
El siglo XI en primera persona. Las «Memorias» de Abd Allah, último rey zirí de Granada, destronado por los almorávides en 1090. Traducción de E. Lévi-Provengal y Emilio García Gómez. Alianza, Madrid, 2005, 397 pp.
La España califal, propiamente árabe, entró en anarquía y desmembramiento en el siglo XI, dando lugar a los reinos de taifas.
La doble presión del rey cristiano y los invasores almorávides, provenientes de Marruecos, acabó de completar el cuadro del desorden.
Uno de los más curiosos personajes del momento es el mencionado en el título de este libro, suerte de memorias rescatadas por diversos eruditos, a veces en condiciones novelescas (una cámara secreta, habitada por insectos y alimañas) y puesta en sabroso y evocativo castellano por los dos arabistas del caso.
Un prólogo informativo sitúa al lector lego en el contexto histórico y permite recorrer la narración de guerras, fundaciones y final expulsión del destronado Abd Allah.
Frente a la rudeza bárbara del invasor, el rey zigrí exhibe su estoica y elegante melancolía, se decide, al fin, por tener descendencia y escribe, como si engendrara a un hijo más, su libro.
No sólo hay en él la anécdota de los sucesos memorables, sino también consideraciones acerca del fatalismo, la astrología y el margen de libertad que el hombre tiene para desarrollarse moralmente.
Abd Allah leyó a sus clásicos, no sólo el Alcorán, sino a los griegos, a los judíos y a los cristianos. Creía en el dominio de la religión sobre el conocimiento, pero no en conflicto con la ciencia.
Era musulmán mas concebía su fe como universal. Hasta se permite reconocer en Cristo al Mesías.
Aparte de la información histórica, el libro contiene noticias sobre higiene y medicina, observaciones éticas sobre la vida en términos de naturaleza y límites, medidas armoniosas y equilibrios de humores y temperamentos.
A pesar del Profeta, Abd Allah admite el vino como remedio y en cantidades razonables, a la vez que explícita su admiración por los efebos y mancebos hermosos. Fue, según sus comentaristas, un mal rey, más amigo de fiestas que de batallas, que se vio sometido a las mujeres de la corte, cedió parte de su reino y acabó sepultado por su propio y corrupto castillo de naipes.
Tuvo una vida semejante y diversa de los demás. Con este libro pagó su deuda con la historia.































































































