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Julio Verne: "Viaje al centro de la Tierra"

Viaje al centro de la TierraViaje al centro de la Tierra (Voyage au centre de la Terre) es una de las novelas más conocidas de Verne.

Editada el 25 de noviembre de 1864, cuenta la historia de una arriesgada expedición: la que protagonizan el valiente Axel y su tío, el profesor Otto Lidenbrock, cuando descienden por un cráter en Islandia, con la idea de alcanzar el núcleo terrestre.

Verne completa el manuscrito de Viaje al centro de la Tierra durante el verano de 1864.

Realiza esa labor en su casa de Chantenay, atentamente vigilado en la distancia por su editor, Hetzel.

Pese a que los niños de la familia le distraen –incluido su propio hijo Michel, que cuenta tres años de edad–, el escritor logra acabar la novela a tiempo.

Dentro de la serie de los llamados Viajes extraordinarios, esta es una de las creaciones más notables.

El protagonista es Axel, un chico huérfano que acompaña en la aventura a su tío y tutor, el profesor de química Otto Lidenbrock.

Guiados por un antiguo documento, viajan a través de un cráter volcánico hasta el centro de la tierra, donde, entre otros prodigios, encuentran pruebas de vida prehistórica.

El nuevo libro, según el biógrafo de Verne, Herbert Lottman, “se basa en unos conocimientos científicos menos evidentes que los de las anteriores exploraciones.

El hecho de que el autor se permita especular libremente acerca de la composición del planeta, así como la circunstancia de que la búsqueda comience y concluya en el interior de un volcán –los volcanes habían de fascinar siempre a Jules Verne– ha incitado a algunos a ver en este descenso, con sus pruebas y sus misterios, algo así como el viaje iniciático del más joven de los dos protagonistas”.

Ciertamente, Viaje al centro de la Tierra admite esa lectura alegórica.

Pero no es una obra compleja, que debamos interpretar con claves fuera del alcance de la mayoría.

Al contrario, se trata de una lectura apasionante, llena de incentivos, accesible y entretenida.

“Todo Verne está en ella –escribe Fernando Savater–: el escenario insólito, la empresa prodigiosa, el adolescente tímido y renuente, pero emprendedor, el adulto enérgico que lleva a cabo la iniciación, las fuerzas indomables de lo oculto, la significación implícitamente metafísica del riesgo y del descubrimiento…”

(Copyright © Guzmán Urrero)

De vez en cuando surgen unos proyectos, severamente racionales y catastróficos, para llegar al centro de la Tierra.

No en un viaje alegórico hacia el pasado del planeta, con billete de ida y vuelta, como en la novela homónima de Julio Verne, sino como en el plan de otro personaje verniano, el de Sans dessus dessous, que intentaba desviar el eje terráqueo mediante la artillería de un gigantesco cañón (gigantesco para las grandezas de 1889).

Ahora podríamos mejorar las fantasías estrictas de Verne y producir una grieta que llegase al núcleo planetario, para enseguida rellenarla con hierro fundido.

Quizá bastara con todo el hierro disponible en la superficie, no más que eso.

Se compensaría porque suponemos que en el centro de nuestra pelota cósmica hay un inmenso núcleo férreo que valdría la pena alcanzar.

El núcleo está allí, cabe concluir, desde hace unos 4.400 millones de años, a unos 6.400 kilómetros bajo nuestros pies, los tuyos entre ellos, lector/lectora.

Una hipótesis sobre su dinámica sostiene que gira a distinta velocidad que el resto del planeta, como si fuera un planetilla autónomo que se niega a corresponderse con el otro, el periférico, por lo que estaríamos en un sistema descentrado.

La vida tardó 1.000 millones de años en aparecer.

Estas cifras vertiginosas son nuestra verdadera antigüedad, frente a la cual la historia humana es un tardío momento, bien que calificado con exquisitez por nuestro narcisismo de especie elegida.

¿Qué tal si enviáramos una nave subterránea al centro de la Tierra, como enviamos naves espaciales a Marte y la Luna? ¿Lograríamos satisfacer nuestra necesidad de hallar un centro, al menos uno, inmovilizarlo para que sea realmente central, partir de él para que nuestras magnitudes no sean meras conjeturas en el infinito?

(Copyright © Blas Matamoro)

Temas y valores

Viaje al centro de la Tierra es un canto al coraje, el afán de conocimiento, el altruismo y la lealtad.

No podrás olvidar...

Ese mundo subterráneo, poblado por criaturas de un tiempo remoto.

El escenario es grandioso, y además refleja el afán de descubrimiento y conquista que mueve a Lidenbrock.

Quienes conozcan otras obras del escritor francés, reconocerán en esa ambientación volcánica un entorno muy querido por Verne.

“Es sabido –escribe Carlos García Gual en su reseña de El volcán de oro publicada en El País– que a Julio Verne le apasionaban los volcanes con toda su tonante pirotecnia.

En sus novelas abundan las erupciones espectaculares y esos cráteres que comunican con el fondo tenebroso de la tierra y que cobran a menudo un valor simbólico”.

Edad recomendada

Dependiendo de su afición a la lectura, podrán disfrutarla los lectores de diez u once años.

En todo caso, la versión íntegra de la novela es más adecuada para niños de doce años en adelante.

(© Guzmán Urrero Peña)

Viaje al centro de la Tierra (Edición de Anaya Infantil y Juvenil)

Un jeroglífico medieval casi indescifrable puede permanecer largos siglos durmiendo entre las hojas de un libro viejo.

Pero, cuando por azar caiga en manos del audaz profesor Otto Lidenbrock de Hamburgo, desencadenará el viaje más espectacular de todo el siglo XIX.

El profesor, su sobrino Axel y el impasible Hans verán maravillas el el interior del globo, iluminados por una inmóvil luz incomprensible.

Esta novela, la más fantástica, la menos científica, tal vez la más literaria de Verne, cautivará a los lectores por la intensidad de la narración y por el indefinible misterio que encierra la naturaleza cuando se penetra en ella por los caminos de la imaginación.

(© Grupo Anaya)

Julio Verne

Hijo de una familia burguesa, tuvo una voluntad literaria inquebrantable.

Pese a la obligación paterna de cursar leyes y a la presión familiar para que abandonase su vocación, el escritor pudo superar las coacciones y obstáculos combinando su afición con los negocios y el amor, hasta que en 1862 obtiene su primer contrato con el editor Hetzel.

Comienza entonces a publicar la serie Viajes extraordinarios, con títulos como Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, La vuelta al mundo en ochenta días, etc., obras con las que dio forma al nuevo género novelístico de la ciencia-ficción y que la crítica acogió con gran entusiasmo.

Copyright del comentario © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.

Copyright de la cita de Fernando Savater (Misterio, emoción y riesgo) © Fernando Savater, Editorial Ariel. Reservados todos los derechos.

Copyright de la cita de Herbert Lottman (Jules Verne) © Anagrama. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes, sinopsis y nota editorial © Grupo Anaya S.A. Reservados todos los derechos.


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