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Comediantes y mártires. Ensayo contra los mitos

Juan José SebreliJuan José Sebreli: Comediantes y mártires. Ensayo contra los mitos. Premio Debate-Casa de América. Debate, Madrid, 2008, 255 páginas.

En la ya vasta obra del ensayista argentino, la crítica histórica de los mitos socialmente aprobados, tiene un lugar destacado e insistente. Podría decirse que es el hilo rojo que ata todo su catálogo. En efecto, la vida cotidiana como lo desconocido por averiguar, las historias legendarias que aureolan monumentos y altares, las figuras que han conseguido adueñarse de la memoria colectiva, venciendo al tiempo que borra los demás nombres, han fascinado a Sebreli a la vez que lo han alejado de toda aceptación y hagiografía.

El autor reconoce la importancia histórica y cultural de los mitos, esos cuentos que alborean el intento humano de razonar lo real. Grandes civilizaciones como la clásica griega, de las que somos deudores, inventaron mitos y consagraron a unos héroes que estructuran nuestro imaginario.

La crítica sebreliana no ataca lo mitológico en sí mismo, ni impone racionalidad a lo irracional sino que traduce el mito a términos de la razón histórica e intenta razonar sus huellas, evitando reducirlo a mera ilusión precientífica, a la manera de una supuesta ciencia positivista de la historia.

Lo que cuestiona con dureza el investigador es la faz idolátrica de los mitos y sus personajes privilegiados, seres históricos convertidos en santos, héroes y superhombres. Y lo hace, en esta obra, analizando la consistencia histórica, social y política de cuatro personajes nodales de la Argentina, un país con una trayectoria breve y una ausencia de autoctonías fuertes (México, Perú, Brasil) que afirmar o negar: Gardel, Evita, el Che y Maradona. Tres muertos inmortales y un inmortal vivo.

La crítica no sólo desmenuza la anécdota biográfica de cada uno sino que ve en su culto una construcción ideológica, la del nacionalismo populista, la traducción del viejo nacionalismo aristocrático argentino, hispanizante y católico, a términos populares y plebeyos.

Dicho de otra manera: observar cómo estos personajes, nacidos en las clases bajas o, en el caso del Che, en la alta burguesía venida a menos, alcanzan posiciones de poder y protagonismo y, desde ellas, encarnan a una dirigencia enmascarada de pueblo. Estudiados históricamente, estos nombres míticos suelen invertir en valores reales sus valores virtuales.

Así es que Gardel, hombre sin identidad precisa, cuyos orígenes todavía se discuten sin conclusiones decisivas, encarna la cultura mestiza y portuaria del tango, borra sus huellas penumbrosas, alterna con el poder establecido y se muestra como un hombre de la elite.

Deja una obra artística perdurable y su muerte en accidente aéreo se torna sacrificial, de modo que en su tumba se depositan ex votos y se encienden cigarrillos entre sus dedos de bronce.

Evita, por su parte, asimismo hija repudiada por su padre, intenta una carrera de actriz sin demasiada calidad artística y, a la sombra de Perón, se convierte en la “abanderada de los humildes”. Trajeada como una dama de la haute, hace beneficencia y consigue mejorar la vida de miles de desfavorecidos. Convertida en ídolo feminista, Sebreli examina su noción de la mujer y demuestra todo lo contrario.

El Che es un caso de omnipotencia mítica de notable perfil. De adolescente, según unos versos suyos, se propuso morir acribillado en el combate y evitar la cama del hospital a la que parecía destinarlo su asma. Quiso ser mártir y santo, expuso su cuerpo enfermo a las disciplinas más tenaces, se convirtió en un condottiero implacable y, tras varias empresas fallidas (su ministerio en Cuba, guerrillas en el Congo y Bolivia), murió joven, hermoso y prodigado en fetiches como el Cristo comunista del siglo XX.

Difícil es el caso de Maradona: sigue vivo e ignoramos su parábola final. Ejemplo del jugador atrevido y brillante, saltó del barrio pobre a la notoriedad mundial sin acabar de asumir el cambio. Su tendencia a “portarse mal” en público, su oportunismo político y su capacidad mediática han hecho el resto.

Con prosa concisa y veloz, narrativa y no carente de frases desafiantes y provocadoras, Sebreli propone una admiración sospechosa acerca de estas figuras cuya fascinación es notoria y su máscara idolátrica, menos evidente. La razón de la historia busca la desilusión pero crea, compensándola, la versión razonada e histórica de estos héroes que pueblan nuestros sueños hasta el umbral de la pesadilla. No es cuestión de cesar en el encanto –la voz de Gardel, los rostros de Evita y el Che, los regates de Maradona– sino de despertar a tiempo.

Copyright © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.


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