
Barroco. Representación e ideología en el mundo hispánico (1580-1680), Fernando R. de la Flor, Cátedra, Madrid, 2002, 402 pp.
Tras los pioneros intentos de Eugenio d'Ors y la decisiva obra de Maravall, La cultura del barroco, se impone una revisión actualizada de la materia.
El autor se ha puesto manos a la obra, recorriendo un ingente material bibliográfico e iconográfico (monstruoso convendría decir, barrocamente) e imponiéndole una clasificación tópica: el casticismo del barroco español como cultura nacional, la consideración nihilista del espectáculo melancólico del mundo, la ciudad escenográfica y utópica, la vanidad y la decadencia, la doble faz de la fiesta barroca, el erotismo, la emblemática como lenguaje, la religión del apartamiento, el reino de la metáfora, la revisión del humanismo clásico.
De la Flor no pretende destruir tradiciones historiográficas ni cuestionar criterios. Más bien le preocupan la puntualidad de la información menuda y un desfile imaginístico que pueda poner en escena la gran puesta en escena del teatro mundano que el siglo barroco construyó.
Tampoco especula con neobarroquismos ni supuestas recaídas de lo barroco en nuestro tiempo, aunque siempre hagamos historia desde el presente y en el presente. La época barroca fue tiempo de desintegración pero también de expansión españolas.
América se hizo, en gran medida, en esos años y con esas improntas. Reconsiderar españolamente el barroco es releer la fundación de la América moderna, en los límites de los imperios de ultramar, allí donde la modernidad de la Reforma y la Contrarreforma se encuentran con el fantástico escenario de la tierra sin historia, el lugar del no lugar, Utopía.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.































































































