Astor Piazzolla fue, entre tantas cosas, un bandoneonista, y de corte tan canónico como para haber actuado junto a Carlos Gardel y a Aníbal Troilo.
Después se hizo su propio camino y ya sabemos hasta dónde llegó. Lo más curioso es que sigue llegando y, para probarlo, vaya este cuarteto de acordeones, ya que no de bandoneones.
Quiere la crónica que el bandoneón, órgano portátil inventado por algún alemán quizá de apellido Band, para amenizar las bodas y fiestas aldeanas y de presupuesto módico, el bandoneón digo, llegó al Paraguay a mediados del siglo XIX.
La guerra llevó a un tal Santa Cruz, argentino él, a aquellas comarcas y, en medio de la carnicería que costó la muerte a gran parte de los paraguayos, consiguió que el bandoneón llegara al Río de la Plata y se convirtiera en emblema sonoro del tango. Itinerario bizarro si los hay, pero así se hacen las músicas del mundo.
Al ceder al acordeón los tangos de Piazzolla se invoca también otro viaje, ya que el acordeón es el instrumento típico de los marineros, es decir de los viajeros, de los que llevan sus músicas de un puerto a otro, provocando memorias y mezcolanzas.
Estos italianos son compatriotas de los antepasados de Piazzolla y han ido a buscar unos tangos a Buenos Aires para trasplantarlos a su península, para recuperarlos a su manera, y han conseguido unas miniaturas polifónicas con resabio de órgano portátil que vuelven inopinadamente a los comienzos, es decir a los sonidos que van errando por el mundo, de puerto en puerto, de guerra en guerra, hasta dar con la armonía que pacifica las cosas, aunque sea por un rato.
Título: Astor Piazzolla: Diez Tangos.
Autor: Astor Piazzolla.
Referencia: CDS 381.
Discográfica: Dynamic.
Distribución: Diverdi.
Fecha de edición: 2008.
Precio: 18,40 €.
(Copyright © Blas Matamoro. Publicado por cortesía de www.diverdi.com con permiso del autor. Reservados todos los derechos)































































































