Jules Gabriel Verne (Nantes, 8 de febrero de 1828 – Amiens, 24 de marzo de 1905), conocido entre nosotros como Julio Verne, es, probablemente, el escritor francés cuya obra se ha difundido en más idiomas y con un mayor alcance. Pionero de la ciencia ficción, supo predecir muchas novedades tecnológicas mucho antes de que éstas fueran imaginadas por los ingenieros. Su biografía, por su placidez y escasas novedades, contrasta con ese espíritu de conquista y aventura que supo infundir a los inolvidables personajes de novelas como Miguel Strogoff, Viaje al Centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, La vuelta al mundo en ochenta días y De la Tierra a la Luna.
No le faltan antecedentes, algunos poco fiables, como el de su nieto Jean y su parienta lejana, Marguerite Alióte de la Fuye.
Ahora Lottman hace un estado de la cuestión, con su habitual apego a la minucia y su buen oficio de cronista, dejando como hipótesis todo lo hipotético, valga la redundancia, y sin aventurarse en lecturas novelescas o psicoanalíticas de riesgo.
Tampoco, por paradoja, la vida de Verne es propicia a la aventura, salvo las que inventó y dejó escritas.
Tuvo una existencia burguesa marcada por un leve conflicto con el padre, que lo quería abogado y no escritor, proseguida por un matrimonio apacible y aburrido y una incesante labor de escritura, generalmente cumplida en un departamento de la casa o en una embarcación, alejada de los otros, una suerte de celda monástica.
Lottman señala, con acierto, el pudor que cubre las intimidades del personaje, al margen de que un escritor siempre se muestra en lo más íntimo cuando exhibe su obra ante el mundo. Sus amores no conyugales, con unas damas misteriosas y quizá con unos efebos menos misteriosos (Aristide Briand, por ejemplo, destinado a ser un político de primera magnitud y uno de los dolientes pacifistas de entreguerras); pero, sobre todo, esa zona fronteriza donde el buen sentido provinciano y la moral de la regularidad se tocan con la locura.
En efecto, su hijo Michel y su sobrino Gastón -que atentó contra su vida a tiro limpio- fueron internados en clínicas psiquiátricas, mientras el escritor inventaba esos personajes delirantes que pretenden, por ejemplo, cambiar el eje de la tierra o fundar la ciudad ideal en un desierto americano.
Verne creó una raza de heroicos viajeros, fanáticos de su destino providencial, que jamás se enferman. Él, en cambio, fue un hombre de enfermedades crónicas: parálisis facial y prolapso rectal (tendencia a la incontinencia y a la diarrea) que Lottman lee freudianamente: un carácter anal. Podríamos matizar: explosivo en cuanto a su producción graforreica y, por compensación, retentivo en cuanto a su conducta atesorante y ávida de dinero, su disciplina productiva, el control de su medio ambiente, su propensión a las previsiones y a la rutina, su culto por el prototipo (no hay más que recoger los tópicos de sus narraciones).
Algo similar puede decirse de su experiencia como viajero: sólo atravesó el océano una vez, para conocer Nueva York, y luego hizo prudentes cruceros en yates rumbosos, nunca muy lejos de la costa, bajo el control de su hermano Paul, marino de oficio. En cuanto a las ascensiones en globo, cumplió una sola, de veinticuatro minutos.
Lo demás lo supo a través de las revistas de divulgación científica, que no leyó de joven sino en su madurez.
En efecto, lo que Verne quiso ser, en principio, fue un dramaturgo de éxito, devoto de los artefactos históricos a la manera de Dumas padre, Scribe, Hugo o Sardou.
No lo consiguió. Si triunfó en la escena fue gracias a las adaptaciones que Ennery hizo de algunas novelas suyas, con abundancia de trucos y maquinaria.
Tampoco lo escogió la Academia, pese a sus incontables embestidas. Ni lo elogiaron sus colegas, salvo alguna migaja lateral de simpatía menor arrojada por Gautier y Zola.
Su éxito mundial, las recepciones apoteósicas que le brindaron en sus viajes, sus rentas y palacetes, no calmaron una íntima amargura, la cita fallida con Madame la Gloire.
Visto desde mayor distancia -y Lottman lo hace- Verne es una miniatura de su siglo. Conservador y a veces atrabiliario ultramontano -como en los casos de la Comuna y el asunto Dreyfus- tuvo sus tentaciones complementarias, su libertarismo y su utopismo.
La manía por la fundación de ciudades sin historia, la empresa ácrata y nihilista de uno de sus mejores personajes -el capitán Nemo, réplica de ese Ulises que era Nadie o Ninguno y, por ello, borgianamente, cualquiera y todos así lo prueban.
En su escritura se da esa dualidad de sensatez y locura que marca su vida cotidiana.
Aparentemente, Verne es un enamorado de las tecnologías y el desarrollo material del hombre guiado por las ciencias exactas y experimentales. Pero sus textos de anticipación lo muestran pesimista y descreído del progreso, en el sentido de que la riqueza instrumental mejora éticamente a los hombres.
Era, por compensación, un romántico. Creía en la identidad sentimental de las razas y los pueblos, en las tierras vírgenes, en la necesidad de un origen, el viaje extraordinario hacia la verdadera vida, la otra vida, las iniciaciones ocultas y las comunidades utópicas.
Sus anticipaciones resultaron, a veces, proféticas. Hoy no nos interesan, porque el hombre ha llegado efectivamente a la Luna, hay submarinos, televisión, sonido grabado, aviones y demás utillaje fantástico hecho rutina.
Pero él vivió entre Stephenson y Edison, conoció las inacreditables novedades de la locomotora a vapor y la bombilla eléctrica. Como buen romántico-positivista (la síntesis es ahora inevitable) creyó en las virtudes y taras de las razas humanas: los franceses eran un dechado de heroísmo y buen sentido; los alemanes e ingleses resultaban aborrecibles por ser sus enemigos históricos; los chinos y musulmanes, temibles; los negros, buenos en tanto sumisos; los españoles y portugueses, desdeñables por brutos; los italianos, pintorescos y fumistas; los rusos y norteamericanos (¿otra profecía?), admirables, dueños del siglo XX, arrojados y a la vez inteligentes.Y suma y sigue.
Su humanitarismo cientificista se daba de bruces contra su patriotismo y su racismo. En esto, lamentablemente, también fue profético.
Verne sigue leyéndose, filmándose, adaptándose, frecuentándose. Acierta Roland Barthes en una lejana mythologie donde subraya el encanto infantil que produce su lectura: hechizo de lo finito, del espacio circunscrito y protegido: cabaña, tienda, alcoba, submarino, cohete, ciudad aérea, trasatlántico. De algún modo: la literatura.
Novelas (Serie de los Viajes extraordinarios)
1863: Cinco semanas en globo. Título original: Cinq Semaines en ballon
1864: Viaje al centro de la Tierra. Título original: Voyage au centre de la Terre
1865: De la Tierra a la Luna. Título original: De la terre à la lune
1866: Las aventuras del capitán Hatteras. Título original: Voyages et aventures du capitaine Hatteras
1867: Los hijos del capitán Grant. Título original: Les Enfants du capitaine Grant
1869: Veinte mil leguas de viaje submarino. Título original: Vingt mille lieues sous les mers
1870: Alrededor de la Luna. Título original: Autour de la lune
1871: Una ciudad flotante. Título original: Une ville flottante
1872: Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral. Título original: Aventures de trois Russes et de trois Anglais
1873: La vuelta al mundo en 80 días. Título original: Le Tour du Monde en quatre-vingts jours
1874: El país de las pieles. Título original: Le Pays des fourrures
1874: La isla misteriosa. Título original: L’île mysterieuse
1875: El "Chancellor". Título original: Le Chancellor
1876: Miguel Strogoff. Título original: Michel Strogoff
1877: Las Indias negras. Título original: Les Indes noires
1878: Héctor Servadac. Título original: Hector Servadac
1878: Un capitán de quince años. Título original: Un Capitaine de quinze ans
1879: Las tribulaciones de un chino en China. Título original: Les tribulations d'un chinois en Chine
1879: Los quinientos millones de la begún. Título original: Les Cinq cents millions de la Bégum
1880: La casa de vapor. Título original: La Maison à vapeur
1880: La jangada. Título original: La jangada: huit cents lieues sur l’Amazone
1882: El rayo verde. Título original: Le Rayon vert
1882: Escuela de Robinsones. Título original: L’école des Robinsons
1883: Kerabán el testarudo. Título original: Kéraban-le-têtu
1883: El archipiélago en llamas. Título original: L’Archipel en feu
1884: La estrella del Sur. Título original: L’étoile du sud
1885: Matías Sandorf. Título original: Matías Sandorf
1886: Robur el conquistador. Título original: Robur-le-Conquérant
1886: Un billete de lotería. Título original: Un Billet de loterie
1887: Norte contra Sur. Título original: Nord contre Sud
1887: El camino de Francia. Título original: Le Chemin de France
1888: Dos años de vacaciones. Título original: Deux Ans de vacances
1888: Familia sin nombre. Título original: Famille-sans-nom
1889: El secreto de Maston. Título original: Sans dessus dessous
1890: César Cascabel. Título original: César Cascabel
1891: Mistress Branican. Título original: Mistress Branican
1892: El castillo de los Cárpatos. Título original: Le château des Carpathes
1893: Claudio Bombarnac. Título original: Claudius Bombarnac
1893: Aventuras de un niño irlandés. Título original: P’tit-Bonhomme
1894: Maravillosas aventuras de Antifer. Título original: Mirifiques aventures de maître Antifer
1895: La isla de hélice. Título original: L’île à hélice
1896: Ante la bandera. Título original: Face au drapeau
1896: Los Viajes de Clovis Dardentor. Título original: Clovis Dardentor
1897: La esfinge de los hielos. Título original: Le sphinx des glaces
1898: El soberbio Orinoco. Título original: Le superbe Orénoque
1899: El testamento de un excéntrico. Título original: Le testament d’un excentrique
1900: Segunda patria. Título original: Seconde patrie
1901: El pueblo aéreo. Título original: Le village aérien
1901: Las historias de Juan María Cabidoulin. Título original: Les histoires de Jean-Marie Cabidoulin
1902: Los hermanos Kip. Título original: Les frères Kip
1903: Los piratas del Halifax. Título original: Bourses de voyage
1904: Un drama en Livonia. Título original: Un drame en Livonie
1904: Dueño del mundo. Título original: Maître du monde
1905: La invasión del mar. Título original: L’invasión de la mer
Novelas retocadas por su hijo, Michel Verne, a la muerte del escritor en 1905
1905: El faro del fin del mundo. Título original: Le phare du bout du monde
1906: El volcán de oro. Título original: Le Volcan d'or (Reeditada en la versión de Julio Verne, a partir de los manuscritos originales redescubiertos gracias a la Sociedad Julio Verne).
1907: La agencia Thompson y Cía.. Título original: L’agence Thompson et Cie
1908: La caza del meteoro. Título original: La chasse au météore
1908: El piloto del Danubio. Título original: Le pilote du Danube
1909: Los náufragos del Jonathan. Título original: Les naufragés du ‘Jonathan’
1910: El secreto de Wilhelm Storitz. Título original: Le secret de Wilhelm Storitz
1919: La impresionante aventura de la misión Barsac. Título original: L’étonnante aventure de la mission Barsac
Novelas publicadas tras la muerte de Verne
1989: Viaje con retrocesos por Inglaterra y Escocia. Título original: Voyage à reculons en Angleterre et en Ecosse
1991: El tío Robinson. Título original: L’oncle Robinson
1991: Un cura en 1839. Título original: Un prêtre en 1839
1994: París en el siglo XX. Título original: Paris au XXe siècle
1998: El secreto de Wilhelm Storitz. Título original: Le secret de Wilhelm Storitz
1998: El faro del fin del mundo. Título original: En Magallanie (Au bout du monde)
1998: Le beau Danube jaune
1998: El volcán de oro. Título original: Le Volcán d'or(Le Klondyke)
Relatos publicados en vida de Verne
1871: El conde de Chanteleine. Título original: Le comte de Chanteleine
1871: Los forzadores de bloqueos: de Glasgow a Charleston. Título original: Les forceurs de blocus
1874: El doctor Ox. Título original: Une Fantaisie du Docteur Ox
1874: Maese Zacarías. Título original: Maître Zacharius
1874: Una invernada entre los hielos. Título original: Un hivernage dans les glaces
1875: Una ciudad ideal. Título original: Une ville idéale
1876: Un drama en México. Título original: Un drame au Mexique
1877: Martín Paz. Título original: Martín Paz
1879: Los amotinados de la Bounty. Título original: Les révoltés de la Bounty
1882: Diez horas de caza. Título original: Dix heures en chase
1884: Frritt-Flacc. Título original: Frritt-Flacc
1887: Gil Braltar. Título original: Gil Braltar
1891: En el siglo XXIX: la jornada de un periodista americano en el 2889. Título original: Au XXIXe siècle: La journée d’un journaliste américain en 2889
1891: La familia Ratón. Título original: Aventures de la famille Raton
1893: El señor Re-sostenido y la señorita Mi-bemol. Título original: M. Ré-dièze et Mlle Mi-bémol
1901: El matrimonio del señor Anselmo de los Tilos. Título original: Le mariage de Monsieur Anselme des Tilleuls
Nota editorial
Todo lo que es posible se hará» afirmaba Jules Verne, poniéndose inmediatamente a imaginar ese futuro: cápsula espacial, comida deshidratada, metro aéreo, sin mencionar el submarino del misterioso Nemo.
Flirteando con los descubrimientos de Stephenson y Edison, Verne crea un género inaudito, aplicando la fantasía a la ciencia.
¡Qué poder de anticipación! ¡Qué asombrosa aptitud para inventar las máquinas del futuro y para sortear la técnica! ¡Y qué decir de la facilidad de este nantés, retirado en Amiens, para surcar el globo terráqueo con el pensamiento! ¿De dónde vienen esas junglas amazónicas, ese océano Ártico y las fuentes del Nilo?
acido en 1828 y destinado a suceder a su padre en la carrera judicial, Jules Verne conocerá, a los treinta y cinco años, la celebridad instantánea con Cinco semanas en globo.
Desde Zola, que saluda al que «ha llevado a la práctica lo que la ciencia planteaba como posible sólo teóricamente», hasta Théophile Gautier, que lo admira por «sus paradojas atrevidas, que pronto se convertirán en verdades reconocidas», es toda una época la que ha encontrado su fabulador.
Sin embargo, ¿no existe una cara oculta de este universo de progreso?
A la manera de Phileas Fogg, Herbert R. Lottman dirige la investigación. Ha visitado la isla Feydeau, así como la editorial Hetzel de la rue Jacob. Ha convocado a los Dumas, padre e hijo, a los hermanos Arago, y, evidentemente, a Nadar (el célebre fotógrafo de gusto ecléctico, fundador de la Sociedad de fomento para la locomoción aérea); y cada uno de estos testigos le ha hecho sus confidencias.
¿No descubrimos, acaso, que George Sand habría sugerido a Verne la idea de Veinte mil leguas de viaje submarino?
De todas formas, el último tesoro exhumado por el biógrafo-explorador son las novelas de nuestra infancia, restituidas en todo su poder de anticipación. Un viaje extraordinario al país del progreso.
Ilustración de Scott McKowen para la portada de La vuelta al mundo en ochenta días © Sterling Pub Co Inc, Unabridged Classics Series, 2008. Reservados todos los derechos.
Copyright del comentario © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.
Copyright de la nota editorial © Anagrama. Reservados todos los derechos.
































































































