
Cuando se habla de la novela Drácula, hay un mito que suele repetirse: la decisiva intervención del profesor Arminius Vambery en el desarrollo del libro.
Harry Ludlam es la fuente que mayor peso otorga al profesor Vambery en la paternidad de Drácula. Pero no es el único. Daniel Farson, descendiente y biógrafo de Bram Stoker, va un poco más lejos al especular que "hay una buena razón para asumir que fue el profesor húngaro quien, por primera vez, le mencionó a Bram Stoker el nombre de Drácula". Eso es lo que escribe en The Man Who Wrote Drácula: A Biography of Bram Stoker (1975).
Se conoce mucho sobre esta figura del profesor húngaro. Es un asunto bien estudiado. Vambery (1832-1913) fue un erudito y viajero nacido en la actual Hungría, que en tiempos del profesor formaba parte del Imperio Austro-húngaro. Se describía sí mismo como un lingüista, empeñado en la búsqueda de los orígenes de la lengua magiar. Con tal propósito, recorrió Asia Central y el cercano Oriente gracias a los inmensos conocimientos lingüísticos que poseía. Para lograr acceder a lugares donde jamás lo haría un hombre blanco, adoptaba diferentes identidades.
Todo un aventurero, desde luego que sí. Llegó a caracterizarse como un ciudadano turco oriundo de Estambul y también como un derviche.
Esas proezas fueron populares cuando se publicaron en forma de libro. De hecho, rivalizaron con las del británico Richard F. Burton, el descubridor de las fuentes del Nilo.
Entre Burton y Vambery existió una gélida relación. Eso en el mejor de los casos. Por otro lado, es posible que bajo los ropajes del erudito húngaro se ocultasen los del espía. Sus viajes al Asia Central tienen lugar en la década de 1860, fechas en las que tenía lugar la rivalidad conocida como el Gran Juego, entre Gran Bretaña y Rusia.
Este sería el equivalente aproximado de la guerra fría durante gran parte del siglo XIX. Un sordo enfrentamiento entre ambas potencias por el dominio de la zona. Gran Bretaña veía amenazado su dominio sobre la India y sus intenciones respecto a Afganistán por el expansionismo ruso. Por su parte, Rusia veía en los ingleses un freno para su política de anexiones.
Y ahí es donde interviene Vambery. Es más que probable que, durante sus viajes, Vambery cambiase de identidad para mantenerse a salvo de los fanáticos religiosos. Pero también le sería muy útil para no ser reconocido como un agente al servicio de la inteligencia británica.
En 1888 recibió una alta condecoración de manos del Príncipe de Gales. Sin duda, una recompensa por algo más que la anglofilia de la que hacía gala el erudito.
¿Cuándo empieza su relación con Stoker? Su asociación con Drácula comienza en la primavera de 1890, el treinta de abril para ser más exacto. Tras asistir a una representación en el teatro Lyceum, es agasajado por Sir Henry Irving, su propietario y principal estrella.
Disfrutan de una cena en el Beefstake Room. Dicha sala era el despacho de los anteriores propietarios del teatro, quienes habían instalado una parrilla para asar carne cuando el ajetreo les impedía salir a almorzar en un restaurante.
Irving restauró la sala para celebrar cenas, y allá se homenajeaba a los invitados de honor. Sir Henry era un anfitrión muy selectivo. Por lo demás, ahí encontramos a Bram Stoker, en calidad de manager del teatro y mano derecha del actor. El irlandés se ocupaba, además, de confeccionar los menús y de ubicar a los comensales en de la mesa.
Es decir, que Irving invita a Vambery, y Stoker actúa como jefe de protocolo.
Supuestamente, en la conversación de la sobremesa salieron a relucir las numerosas supersticiones de la patria de Vambery. Entre ellas, los vampiros. Según Ludlam, en esa conversación se hizo mención a la misteriosa Transilvania. Eso hizo que Stoker prescindiese del escenario inicial de su novela, Estiria, y lo cambiase por los Cárpatos. Dicho de otro modo, en esa cena fue donde Drácula comenzó a cobrar forma.
Claro que Ludlam se equivoca. La primera anotación sobre la obra esta fechada un mes antes de esta cena.
Al margen de lo sostenido por ambos Ludlam y Farson, es muy posible que toda la hipotética relación de Vambery con la novela esté contenida en estas líneas del capítulo dieciocho: "Le he pedido a Arminius, de la Universidad de Buda-Pest, que, con todos los medios a su alcance, me haga una relación detallada sobre él, poniéndome al corriente de su vida pasada".
Todo es una ficción, desde luego, porque ese párrafo es el cimiento sobre el que se sustenta la leyenda. ¿Y entonces? ¿Qué hay de la relación de Vambery con el novelista?
A pesar de lo escrito por Ludlam, no hay constancia de que Stoker y Vambery mantuviesen correspondencia alguna. Y eso que se ha conservado parte de la prolija correspondencia del irlandés. Hay una obra de alto contenido autobiográfico que recoge la época que Stoker estuvo relacionado con Irving.
Me refiero a Personal Reminiscences of Henry Irving. En las páginas dedicadas al encuentro con Vambery, sale a colación la novela. Sin embargo, hay autores que interpretan que esas líneas de la novela son un homenaje, sino una manera de agradecerle a Vambery su hipotético asesoramiento.
Tampoco por su parte existen pruebas de un supuesto intercambio epistolar. Tampoco hay mención alguna en sus obras a cualquier relación con Drácula. Voy más lejos: en ninguna de las obras escritas por el eminente húngaro sobre a su tierra natal existe referencia al Drácula histórico.
Al margen de su coincidencia en The Beefstake Room, ambos caballeros volvieron a encontrarse sólo una vez más el resto de sus días. Fue en 1892 en Irlanda, con motivo de la entrega al húngaro de un galardón, por parte del Trinity College. Tampoco, en esta ocasión, hay indicio alguno de que la cuestión de Drácula o los vampiros saliese a colación.
Imagen superior: Detalle de la portada del cómic The Frankenstein / Dracula War © Mike Mignola. Topps Comics. Reservados todos los derechos.
































































































