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Historia de Alcalá de Henares - Antigüedad. Leyenda y realidad de un ilustre pasado

Índice de Artículos
Historia de Alcalá de Henares
Antigüedad. Leyenda y realidad de un ilustre pasado
Nueva Roma. Contrarreforma y espacios de devoción
La “ciudad del saber”: Humanismo y Renacimiento
Sabios en la historia de Alcalá
Crisis de un modelo urbano
Todas las páginas

Antigüedad. Leyenda y realidad de un ilustre pasado

Este relato histórico ha de iniciar su andadura en la remota Edad del Hierro. Nada es seguro desde el punto de vista documental, pero resulta posible imaginar la población de carpetanos que se instaló en el cerro de San Juan del Viso.

La romanización de la Carpetania, fechada en torno al año 195 a.C., debió de iniciarse en dicha ciudadela, que muy pronto cedió paso a otra de nueva planta, cuyos fundadores nombraron Complutum.

Bajo la administración romana, se complicó bastante esa actitud burocrática que consiste en delimitar competencias. Así, los complutenses figuraron primero en las fronteras de la Hispania Citerior.

Luego, bajo el mandato de Augusto, Complutum pasó a integrarse en la provincia Tarraconense. Finalmente, los delegados de Diocleciano aplicaron a la ciudad el Convento Jurídico de Caesararaugusta. En todo caso, el vestigio latino permanece en placas de bronce, tabletas de barro, mosaicos y estelas. Rastros de una prosperidad que puede advertir el visitante en espacios tan sugerentes como la Casa de Hippolytus.

En su Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, Luis Sánchez, 1611), Sebastián de Covarrubias nos habla de ese periodo en la historia de Alcalá de Henares, «dicha así por el río que pasa cerca de ella: por otro nombre se dijo Complutum: y viene bien con lo que dice Esteban de Garibay, que Alcalá en arábigo vale congregación de aguas». Añade Covarrubias que «alegóricamente se podría entender por el concurso de tantas gentes que acude a ella», y explica que «por ventura debieron de ser muchos pueblos comarcanos que acudían a este como al principal: porque Plinio hace mención a los pueblos Complutenses, y Abraham Ortelio refiere lo que se sigue: Coplutum, Ptolomeo & Prudentio, Carpetanorum urbe est, in Hispania Tarraconensi, Alcala de Henares, esse ex vetustis marmorum eius loci inscriptionibus docer Carolus Clusius insignis hic omnium disciplinarum academia est, &c.».

Sin duda, es oportuna la referencia al flamenco Abraham Ortelio (1527-1598), por su prestigio como geógrafo oficial de Felipe II y autor de uno de los primeros atlas de los que tenemos noticia, el llamado Theatrum orbis terrarum; Theatri orbis terrarum parergon, sive veteris geographiae tabulae; Synonimya geographica.

Pero pasemos página, pues los días de Complutum, si bien gloriosos, desembocaron en los tiempos de la monarquía visigótica, señalados por la devoción a los Santos Niños Justo y Pastor.

Ese perfil cristiano es descrito así por Covarrubias: «A esta Alcalá de Henares viene bien la etimología que un gran arábigo me dijo. Significa ultra de lo dicho ‘campo cultivado, de donde se han arrancado malas hierbas y maleza’: oficio que hace la doctrina y disciplina, arrancando de los pechos cristianos la ignorancia y los errores, y extirpando las herejías (...) En tiempo de los godos fue Alcalá de Henares catedral, según lo refiere el padre Mariana en su Historia de España, lib. 4, capítulo 21».

Otro tratadista más reciente, Cayetano Enríquez de Salamanca, pormenoriza en los detalles que atañen a la arabización de la ciudad.

Cuando las tropas de Tarik toman Toledo en 719, la empresa guerrera trae como consecuencia la caída de Complutum, que pasa a formar parte de las dilatadas posesiones musulmanas. Quizá por un reflejo filológico, en el momento de escribir estas líneas, acudimos de nuevo al anaquel y releemos a don Cayetano para comprobar cómo la ocupación tuvo su efecto en la nomenclatura de la localidad: «Así en el año 920, Al-Bayan-al Mugrib relata una derrota sufrida por los leoneses en Alcalá en un encuentro sostenido con el gobernador de Wad-il-Hachara (Guadalajara). En otras crónicas posteriores se la cita con el nombre de Al-Medina Chancida (Mesa verde) y de Kalat-Abd-al-Salam (Castillo de Abd-al-Salam); y, más tarde aún, con el de Al-Ka’a-Nahar (Castillo del Henares), antecedente más próximo del actual topónimo de la ciudad y motivo de su escudo de armas» (Alcalá de Henares y su Universidad Complutense, Escuela Nacional de Administración Pública [Antigua Universidad de Alcalá de Henares], 1973, p. 53).

Este periodo musulmán, digno de abrir nuevas investigaciones, concluye en 1085, cuando Alfonso VI vence al rey Cadí y devuelve a la capital su dignidad de Corte y Sede Arzobispal. Un tanto desconcertante es el hecho de que tan noble ciudad fuese llamada de formas tan diversas: Campum Laudabile, según unos; Neo-Compluto, según otros; Alkalaga, Alcalá de San Yuste, Santiuste, e incluso Alcalá la Nueva, afirmando su originalidad frente a esa Alcalá la Vieja, de sesgo musulmán.

oponimias al margen, lo cierto es que en 1126 Alfonso VII, el Emperador, convirtió a la villa en señorío prelaticio, dependiente de los arzobispos toledanos. El depositario de tan alto honor fue Don Raimundo, quien concedió a la ciudad el Fuero Viejo, denominado también Fuero de Alcalá. Como pueden imaginar, este es un hecho decisivo en la historia de Alcalá de Henares.

Uno de los ilustres sucesores de don Raimundo fue don Rodrigo Ximénez de Rada, quien fue arzobispo de Toledo entre 1208 y 1247. Un año después de adquirir su responsabilidad eclesial, el prelado dio por comenzadas las labores que llevaron a la construcción del Palacio Arzobispal, y en 1223, al objeto de aumentar los honores de Alcalá, convirtió a la ciudad en Corte de los arzobispos toledanos. Puestos a resumir el periodo que sigue a tal decisión, acudimos de nuevo a la biblioteca para repasar otra ilustre enciclopedia.

Elías Zerolo comenta que «en 1088 la tomó a los moros el arzobispo de Toledo; después fue atacada por los almohades, sin que pudieran tomarla. En la misma hizo testamento D. Sancho el Bravo a favor de su hijo Fernando. En 1348 reunió Cortes en Alcalá Alfonso XI; allí se reformó el cuerpo de leyes bajo el nombre de «ordenamiento de Alcalá» y se declaró ley del Reino el Código de las Siete Partidas. En 1390 murió allí D. Juan I de Castilla, de una caída del caballo. En 1405 recibió, en Alcalá, Enrique III a los Embajadores del conquistador tártaro El Gran Tamerlán».

Merced a las notas de Zerolo, podemos repasar otros acontecimientos de indudable interés en la historia de Alcalá. Así, el citado Ordenamiento de Alcalá impone en el ánimo de los historiadores la certeza de un gran cambio, pues gracias a su cuerpo de leyes alcanzó a unificarse la administración de justicia.

Tras ocupar su sitio en Toledo el cardenal Gil de Albornoz, heredó su responsabilidad el arzobispo don Pedro Tenorio, muy preocupado por mejorar el urbanismo alcalaíno. En el ámbito eclesiástico, destaca Tenorio por haber presidido el Concilio Nacional convocado en 1379. El motivo de dicho encuentro no era otro que adoptar desde España una decisión ante el Cisma de Occidente. La resolución, muy divulgada, consistió en no reconocer a ninguno de los dos Papas en conflicto: Urbano VI y Clemente VII.

Otro detalle recogido por Zerolo está fechado en 1402. Fue entonces cuando Enrique III recibió en el Palacio Arzobispal la muy exótica embajada que le envió el Gran Tamerlán, y que, por su estampa, aún exalta la imaginación.

Los siguientes ocupantes de la sede arzobispal, don Alonso Carrillo y Acuña y don Pedro González de Mendoza, también dejaron su sello en la configuración de Alcalá. Merece estudio aparte un encuentro que se celebró durante el mandato de Mendoza, concretamente el 20 de enero de 1486. En el solemne escenario del Palacio Arzobispal, se entrevistaban por vez primera Isabel la Católica y Colón. La anécdota, bien significativa en la historia de Alcalá, nos permite resaltar la dimensión ultramarina de la villa, cuna de virreyes y cronistas de Indias. Piénsese en el cronista Francisco López de Gómara, en el administrador colonial Diego Ladrón de Guevara o en el navegante Pedro Sarmiento de Gamboa.



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