No hay fantasía sin lógica. Bien lo sabía Lewis Carroll cuando, observando que las matemáticas y el ajedrez podían combinarse con un cuento de hadas, creó uno de los clásicos imperecederos de la literatura universal: Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland, 1865).
Lewis Carroll es el sobrenombre del reverendo Charles Lutwidge Dodgson, un personaje culto y excéntrico, cuya biografía ha hecho las delicias de los psicoanalistas.
Ese interés revela no sólo que Carroll penetró en un territorio íntimo –el de los sueños, la imaginación inconsciente y los deseos–, sino que el libro posee una identidad que trasciende sus páginas.
En parte, esta cuestión está relacionada con un ingrediente literario, el nonsense (el disparate o absurdo), que el escritor administró en su relato como si fuera la cosa más normal del mundo, y que divierte tanto a los niños como a los adultos.
Tanto en su estructura como en su expresión, Alicia abre un universo complejo, denso y fascinante, lleno de juegos y referencias.
Sin embargo, la aventura de esa niña que persigue al conejo blanco es, al mismo tiempo, una peripecia encantadora y absorbente, que atrapa nuestro interés sin pedantería, y desde luego, sin subrayar esa profundidad de significados.
“Ha habido –escribe al respecto Morton N. Cohen– escritores eminentes que han comprendido el sentido de lo que decía Carroll en los libros de Alicia.
Pero también hemos sido bombardeados por una horda de conjeturas absurdas, principalmente de investigadores psicológicos resueltos a desvelar la profunda motivación del autor y a descubrir en los libros significados ocultos.
Estos analistas a veces parecen empeñados en una controversia por ganar un premio por la más extravagante lectura de los textos”.
Los orígenes del libro son bien conocidos.
Carroll lo llevó a cabo en 1865, cumpliendo una promesa que les había hecho, durante un paseo en barca por el Támesis, a tres niñas a quienes tenía mucho aprecio: Lorina Charlotte Liddell, Alice Pleasance Liddell y Edith Mary Liddell, hijas de Henry George Liddell, vicecanciller de la Universidad de Oxford.
La obra se enriqueció con soberbias ilustraciones de John Tenniel.
Una primera tirada de dos mil ejemplares fue seguida por otras, cada vez más cuantiosas. El éxito confirmó las cualidades de Alicia, un texto que fue admirado por todo tipo de lectores.
De hecho, suele repetirse que lo disfrutaron dos contemporáneos tan diversos como Oscar Wilde y la reina Victoria.
En 1871, Lewis Carroll se sintió inspirado por otra amiga, Alice Raikes, para escribir una continuación: A través del espejo (Through the Looking-Glass and What Alice Found There).
En 1886 publicó por vez primera el texto que sirvió de borrador a su obra maestra: Aventuras de Alicia bajo tierra (Alice's Adventures Under Ground).
No mucho después, adaptó su novela pensando en los lectores más pequeños.
Esta nueva versión lleva por título Alicia para niños (The Nursery "Alice", 1890).
Antes de que Walt Disney llevase a la pantalla su adaptación animada (Alicia en el País de las Maravillas, 1951), ya se habían rodado seis versiones, empezando por Alice in Wonderland (1903).
Ese interés de los cineastas por esta obra no ha decaído.
El acercamiento más reciente se debe a Tim Burton, un realizador que siempre se ha sentido atraído por el mundo surrealista de Lewis Carroll.
Nadie duda, a estas alturas, que Alicia es un libro de culto.
“Los dictados aparentemente absurdos, y sin embargo, rigurosamente lógicos de los personajes de Alicia –escribe Jaime de Ojeda– han encantado a los científicos, que se han complacido en encabezar sus escritos con citas de las Alicias para ilustrar cómo de una realidad aparente puede surgir otra contradictoria, no menos real. De esta manera, lo que parecía ser un cuento para pequeños se ha convertido en una de las lecturas más asiduas de los grandes”.
“Lo cierto es que el disparate de Carroll –apunta Martin Gardner– no es tan casual y sin sentido como le parece al moderno niño americano que intenta leer los libros de Alicia.
Digo intenta porque ha pasado la época en que los menores de quince años, incluso en Inglaterra, podían leer Alicia con el mismo placer que leen, digamos, El viento en los sauces o El mago de Oz. Hoy día los niños se sienten perplejos y a veces asustados ante la atmósfera pesadillesca de los sueños de Alicia. Sólo el hecho de que los adultos –científicos y matemáticos sobre todo– sigan disfrutando con los libros de Alicia les ha asegurado a éstos su inmortalidad”.
Definir la experiencia que Carroll propone sigue siendo, en el fondo, un desafío.
“Todo parece un poco raro en el País de las Maravillas –nos dice Seth Lerer–.
Si por su parte Humpty Dumpty se encuentra con los números al revés, por la suya también Alicia se había encontrado con las palabras de Jabberwocky escritas al revés (el poema sólo tiene sentido cuando lo coloca frente al espejo). Estamos aquí ante un mundo ‘raro’ (queer), término que, con sus variantes, aparece en más de veinte ocasiones a lo largo de Alicia en el País de las Maravillas y de Alicia a través del espejo”.
Temas y valores
En el universo de Alicia caben la fantasía y la sátira, pero más allá de estos dos factores, los lectores pueden descubrir una historia de aprendizaje, en la cual se ponen de manifiesto la inteligencia y el humor.
No podrás olvidar...
Ese país donde todo es posible, habitado por criaturas alocadas e inolvidables.
Edad recomendada
Con más de doce años, cualquier lector puede acercarse al País de las Maravillas.
Para niños de edad inferior, es preferible la adaptación realizada por el propio Lewis Carroll: Alicia para niños.
(© Guzmán Urrero Peña)
Alicia para niños
Alicia para niños es la adaptación que Lewis Carroll preparó para los más pequeños cuando comprobó el enorme éxito que había cosechado Alicia en el País de las Maravillas, libro no pensado, en principio, para la infancia más tierna.
Cuidadosamente seleccionó los veinte dibujos más apropiados de John Tenniel y pidió a la pintora Emily Gertrude Thomson que los coloreara.
Esta breve y deliciosa historia recoge las peripecias esenciales que vive Alicia detrás del Conejo Blanco, el Gato de Cheshire o en la corte de la Reina de Corazones.
(© Edaf)
Las aventuras de Alicia
No es la primera vez que los lectores se rebelan contra los previsibles destinatarios de los libros.
Unos fueron dirigidos a adultos, y se apoderaron los jóvenes de ellos; otros fueron destinados a niños, y los adultos escribieron tesis.
Alicia pertenece a estos últimos.
En cuanto Alicia entra en ese mundo de fantasía, donde puede encogerse como un insecto o crecer como un gigante, y donde cobran vida las cartas de una baraja o las piezas de un ajedrez, es difícil sustraerse a su encanto.
Lo dijo Andrew Lang: “Estos libros, llenos de imaginación y humor, nos sugieren mucho más de lo que nos dicen, y los que hemos crecido con ellos encontramos cada año nuevos mensajes”.
(© Anaya).
Lewis Carroll
Lewis Carroll, seudónimo del reverendo Charles Lutwidge Dogson, nació en 1832.
Además de profesor, fue matemático, inventor de juegos y rompecabezas, aficionado al teatro, muy buen fotógrafo, escribió más de cien mil cartas y también fue uno de los más destacados cultivadores de la literatura nonsense, o del absurdo.
Murió en 1898.
(© Anaya) Copyright del comentario © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Jaime de Ojeda (Alicia en el País de las Maravillas) © Alianza Editorial. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Martin Gardner (Alicia Anotada) © Akal. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Seth Lerer (La magia de los libros infantiles) © Seth Lerer.
Traducción castellana de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda.
Ares y Mares, Editorial Crítica. Reservados todos los derechos.
Copyright de la sinopsis y nota editorial de Alicia en el País de las Maravillas © Grupo Anaya. Reservados todos los derechos.
Copyright de imágenes, sinopsis y nota editorial de Alicia para niños © Edaf. Reservados todos los derechos.































































































