
El secreto de Hitler, Lothar Machtan, traducción de Juan María Madariaga, Planeta, Barcelona, 2001, 407 pp.
La sexualidad de Hitler siempre dio lugar a conjeturas. Tal vez fuera débil o inexistente y de ahí su aureola misteriosa.
Machtan corta por lo sano y sostiene que Hitler era homosexual, aunque admite que no se conservan pruebas directas del extremo.
Ha de moverse siempre con testimonios indirectos (cuentos de cuentos) y conjeturas. Si se acepta, a priori, su tesis, los hechos cuadran.
Si no, si se espera la demostración de los mismos, nada resulta convincente. Por otra parte ¿qué importancia histórica tiene la homosexualidad probada o hipotética del Führer.
Para Machtan, mucha. Su antijudaísmo proviene de que el escándalo homosexual de la corte guillermina (el asunto del príncipe Eulenburg) fue promovido por el judío Hirschfeld.
La matanza de Rohm y sus amigos de la SA tuvo por objetivo suprimir a los homosexuales que podían testimoniar el plumero del Caudillo.
Luego vino una represión contra todos los homosexuales que persiguió el mismo fin.
Aparte de lo cuestionable del libro, numeroso de documentos pero no de pruebas, es un riesgo tipificar a Hitler entre las supuestas irregularidades de la especie, como si el nazismo no hubiese sido aprobado por millones de alemanes y sostenido por buena parte de la dirigencia europea de su tiempo.
Es cierto que las asociaciones estudiantiles, deportivas, militares y paramilitares tienen mucho de reducto masculino y admirativo contacto entre varones, pero este homoerotismo difuso e institucional sería una característica del sexo masculino y no del nazismo.
El razonamiento de Machtan nos llevaría a concluir que los varones somos nazis por razones fisiológicas, lo cual no deja de ser peregrino.
El nazismo no fue excepcional ni Hitler era un simple loquillo suelto, aunque es le puedan adjudicar rasgos sintomáticos. La Historia ha digerido su sangriento menú.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos































































































