Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
  Museo Thyssen-Bornemisza gif
  • PORTADA
  • CRÍTICAS DE CINE
  • ENTREVISTAS
  • CINE CLÁSICO
  • LIBROS
  • OPINIÓN
  • TEATRO
  • DISEÑO
  • CÓMIC
  • TELEVISIÓN
  • EXPOSICIONES

Literatura vikinga. El misterio de las runas

alt

En numerosos textos escandinavos se hace referencia a un determinado código de signos llamado alfabeto rúnico.

Así, por ejemplo, en la Saga de Egil Skallagrímsson se pueden leer los siguientes fragmentos: “El rey Audbjörn mandó trazar entonces los signos de guerra y enviar mensaje por todo su reino para que se reuniera el ejército; envió hombres a todas las gentes del reino para ordenarles que fueran con él”. Los “signos de guerra” a los que se refiere el fragmento son unas determinadas runas que se escribían en tablillas.

A la hora de descifrar los enigmas relacionados con el alfabeto de las runas, un buen punto de partida lo hallamos en las páginas dedicadas al asunto por Luis y Jesús Lerate en su edición de Beowulf y otros poemas anglosajones (siglos VII-X) (Alianza Editorial, Madrid, 1986).

Con esa lectura en la memoria, podemos recuperar los siguientes versos de la Saga de Egil Skallagrímsson : “Que los dioses castiguen / a Eirík, del país lo arrojen; / que también Odín se irrite, / pues mis riquezas robó; / que huir hagan de sus tierras / al tirano, Njörd y Frey, / dé Thor la espalda al abyecto / violador del thing sagrado”.

Magnus Olsen propuso una interpretación mágica numérica de este poema y algún otro anterior, basándose en su traducción a la escritura rúnica, lo que proporciona 72 runas por poema. Probablemente Egil los escribiría sobre maderas para acrecentar su poder mágico.

“Thorfinn dice: Se han grabado runas, y fue el hijo de un campesino vecino quien lo hizo, pero ahora está mucho peor que antes. ¿Sabes acaso, Egil, algo que pueda curarla?”.

Las runas tenían poder mágico para curar y también para producir enfermedades. Signos mágicos, signos para escribir, signos para interpretar...

Con el fin de despejar semejante confusión, se hace preciso aclarar qué son las runas, cuál fue su origen y aventurar una explicación sobre su método de interpretación desde la perspectiva junguiana.

Las runas implican cuando menos un doble proceso de creación. Por un lado nacen de un proceso creativo relacional, dado que son símbolos complejos con varios niveles de significado que juegan, además, con analogías que son susceptibles de ser incorporadas a su interpretación.

Y por otro lado son también deudoras de un proceso creativo verbal puesto que juegan con las metáforas y definiciones de los diversos conceptos. Pero, sobre todo, las runas son un código arquetípico de increíble riqueza.

Para los germanos las runas no eran tan sólo “letras” tal y como nosotros las consideramos. Fueron para ellos unas realidades vivas, dotadas de particulares poderes y cargadas de virtudes especiales, para cuyo manejo era preciso el conocimiento de ritos de carácter mágico.

Realmente las runas envuelven tantos misterios, tanto en su origen como en su interpretación, que no resulta extraño el apasionamiento que por ellas sienten los investigadores de las primitivas culturas europeas. De hecho, “runa” proviene seguramente de la raíz germánica “raunen”, “murmurar”, lo que viene a significar que la runa transmite un mensaje secreto.

Es más, según los antiguos, su origen se remontaba a los tiempos míticos de los dioses, siendo hallazgo o invención del propio Odín: el Señor de los Muertos y los poderes ocultos, el genuino dios mago, también llamado Wotan.

El contenido arquetípico que se esconde tras estos signos de Wotan tiene una vertiente inofensiva, pero otra viene acompañada de odio y destrucción como habrían de demostrar los siguientes germanos que emplearon la simbología rúnica: los afiliados al partido nacional-socialista.

La importancia del alfabeto rúnico debió de ser tan grande como la del latín. Así D. Diringer cita los diversos usos que se le dieron según diversos autores, no sólo en el campo de la magia, sino también en la vida cotidiana, en documentos de tipo legal, contratos, genealogías, poemas, etc.

Entre los manuscritos rúnicos más importantes que se conservan, Diringer cita el antiguo Danish Runicus danés, el llamado Fasti Danici, el Codex Leidensis (Leyden, Holanda), el Codex Sangallensis (San Gallen), el Codex Salisburgensis (Viena) y otros varios más.

De una época ya plenamente cristiana se conserva el interesantísimo Poema de las runas anglosajón, citado por Lerate, que recoge cinco runas específicamente inglesas que no figuran en el fupark germánico y sirven para representar vocales específicas de los dialectos locales. A continuación se analizan dos runas tomadas de este poema por dicho autor:

Runa ur/uro: "es terrible y de gran cornamenta, / bestia feroz que con cuernos lucha, / gran trota-yermos. ¡Es brava criatura!"

Jean Markale recuerda que una de las epopeyas más notables de la Europa Occidental, tanto por la epicidad de sus acciones como por su calidad literaria, es la Tain Bo Cualngé (La Razzia de los bueyes de Cualngé), integrada en el ciclo mitológico irlandés del Ulster, y más concretamente en el de su héroe más emblemático, Cuchulainn.

Uno de los episodios más curiosos de esta obra ocurre cuando la Diosa guerrera Morrigane se aparece en forma de pájaro al toro Pardo de Cualngé y le recomienda prudencia.

El toro es el elemento de la discordia que ha provocado la guerra. Citando textualmente el texto original, de este animal se dice: “Uno de los méritos del Pardo de Cualngé consistía en cubrir cada día cincuenta becerras que, al día siguiente parían terneros. Y las que no podían parirlos, se desgarraban, estallando. Otro de los méritos del Pardo de Cualngé consistía en que cien guerreros podían protegerse con su sombra contra el calor, con su cuerpo contra el frío. Otro de los méritos del Pardo de Cualngé era que ningún genio de cara pálida, ni ninguno de cara de macho cabrío, ni hada del valle alguna osaba acercarse al cantón donde él vivía. Otro de los méritos del Pardo de Cualngé era su mugido melodioso, que todos los días hacía oir cuando se acercaba a su cercado”.

El uro, el toro, era una bestia totémica para la mayoría de los pueblos europeos de esta época. Culturas ganaderas como los celtas lo adoptaron como símbolo de fertilidad y como una suerte de talismán contra los males de la naturaleza, que se personificaban en determinados elementales.

Los escandinavos veían en él un símbolo de fiereza. Los cuernos eran una muestra de virilidad, casi un símbolo fálico. Así los vikingos utilizaban cornamentas en sus yelmos de ceremonia, el guerrero humano con los atributos del rey del bosque.

Para los pueblos centroeuropeos su caza pudo muy bien ser un rito de iniciación para los jóvenes cazadores, una ceremonia en la que el novicio recibía los dones de su animal totémico.

Precisamente esta última es la interpretación que nos interesa para introducir el pensamiento junguiano. El uro simboliza la libido y, a la par la “sombra”. Vencerlo es acceder al Centro, pero también integrar la sombra para alcanzar la Totalidad. Al sacrificar al toro, el héroe también sacrifica su instinto.

Añado ahora otra runa citada por Lerate: Runa eh/caballo "es de príncipes gozo entre hombres, en sus cascos soberbio corcel de guerreros, montura de ricos que dan parecer, y siempre al fogoso de mucho provecho".

Veamos… El caballo es el símbolo de la libido, del instinto sexual. Un ejemplo de cómo un símbolo puede catalizar determinados contenidos emocionales, en ocasiones arrastrados por el arquetipo, lo tenemos en una antigua costumbre de los pobladores de Islandia.

Uno de los pasatiempos favoritos de los islandeses eran las peleas de potros. Se los criaba especialmente para este objetivo y se los azuzaba para que combatieran, con frecuencia hasta la muerte.

Originalmente estos combates tenían un carácter religioso por ser el caballo un animal sagrado en esta cultura. Muy a menudo la pasión era tal que se producían también luchas en el público, y los duelos solían provocar víctimas.

Entre esas bestias reinaba Sléipnir, de color gris, con ocho patas. Les hablo del mejor corcel entre dioses y hombres; y claro está, debía pertenecer a Wotan (Odín).

Imagen superior: Beowulf, de Robert Zemeckis © Warner Bros. Entertainment Inc., 2007. Reservados todos los derechos. Cortesía de Warner Bros. Pictures-Publicity Dept.


Añade tu comentario


Código de seguridad
Refescar

Diseño e ilustración

Lo último

org_prado org_thyssen org_Filmoteca org_bne org_auditorio org_CDN
 

Cultura en Positivo

Contenidos originales

Book Review

El Ministerio de Cultura identifica a Cine y Letras como una revista que ofrece contenidos respetuosos con los derechos de propiedad intelectual, y por ello nos distingue con el sello "Cultura en positivo". LEER MÁS...