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Entrevista con Michael Connelly

Michael Connelly

En la novela negra, y tal vez en casi todo, el talento se mide con el tiempo. Michael Connelly ha tenido mucho para demostrarlo. Si hablamos de crimen y misterio, Connelly es el más destacado autor de su generación. El estreno de la película El inocente pone de actualidad a este magnífico novelista.

Gracias a su inventiva, el thriller dispone de un investigador admirable: Hieronymous “Harry” Bosch. Este detective luce la placa del Departamento de Policía de Los Ángeles, pero sus aventuras son tan intrincadas y absorbentes como las pinturas de su tocayo. Fascinados por la constelación de personajes que pueblan sus novelas –algunos de ellos reales– , nos acercamos a Michael Connelly con la intención de hablar de Bosch, de Los Ángeles y de lo mucho que debemos agradecerle como lectores.

Dentro de la obra de Michael Connelly se puede distinguir un corpus principal: el compuesto por las novelas protagonizadas por el detective Harry Bosch, con más de diez títulos publicados. Bosch pertenece a la policía de Los Angeles, una ciudad donde las líneas que separan la investigación criminal y la política se entrecruzan o, en el peor de los casos, se desvanecen.

Mencionamos la presión política porque es una constante en los casos de Bosch, un lobo solitario de tendencias ácratas, amargo pasado y una importante carga de demonios internos, cuyo sentido de la justicia le hace chocar una y otra vez contra sus superiores, en el Ayuntamiento o dentro de su propio departamento.

A decir verdad, la interpretación de la justicia que hace el personaje, por lo común discrepante con la autoridad, tiene reminiscencias de la obra de Dashiell Hammett. En particular, cabe relacionar a Bosch con el anónimo agente de la Continental.

Otro personaje recurrente en la obra del autor es un antiguo profiler del FBI, Terry McCaleb, protagonista de Deuda de sangre. La novela, como recordarán, fue trasladada al cine por Clint Eastwood. El resto de las apariciones de McCaleb ha tenido lugar en la serie de Harry Bosch.

La producción literaria de Connelly no se ha visto restringida a estos dos investigadores. Destacan otras obras sin personaje fijo, como El poeta, donde un periodista indaga el supuesto suicidio de su hermano policía. O Luna funesta, protagonizada por una ladrona profesional.

Conviene saber que el autor procede del mundo del periodismo de sucesos, y que entre los personajes secundarios de sus obras hay varios pertenecientes a la profesión.

Los Ángeles ha sido una ciudad magistralmente retratada en el género negro. La han reflejado autores de la talla de Raymond Chandler, y a gran altura, recogen su legado James Ellroy, Robert Crais y el propio Connelly. Ni que decir tiene que la función que Los Ángeles desempeña en la obra de este último es formidable. No sólo como escenario, sino como un personaje más.

La amplitud temática de la novela negra y de misterio ha conducido a la creación de multitud de subgéneros y claves. En el mundo anglosajón, se habla de amateur sleuths, de hardboiled, de psychological thrillers… Al mencionar su obra, se la incluye entre los llamados police procedural books: los libros donde sobresale el procedimiento policial. ¿Qué opina de este tipo de clasificaciones?

Todo aquello que haces tiene que ser clasificado. Sin embargo, nunca había oído esa designación a la hora de ubicarme. Sólo escribo el tipo de libros que me gustaría leer, y eso me lleva a centrarme en las historias detectivescas. En todo caso, las clasificaciones no me inquietan. Comprendo que son algo necesario para las librerías y para los críticos y los autores de reseñas. Eso es todo, y está bien. Pero a la hora de la verdad, los lectores son muy inteligentes, y no piensan en algo tan esquemático como el procedimiento policial para elegir una determinada obra. No leerán una novela mía a partir de una etiqueta como esa. La relación de un lector con los libros no funciona de ese modo. Es algo mucho más sutil y flexible.

Usted estudió Periodismo en la Universidad de Florida y se dedicó a ese oficio en Daytona Beach y Fort Lauderdale. También ha ejercido como reportero de sucesos para el periódico Los Angeles Times. ¿En qué medida esta labor ha influido sobre su estilo literario?

Me siento un periodista de corazón. Así pues, cuando me dedico a la literatura, también me dejo llevar por ese estilo que es propio de la prensa escrita. Procuro evitar añadidos innecesarios y demás florituras. Me interesa insuflar velocidad en la narración. Cuando uno escribe novelas de crímenes y thrillers, ese dinamismo resulta muy necesario. No debe bajar el ritmo. Y sí, puede decirse que, para conseguir eso, planteo una aproximación periodística al relato.

De un tiempo a esta parte, el género negro vive una nueva edad de oro. Sin embargo, Hollywood, las cadenas televisivas y las editoriales saturan al espectador con una oferta desmedida que siempre gira en torno al thriller. ¿Cómo observa esta aparente paradoja que oscila entre la calidad y el exceso?

Cuando uno se dedica al género de la ficción criminal, es evidente que hay muchos otros escritores dedicados a lo mismo. Una de las razones de esa abundancia es que la novela negra es la novela social de nuestro tiempo. Se trata de un planteamiento literario muy contemporáneo, que nos narra lo que está pasando en el mundo. En cierto modo, cabe usar el marco de la investigación criminal como una especie de espejo, que nos revela qué está pasando en la sociedad.

Por eso hay tantos novelistas consagrados al género...

Así es. La novela policiaca es un lienzo muy poderoso. Por lo demás, la abundacia en la producción de títulos viene dada por el mercado. Siempre hay espacio para otro buen libro. No importa si éste pertenece o no al género negro. Si escribes un buen libro, habrá lugar para él, y no importa cuandos thrillers o novelas de misterio lo preceden.

En 2002 Clint Eastwood llevó al cine su novela Blood Work (Deuda de sangre). Usted también ha escrito guiones (por ejemplo, para la teleserie Level 9). Dado ese interés suyo por lo audiovisual, ¿por qué no se estrenan nuevas producciones basadas en su obra?

Me gusta el cine, y de vez en cuando se acercan a mí y me ofrecen la posibilidad de rodar una película. Pero es una cuestión complicada. Sobre Harry Bosch hay varios guiones, siete en total, a partir de cuatro novelas… pero no captan la esencia del personaje. Por consiguiente, no los rodaron. No lo sé, espero que algo ocurra con el octavo intento… Una novela mía, El inocente, se convertirá en película el año próximo.

Comparte con el novelista Robert Crais un sentido narrativo muy visual. Esto es algo todavía más acentuado en el caso de Crais, dado que él proviene del mundo del guión televisivo. Esa influencia puede comprobarse en una novela de este escritor, El secuestro, cuya versión cinematográfica, Hostage, fue protagonizada por Bruce Willis. ¿Qué opina de Crais? ¿Siente alguna afinidad con su obra?

Me divierte leer a Robert. Es amigo mío. Lo conozco desde hace muchos años, y mantengo el contacto con él desde que dejé Los Ángeles. Puede decirse que jugamos en el mismo campo. Somos diferentes, y en términos literarios hay espacio para ambos. No nos sentimos competidores ni nada semejante. Estuve con él en Los Ángeles la otra semana. Es un buen interlocutor con el que hablar sobre el arte de la escritura y todo eso. Disfruto de su compañía y disfruto de sus libros.

Ustedes dos son los mejores autores contemporáneos de novela policial en Estados Unidos.

Se lo diré a Bob. Muchas gracias por el elogio.

En 2003, el detective creado por Crais, Elvis Cole, aparecía mencionado en una novela protagonizada por Harry Bosch, Luz perdida. El mismo año, hallamos una referencia a Bosch en El último detective, de Robert Crais. Es un doble encuentro a celebrar, porque Bosch y Cole son dos personajes fascinantes.

Me ponéis en buena compañía.

Agradecemos a Inés Belaustegui su amable labor como intérprete, y a los responsables de Roca Editorial y de la librería Estudio en Escarlata la oportunidad de reunirnos a solas con Michael Connelly. Imagen superior: Michael Connelly © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.


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