Al primer volumen de la saga Crepúsculo llegué atraída por la promesa de que se trataba de una buena novela de terror. El segundo lo leí como empedernida lectora que espera que la autora corrija errores, y sea capaz de contar algo nuevo dentro de un género muy querido por mí.
Meyer no es –y dudo que alguna vez lo sea– una escritora de terror. Su terreno genuino es el romance. A decir verdad, se muestra incapaz de recrear una atmósfera asfixiante o claustrofóbica, y como ya les indiqué, ella misma reconoce no haber leído casi ningún libro de vampiros. Tampoco ha visto series televisivas tan reconocidas en este ámbito como Buffy, cazavampiros.
Mejor le hubiera ido en el terreno novelesco si se hubiera molestado en repasar los grandes hitos del horror literario.
Ignoro si Stephenie Meyer habrá accedido ya a la que es una de las obras literarias más divulgadas, junto con la Biblia y las creaciones de Shakespeare. Me refiero, como ya habrán adivinado, a la mejor novela de terror y de vampiros jamás escrita: Drácula, de Bram Stoker.
Pese a que Stoker construye su narración por medio de notas periodísticas, telegramas y cartas –recuerden que a Meyer le aburre esa fórmula–, el irlandés confiere a Drácula una acción trepidante y una atmósfera sobrecogedora.
En cualquier caso, lo mismo me pasa a mí con esta familia de vampiros humanizados, los Cullen, a quienes Meyer describe como pequeños dioses, dotados de habilidades físicas portentosas, con un atractivo propio de modelos de pasarela.
Los Cullen, por cierto, pertenecen a ese tipo de vampiros que no consumen sangre humana y que, renunciando a su naturaleza, se alimentan de animales.
Meyer dota a cada uno de sus vampiros con una capacidad individual, que responde a una destreza que poseían en su anterior existencia humana. Unos leen el porvenir, otros la mente o son capaces de controlar fuertes emociones…
¿Hay, en todo ello, algo de nuevo y original? Repasemos la historia reciente del género para comprobarlo.
Cuando en 1976 Anne Rice publicó su Entrevista con el vampiro, ya se alejó de referencias anteriores a la hora de pintarnos a los vampiros como seres eternamente hermosos, dotándolos asimismo de una pulsión erótica fronteriza con la lujuria.
Anne Rice también describió a un vampiro, Louis de Pointe du Lac, atormentado por su condición de bebedor de sangre humana. Tanto es así, que Pointe du Lac consume sangre de animales para evitar su tentación de asesinar al prójimo.
Atrapados en una inmortalidad que se vuelve aburrida, los vampiros de Rice acaban cuestionándose sus dones. Incluso hay alguno que reniega de los poderes sobrenaturales y manifiesta su ateísmo.
A mi modo de ver, en esta comparación con Rice, sale perdiendo Stephenie Meyer. Si la primera elabora un universo vampírico original, coherente y terrorífico, la segunda sólo obtiene un reducido escenario de cartón piedra, donde Bella parece ser la única víctima posible. O al menos, la más requerida.
El festín sangriento de los vampiros de Rice brilla por su ausencia en la saga de Meyer.
Como excepción, citaré ese momento en el que Edward y Bella pasean por las catacumbas italianas, habitadas por una suerte de gobernadores del mundo vampírico. Estos sí que beben con orgullo la sangre de sus víctimas.
No es sólo sangre lo que falta a los personajes de Meyer, que también flaquean si los comparamos con los vampiros de otra obra cercana en el tiempo: El sueño del Fevre.
Escrita por el gran George R.R. Martin en 1982, El sueño del Fevre es una estupenda novela ambientada en un barco fluvial que viaja por el río Mississippi, durante el siglo XIX. El terror y la aventura clásica se adueñan de esta narración, sólo superada en originalidad por un clásico contemporáneo, Soy leyenda, escrito por Richard Matheson en 1954.
El sueño del Fevre nos presenta dos bandos enfrentados: los vampiros que quieren vivir entre los hombres, como los Cullen, y los malvados que sólo ven a los humanos como ganado.
Indudablemente, a través de estas referencias, queda claro que no hay gran novedad en los bestsellers que forman la saga Crepúsculo. Ni siquiera son nuevas esas facultades individuales de los personajes. En 1991 apareció en el mercado un juego de rol, Vampiro: la mascarada, donde los vampiros forman una sociedad oculta, organizada en clanes con sus cualidades y poderes específicos.
Otra coinciencia de Stephenie Meyer con este juego de rol es la presencia de los hombres lobo, únicos y verdaderos enemigo del vampiro.
¿No hay, por consiguiente, aportaciones de nuestra escritora al estereotipo vampírico? Puedo citar una, pero ahora verán que se ve afectada por la contradicción y también por la cursilería.
De forma tradicional, la luz del sol era uno de los medios más habituales para acabar con un vampiro. Sólo individuos tan señalados como el Drácula novelesco pueden pasear de día, aunque con sus poderes mermados. Meyer decide modificar ese rasgo, y resuelve que la luz solar haga brillar el cuerpo del vampiro como si fuera una joya de cristal.
Ahora bien, si la luz del sol no neutraliza a estos amos de la noche, ¿qué hacen unos seres tan irresistibles ocultos entre las sombras? ¿Por qué no han esclavizado el mundo a su antojo?
Críticas al margen, hemos de celebrar la incorporación de nuevos aficionados al mundo de la lectura gracias a este fenómeno de masas.
Acabo esta reseña con una recomendación paralela. En su tira cómica Mutts, el genial autor de cómics Patrick McDonnell introduce a Edward, un murciélago locamente enamorado de Bella, la pajarita que le secunda en este tortuoso y casi imposible romance. Por favor, no dejen de leer Mutts.
Las novelas de Stephenie Meyer, incluida la totalidad de la saga Crepúsculo, están publicadas en España por la editorial Alfaguara y se recomiendan para lectores de más de doce años.
(Copyright © Begoña Pérez Ruiz)
Crepúsculo
«Hay tres cosas de las que estoy completamente segura. Primera, Edward es un vampiro. Segunda, una parte de él se muere por beber mi sangre. Y tercera, estoy total y perdidamente enamorada de él».
Cuando Isabella Swan se muda a Forks, una pequeña localidad del estado de Washington en la que no deja de llover, piensa que es lo más aburrido que le podía haber ocurrido en la vida. Pero su vida da un giro excitante y aterrador una vez que se encuentra con el misterioso y seductor Edward Cullen. Hasta ese momento, Edgard se las ha arreglado para mantener en secreto su identidad vampírica, pero ahora nadie se encuentra a salvo, y sobre todo Isabella, la persona a quien más quiere Edward...
Luna nueva
«Cuando el papel me cortó el dedo, sólo salió una gota de sangre del pequeño corte. Entonces, todo pasó muy rápido. "¡No!", rugió Edward... Aturdida y desorientada, miré la brillante sangre roja que salía de mi brazo y después a los ojos enfebrecidos de seis vampiros repentinamente hambrientos...»
Para Bella Swan, hay una cosa más importante que su propia vida: Edward Cullen. Pero enamorarse de un vampiro es más peligroso de lo que Bella nunca podría haber imaginado. Edward ya ha rescatado a Bella de las garras de un diabólico vampiro, pero ahora, a medida que su arriesgada relación amenaza todo lo que es cercano y querido para ellos, se dan cuenta de que sus problemas puede que sólo estén empezando...
Eclipse
Vida o muerte. Pero, ¿cuál es cuál?
Bella se encuentra de nuevo en peligro: una serie de misteriosos asesinatos está sembrando el pánico en la localidad y hay un ser maligno tras ella, sediento de venganza.
emás, tendrá que elegir entre su amor por Edward y su amistad con Jacob, consciente de que su decisión podrá desencadenar definitivamente la guerra entre vampiros y hombres lobo. Mientras, se va acercando su graduación y tendrá una decisión más que tomar: vida o muerte. Pero, ¿cuál es cuál?
Amanecer
«No tengas miedo», le susurré.
«Somos como una sola persona».
De pronto me abrumó la realidad de mis palabras. Ese momento era tan perfecto, tan auténtico. No dejaba lugar a dudas. Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia. «Para siempre», concluyó.
Te quedas sin opciones cuando amas a tu potencial asesino. ¿Acaso es posible huir o luchar si eso causa un grave perjuicio a quien quieres? Si la vida es cuanto puedes darle y de verdad le amas por encima de todo, ¿por qué no entregarla?
Ahora que Bella ha tomado una decisión, una inesperada cadena de acontecimientos está a punto de desatarse, con consecuencias inimaginables y potencialmente devastadoras.
La escritora Stephenie Meyer se licenció en Filología Inglesa en la universidad de Brigham Young. La publicación de su primera novela, Crepúsculo, traducida ya a más de veinte idiomas y número uno en las listas de ventas, la perfiló como una de las autoras más prometedoras de la nueva narrativa fantástica americana.
La segunda y tercera partes de la saga fueron su consolidación: Luna Nueva también alcanzó el número uno de ventas y Eclipse (que lleva más de 1.000.000 de ejemplares vendidos en EE.UU.) destronó a Harry Potter en las listas la misma semana de su aparición.
Stephenie reside felizmente en Phoenix, Arizona, junto con su marido y sus tres hijos pequeños.
Crepúsculo
Páginas: 512
Fecha de publicación: 21/6/2006
Género: Novela
Colección: Fantasía y misterio
Encuadernación: Rústica
Precio: 15.50 €
Luna nueva
Páginas: 576
Fecha de publicación: 14/2/2007
Género: Novela
Colección: Fantasía y misterio
Precio: 15.50 €
Eclipse
Páginas: 624
Fecha de publicación: 31/10/2007
Género: Novela
Colección: Fantasía y misterio
Precio: 15.95 €
Amanecer
Páginas: 744
Fecha de publicación: 8/10/2008
Género: Novela
Colección: Fantasía y misterio
Precio: 16 €
Copyright del comentario © Begoña Pérez Ruiz. Reservados todos los derechos.
Copyright de las sinopsis y de la nota editorial © Alfaguara Infantil y Juvenil. Santillana Ediciones Generales S.L. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © 2009 Summit Entertainment. Cortesía de Aurum. Reservados todos los derechos.































































































