El contrato que Julio Verne firma con el editor Hetzel le obliga a idear tramas constantemente.
Una de las más afortunadas es la de una novela que inicialmente va a titularse El correo del zar, y que al fin se llama Miguel Strogoff (Michel Strogoff. De Moscou à Irkoutsk).
La obra se publica por entregas, y con enorme éxito, entre el 1 de enero de 1876 y el 15 de diciembre de 1876.
Ese mismo año, Hetzel comercializó Miguel Strogoff en dos tomos: el primero apareció en verano y el segundo en otoño.
En muy poco tiempo, y como era de esperar, su personaje principal se hizo extremadamente célebre.
Miguel Strogoff, el correo del zar, es uno de esos héroes infatigables cuyo sentido del deber sólo puede compararse a su coraje.
El enemigo al que ha de enfrentarse es poderoso: los invasores tártaros al mando del emir Feofar Kan, que ya galopan por la estepa de la Siberia oriental.
El zar encomienda a Strogoff una difícil misión: debe llegar a Irkutsk y poner sobre aviso al gran duque, gobernador de aquel apartado rincón del imperio, que tiene bajo su mando a un regimiento de cosacos de infantería.
Sin embargo, el pérfido Iván Ogareff –uno de los mejores villanos que salieron de la pluma de Verne– se encarga de poner a prueba el temple de Strogoff.
A lo largo del relato, el escritor ejercita sus dotes de observación, y demuestra que para dotar de realismo a esta aventura tuvo que documentarse meticulosamente.
Así lo explica Herbert Lottman: “Fue un día, en compañía de Hetzel, a visitar al embajador ruso, para someter, motu proprio, el texto a la aprobación del mismo.
Había contado también con el privilegio de que lo leyese el ilustre escritor ruso Turguéniev, amigo y consejero literario de Hetzel. Y Verne, por su parte, había recurrido a las fuentes contemporáneas más fidedignas y, si se apartaba a veces de la realidad, era para suavizar las críticas de los viajeros al régimen autocrático de Rusia”.
La acumulación de detalles es grande pero nunca llega a fatigar.
Verne es un narrador claro, inteligible.
Sospecho que pocos autores habrían llegado tan lejos partiendo de un argumento que, en otras manos, hubiera caído en lo folletinesco.
“Leer a Julio Verne –escribe Fernando Savater– es como subir a un globo sin lastre, como cabalgar en un cometa, como dejarse arrastrar al abismo por una insondable catarata: y todo ello, dentro del más estricto y hasta prosaico sentido común.
Es soñar, desde luego, pero sin renunciar por ello al cálculo, a la reflexión e incluso al proyecto; es aliarse con el delirio y poner el mito a nuestro servicio, para llegar al realismo más pleno e irrefutable, para asentarnos irrevocablemente en la estricta cotidianidad que nos rodea asumida como imaginación realizada”.
Temas y valores
Después de leer Miguel Strogoff, no creo que el lector, sobre todo en edades tempranas, tenga ningún inconveniente en asumir los valores de este inmortal personaje: su sentido del deber, su valentía, su lealtad, su altruismo y su sentido de la justicia.
No podrás olvidar...
La famosa escena en que el emir Feofar Kan ordena al verdugo que ciegue a Miguel Strogoff con una espada al rojo vivo.
Edad recomendada
Con doce años cumplidos, cualquier lector se sentirá fascinado por el relato de Verne.
Después de lo dicho anteriormente, no extrañará a nadie que también la recomiende a lectores de mayor edad.
Esta es una aventura clásica, que debe figurar en cualquier biblioteca.
(© Guzmán Urrero Peña)
Miguel Strogoff (Edición de Anaya Infantil y Juvenil)
O no volverá a ver las cosas de la tierra.
Era el versículo del Corán que Miguel Strogoff oyó antes de que la hoja incandescente de un sable al rojo vivo pasara delante de sus ojos.
Desde ese momento culminante, el lector, ya irremisiblemente atrapado, acompaña al correo del zar por las estepas siberianas, compartiendo su tesón, sus dudas, tal vez la superstición de aquella liebre de mal agüero que se cruzó en el camino, y acaso su secreto.
Novela de aventuras, donde el viaje argumental del protagonista se convierte en viaje iniciático del joven, añade la virtud de aliviar la tensión narrativa con las ocurrencias humorísticas de los periodistas Blount y Jolivet.
(© Grupo Anaya)
Julio Verne
Hijo de una familia burguesa, tuvo una voluntad literaria inquebrantable.
Pese a la obligación paterna de cursar leyes y a la presión familiar para que abandonase su vocación, el escritor pudo superar las coacciones y obstáculos combinando su afición con los negocios y el amor, hasta que en 1862 obtiene su primer contrato con el editor Hetzel.
Comienza entonces a publicar la serie Viajes extraordinarios, con títulos como Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, La vuelta al mundo en ochenta días, etc., obras con las que dio forma al nuevo género novelístico de la ciencia-ficción y que la crítica acogió con gran entusiasmo.
Copyright del comentario © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Fernando Savater (Misterio, emoción y riesgo) © Fernando Savater, Editorial Ariel. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita de Herbert Lottman (Jules Verne) © Anagrama. Reservados todos los derechos.
Copyright de imágenes, sinopsis y nota editorial © Grupo Anaya S.A. Reservados todos los derechos.































































































