thomas Mann parodiza en su Mario y el brujo.

Es obvio que el planteo de Toynbee reacciona contra la concepción sistematizante y científica de la historia, propia de los positivistas.

No obstante, Ortega le ha señalado algunas infiltraciones disimuladamente darwinianas. Para Ortega, el hombre vive desterrado en la historia (su aquí), ya que su patria auténtica es el Universo (el allí). La historia universal es la nostalgia del exilio, un proyecto ideal de retorno a la tierra prometida. Esta dialéctica hace de la historia el lugar en que se proyecta la reconstrucción del perdido Universo, paraíso de la nostalgia humana.

De aquí que no haya nada «natural» en la historia. No es legítimo que Toynbee considere naturales los estímulos que plantean obstáculos y retos a los hombres. El medio humano nunca es natural, sino al revés: la naturaleza que rodea al hombre siempre es humana. El campo es del agricultor, la agricultura no es del campo.

Cabe recordar la figura de Vives y Montaigne que inventa el concepto metafórico de cultura, como cultivo del alma. El hombre desequilibra y reequilibra el medio, no entra en el equilibrio «natural» por medio de la respuesta al reto.

El hombre es «un animal que escapa a la animalidad, que se evade o fuga de ella. El hombre representa, frente a todo darwinismo, el triunfo de un animal inadaptado e inadaptable».

Ortega rectifica a Toynbee, pero desde el propio Toynbee, historizando la naturaleza, tal como en la figura del río y el nadador que intenta construir su universo flotante en las aguas del tiempo.

Copyright © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.


Añade tu comentario


Código de seguridad
Refescar

Diseño e ilustración

Lo último

org_prado org_thyssen org_Filmoteca org_bne org_auditorio org_CDN
 

Cultura en Positivo

Contenidos originales

Book Review

El Ministerio de Cultura identifica a Cine y Letras como una revista que ofrece contenidos respetuosos con los derechos de propiedad intelectual, y por ello nos distingue con el sello "Cultura en positivo". LEER MÁS...