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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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La España de Felipe II

Felipe II

En tiempos del rey Felipe II, en España tienen lugar tres procesos que menoscabarán internacionalmente la fama de quien, para sus partidarios, es El Rey prudente por antonomasia. Todo ello queda reflejado en la película La Conjura de El Escorial.

El primero de estos procesos es el protagonizado por el príncipe don Carlos, desdichado hijo y heredero de Felipe II, que dará el salto al teatro de la mano de Schiller y a la ópera, de la de Verdi.

El del entonces heterodoxo arzobispo Carranza, que visto con los ojos de hoy no es más que un ortodoxo precursor es el segundo proceso. Y en tercer lugar el de Antonio Pérez, el muy ambicioso secretario universal del rey, y en tiempos, su confidente, muy pronto enriquecido y amante de la bellísima, y no menos ambiciosa, Princesa de Éboli, una cortesana viuda y tuerta que corresponde a sus sentimientos y que, en un pasado no tan remoto, había sido amante del propio rey.

En su insaciable pasión de mandar, el secretario Antonio Pérez ha llegado a establecer relaciones políticas secretas con Don Juan de Austria, hermano bastardo del rey, que desde su victoria naval en Lepanto, frente al Turco, se había convertido en un personaje tan ambicioso como era norma en aquellos tiempos en que la española –que imperaba sobre Portugal y sus dominios africanos, asiáticos y de ultramar– era la monarquía más poderosa de la tierra. El embajador Escobedo –que será asesinado por orden de Antonio Pérez, al parecer con la aquiescencia real– había sido su valedor, un valedor que llegará a convertirse en peligroso para el poder establecido porque sabe demasiado y está dispuesto a utilizar cuanto sabe en su favor.

Es Mateo Vázquez, capellán real y componente de la secretaría universal, quien descubre las criminales intrigas de Antonio Pérez con los enemigos del rey –el demonio del medio día, como éstos lo motejan– y el que, desesperado, asiste a su ambigua y tardía reacción: la de entregar a su desleal secretario al tribunal de la Inquisición.

El guión de La conjura de El Escorial ha tratado de exponer, en toda su miseria y en toda su grandeza, los interesados motivos de unos personajes históricos –del rey hacia abajo…– que, al actuar como lo hicieron –y ellos lo sabían– determinaban la suerte, no solo de los súbditos del reino, sino de todos los hombres o muy poco menos, porque recordémoslo, en el Imperio Español del momento no se ponía el sol.

Logros de Felipe II

La historia de España, de Europa, del mundo conocido en el siglo XVI, es incomprensible si no se tiene en cuenta a Felipe II. Su gobierno fue tan universal que se hizo palpable en todos los ámbitos de la vida de su época y en, prácticamente, todo el mundo. Durante medio siglo Felipe II gobernó el imperio más extenso del mundo en una de las épocas más importantes de la historia.

Sus territorios abarcaban todo el planeta, desde Extremo Oriente a los territorios americanos, pasando por el Índico y el Mar de China, por África y por Europa del norte, centro y sur, además de toda la Península Ibérica, para atravesar el Atlántico y volver a unirse por el Pacífico, a través de la ruta del “galeón de Manila”.

Pocas veces en la historia han podido unirse bajo un mismo soberano territorios y países con tan diversas lenguas, culturas, mentalidades, estructuras sociales y políticas, lo que fue posible no sólo gracias a sus circunstancias como heredero de un imperio, sino también a sus características personales y a su ejercicio como monarca. Estos dos aspectos –personalidad y poder– son , posiblemente, los dos rasgos de Felipe II que más han atraído el interés y la curiosidad de los historiadores y también del público en general.

Felipe II fue, sin duda, un monarca enigmático –Fernand Braudel afirmaba que el rey español “era un enigma para los historiadores”– que combatió al protestantismo, al islam, a los movimientos independentistas y a todo aquello que pudiera hacer peligrar la unidad de su imperio.

Este obsesivo cumplimiento de sus obligaciones y de su destino como cabeza de la gran Casa de Austria supuso una combinación histórica irresistible que le ha proporcionado a Felipe II un lugar preeminente entre los personajes más importantes de la historia universal, tanto desde un punto de vista académico y científico como desde una perspectiva más popular y divulgativa.

Por él se han interesado los grandes historiadores pero también, como el personaje atractivo y sugerente que fue, Felipe II ha generado la curiosidad del gran público en los aspectos más anecdóticos de su biografía –su educación, sus esposas, sus hijos, sus aficiones...– y , muy especialmente, la admiración por la gran obra del Monasterio de El Escorial una de los grandes monumentos del mundo, considerado casi desde el momento de su construcción como la “Octava Maravilla” y hoy catalogado entre las obras Patrimonio de la Humanidad.

Concebido, en origen, como panteón real, el Real Monasterio de El Escorial constituye el gran sueño arquitectónico de Felipe II pues es la obra donde se sintetizaron todas sus ideas y deseos en torno al arte y a la arquitectura, como lugar de glorificación a Dios y defensa de la fe y como expresión simbólica de su derecho al poder y su conciencia sagrada como soberano..

El Escorial –definido por Chueca Goitia como un “Alcázar de la fe, capital de lo intangible, de lo trascendente”– es como el espejo que refleja el alma plural del monarca y nos proporciona la imagen que de sí mismo quería dar el rey, como si de un autorretrato en piedra se tratara.

Si bien Felipe II no quiso que durante su vida se escribiera ninguna biografía suya, posiblemente para evitar que le adularan aunque con ello favoreció a sus detractores, sí le preocupó construir una imagen muy precisa de la majestad, imagen que empieza a gestarse y manifestarse en los primeros retratos, realizados por Antonio Moro y Tiziano, en que se presenta como un príncipe del Renacimiento de mayor contenido político, que se consolida en los retratos posteriores, como el realizado por Sofonisba Anguisola, de rey devoto, en tono solemne y distanciado, y culmina con las esculturas de los cenotafios de Pompeo Leoni, donde crea una imagen de contenido político, dinástico, dogmático y religioso.

Felipe II fue un hombre complejo, profundamente religioso, gobernante prudente que se arriesgaba mucho y, sobre todo, absolutamente convencido de su destino como rey, del carácter sagrado de la dinastía de los Austrias a la que pertenecía y por lo tanto del poder, que como tal ejercía y de cómo él debía contribuir a conservar y mantener ese estatus, el Estado Real, en la línea que defendía Campanella en su escrito De Monarchia Hispanica Discursus, en que veía a Felipe II no sólo como portador de luz, sino como gobernador del mundo por orden de Dios.

Este convencimiento le llevo a actuar de una forma determinada, difícil de entender con los parámetros actuales, lo que le ha hecho pasar a la historia como un monarca absoluto –por otro lado, lo habitual en el siglo XVI– heredero de un gran poder, que llevó la monarquía personal a su momento más estelar, que confió en su propio juicio por encima del ajeno, que tomó decisiones difíciles y que además fue consciente de que el tiempo y la distancia tergiversarían esas decisiones.

Fue un rey trabajador, volcado en su trabajo hasta en los más mínimos detalles, lo que, en muchas ocasiones le valió duras críticas por entender que perdía el tiempo con cosas que podía dejar en manos de sus subordinados.

Lamentablemente, por otra parte, también le consideraron un hombre duro, negativo, frío, falto de sentimientos consideración de la que el propio rey era consciente y que le llevó a escribir: “Yo no sé que piensan de mí, sino que soy de hierro o de piedra, y en verdad han de ver que soy mortal como los demás” (Madrid, 29 de noviembre de 1578).

Sus enemigos le identificaron con la represión, el fanatismo y la intolerancia, y criticaron duramente los acontecimientos políticos de su reinado, a ello se añadió el que sus contrincantes políticos, sus adversarios (entre ellos, su antiguo secretario Antonio Pérez) y los protestantes fomentaran y divulgaran una imagen siniestra del monarca.

Durante su vida y después de su muerte, Felipe II ha sido frecuentemente juzgado de manera muy poco objetiva y sobre todo con bastante desconocimiento del personaje. También hay que tener en cuenta que, en otras ocasiones, las críticas negativas, más que responder a un análisis objetivo, se han debido a tópicos y planteamientos banales, así como a las circunstancias de una época, los siglos XVI y XVII, en que la hegemonía española provocó no poco resentimientos entre sus contemporáneos.

La mayoría de los estudios sobre el monarca no han sido hechos por españoles, lo que de alguna manera también ha contribuido a generar una imagen desfavorable, aunque afortunadamente hay una generación de especialistas españoles que, en los últimos años están haciendo importantes contribuciones para conocer y valorar en su justa medida al rey.

Por eso no sólo es importante sino fundamental que, desde otros medios y formas de conocimiento que puedan alcanzar la máxima difusión, se contribuya a un mejor conocimiento, análisis y valoración del monarca, de su política, etc...

Una de las formas históricas de aproximación es hacerlo a través de aquellos acontecimientos principales, y por ello sin duda más controvertidos de su reinado, como pudieron ser los hechos acontecidos por las diferencias entre su secretario Antonio Pérez y el secretario de Don Juan de Austria, Juan de Escobedo, que culminaron con el asesinato de éste último.

Para valorar hay que conocer. Sin conocimiento no hay valoración posible. Por eso es tan importante contribuir al conocimiento de la figura del rey Felipe II en el contexto social, cultural y religioso de la Europa de su tiempo. Hay que recuperar los momentos más estelares de su vida y de su historia, que es también la nuestra, y para ello hay que conocer al hombre, al marido, al padre, al cristiano, al rey... para poner nueva luz sobre su vida personal y política y sobre los hechos más controvertidos de su reinado, motivos todos estos más que suficientes para presentar una nueva visión de Felipe II, actual y rigurosa tratando de comprender su política, tanto desde él mismo como desde su compromiso con su época y su dinastía y desde una perspectiva objetiva y plural, poniendo así en valor la riqueza histórica de la época y del personaje, pues, efectivamente, a medida que aumenta el conocimiento histórico y la historiografía científica suministra más datos sobre Felipe II y su época se deshacen las leyendas derivadas de las luchas políticas e ideológicas.

Felipe II es, sin lugar a dudas, una figura irrepetible, que dejó su impronta y las huellas de su actividad por todas partes, fue, en palabras de John Lynch, “un rey prudente... y un hombre realista” al que merece la pena que todos conozcamos mejor.

Copyright de la sinopsis, las notas de guión y el texto Logros de Felipe II © Máscara Films y Settima Luna. Cortesía de Sony Pictures Releasing de España. Reservados todos los derechos.


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