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Libros para niños. Literatura infantil y juvenil

Índice de Artículos
Libros para niños. Literatura infantil y juvenil
Contagiar el deseo de leer
Leer es comprender
La importancia de leer cuentos
Libros para niños y jóvenes
Leer para comprender el mundo
Todas las páginas

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¿Qué podemos hacer para que los niños lean? ¿Cómo conseguir que disfruten con los libros? ¿Podemos ayudarles a convertirse en lectores? ¿Y qué hacer cuando se trata de lectores adolescentes? Ésas son las preguntas que tendrán respuesta en las próximas líneas, y que a su vez sirven de introducción a la sección que en Cine y Letras dedicamos a los libros para niños y jóvenes.

Desde 1981, año en el que inició sus actividades, la Fundación Germán Sánchez Ruipérez ha demostrado que es una de las instituciones más notables y eficaces en ese difícil campo que es la promoción de nuevos lectores. Según consta en su plan de actividades, su objetivo general es la creación, fomento y desarrollo de todo tipo de actividades culturales y, muy en especial, del libro y la lectura. “Nuestra Fundación –ha dicho el propio Germán Sánchez Ruipérez– está comprometida con un ambicioso proyecto cultural y educativo en una sociedad democrática. Estimular las formas más variadas de creación cultural, contribuir al fomento de la lectura, a la innovación educativa y al desarrollo de los estudios universitarios, son objetivos que orientan nuestras acciones”.

Entre las actividades de la Fundación, figura la concesión del Premio Periodístico sobre Lectura. Está dotado con doce mil euros para el escritor del artículo premiado, y una escultura de Alberto Corazón –uno de nuestros grandes diseñadores, escultores y pintores– para el medio de comunicación que haya publicado ese texto.

Un repaso a los artículos premiados en anteriores nos permitirá elaborar un listado de reflexiones y consejos, muy útiles para aquéllos que deseen incitar a sus hijos a la lectura. El placer de leer, planteado desde todos los ángulos, será a partir de aquí el verdadero protagonista.

La experiencia de leer

En 2007 José María Guelbenzu consiguió el VIII Premio por su artículo Hubo una vez una novela, editado en el suplemento Arte & Letras del “Heraldo de Aragón”, el 15 de marzo de 2007.

“Lo que el padre o la madre –escribe Guelbenzu– no pueden hacer, un libro sí puede. Un libro es una conquista personal; la lectura, una propiedad única; la intimidad, una exigencia necesaria. Y como viene ocurriendo desde la misma tradición oral del cuento, toda narración contiene de un modo u otro una enseñanza que procede de la experiencia. Lo que singulariza esa enseñanza es el hecho de ser elegida, aceptada, querida. Quien entra en una narración, por la causa que sea, está aceptando considerar una experiencia ajena y lo hace como decisión personal; la asimilará, la discutirá o la sobrepasará, pero su actitud está dictada por la curiosidad, que es la antesala del conocimiento. Y habrá empezado, además, a adquirir su experiencia literaria”.

Clara Sánchez ganó el premio en 2006 por su artículo Pasión lectora, publicado en el diario “El País”.

“Para mí es algo definitivo –leemos en ese texto–, si en un escáner sale que leer genera felicidad, si se encienden los puntos que hacen de nosotros seres menos agresivos, violentos y mediocres, no sé a qué esperamos para lanzarnos a una librería o a una biblioteca. Además, habría que añadir los últimos descubrimientos sobre las neuronas-espejo, las que nos hacen empatizar con el prójimo. Será por eso que Mercè Rodoreda (y no ha sido la única) decía que una novela es un espejo. Una idea no tan simple si pensamos que para sobrevivir necesitamos vernos reflejados en los demás de todas las formas posibles. Ya lo advertía la misma Biblia de un modo mucho más inquietante al decir que en esta vida se ve la realidad como en un espejo. Después la veréis cara a cara. ¡Uf! (…) Todos nos hemos tropezado con obras de las que hay que levantar la vista de vez en cuando para saborearlas más y que al terminarlas y cerrarlas cobran más vida todavía, reviven en la imaginación, como si en el fondo le hubieran estado chupando la sangre al lector, mientras el lector se la chupaba a ellas. La sangre que circula por el interior de las letras, de las palabras, es absorbida por una mente, que a su vez le entrega todo lo que sabe y lo que ha llegado a ser en esta vida. Y por eso la lectura es el único caso de doble vampirización del que todos salimos fortalecidos, con el corazón más fuerte, y más jóvenes”.

Contagiar el deseo de leer

El artículo premiado en la edición de 2005 fue Estrategias del deseo o trucos para leer, escrito por Emili Teixidor y publicado en el suplemento Culturas del diario “La Vanguardia”. “Contagiar el deseo de leer –nos dice Teixidor– es como contagiar cualquier otra convicción profunda: sólo se puede conseguir, o mejor intentar, sin imposiciones, por simple contacto, imitación o seducción. No se trata de llenar ningún vaso –cerebro– vacío, sino de prender en una zarza el fuego que nos agita. Por el simple contacto de una llama. El mejor contagio/contacto es el ejemplo”.

“Primer truco –recomienda el escritor–. Primero lee tú y los demás imitarán el placer que tú expandas. Predica con el ejemplo. (…) Segundo truco. Todos los lectores tienen su nivel y hay que conocerlo antes de recomendarles un libro. Sepamos antes cuáles han sido sus últimas lecturas, lo que han leído con agrado o con dificultad, cuáles son sus intereses... en fin, qué deporte y en qué categoría está el equipo de sus preferencias... literarias”.

“Tercer truco –continúa Teixidor–. En algunos países han establecido la hora del silencio en la cual todo el personal debe permanecer callado y con un libro en las manos, desde la directora hasta el conserje, y aplicarse en la lectura. Una hora diaria. No todos leerán al mismo ritmo. Lo que importa es facilitar tiempo y espacio para aprender la disciplina que requiere toda lectura atenta. Muchas escuelas hacen algo parecido, un rato de silencio con libros, mientras esperan el inicio de las clases”.

“Cuarto truco –añade–. Aprovechemos todas las oportunidades para leer o hacer leer en voz alta. ¿Por qué no se memorizan poemas, y se organizan recitales en las escuelas? La memoria, dicen, es el marcapasos de la inteligencia. (…) Quinto truco. Sólo lo difícil es estimulante. Las razones para leer de los adolescentes son las mismas que las de los adultos; la curiosidad desbocada, la pasión por descubrir otros mundos, de conocer a héroes o canallas osados, transgresores... ¿Puede despertar el deseo un texto masticado, preparado, recomendado... y mil veces descubierto? (…) Sexto truco. Huir de la cultura de protección exacerbada por los miedos de los adultos. Muchos adultos conciben la lectura como un salvavidas contra los embates de la vida, y no como una barca libre dispuesta a la aventura personal”.

Leer es comprender

Alvaro Pombo ganó el Premio Periodístico sobre Lectura en 2004. El artículo que le hizo merecedor del galardón lleva por título Libros nuevos y renuevos de abril, y apareció en en las páginas del suplemento “El Cultural”, el 22 de abril de 2004.

“Pensemos que el leer –escribe Pombo en el citado artículo– se ha ido volviendo sinónimo del comprender: leer el corazón, leer los signos de los tiempos, leer en las palabras de los poetas las equívocas señalizaciones del dios divino. Leer es comprender”.

“Leer es siempre releer para después hacer memoria –dice el escritor–. ¡Cuánto hemos vivido entre los libros! ¡Hasta qué punto pertenecemos todos nosotros a los libros! Cuenta Emilio Lledó que conoció a un Heidegger mayor, muy silencioso —y subraya mucho Lledó este silencio del último Heidegger—, y que se reunió con él y con un grupo de amigos en una tabernita, y que Heidegger sacó del bolsillo en medio de la conversación unos papeles y eran páginas arrancadas de la Crítica del juicio y de la Crítica de la razón práctica de Kant. ¿No nos reconocemos todos nosotros, lectores de siempre, lectores tan nuevos, tan renuevos, en este tan poco moderno, tan escasamente extraplano, tan poquísimo internauta comportamiento de Heidegger? Llevar las hojas de los libros, deshojadas como pétalos, como los pájaros de papel en el pecho de Vicente Aleixandre”.

“Hay que leer muchísimo –concluye–, muchos libros, pero a la vez como si nos dirigiéramos, utópicamente, hacia un único libro. Es parte de la esencia fractal de cada libro, ser todos los libros. Es parte de la esencia fractal de la conciencia ser todas las conciencias. El alma, cada alma, cada conciencia, es, dice Aristóteles, en cierto modo, todas las cosas. Y es que la lectura, los libros, nos vuelven hacia el interior de nosotros mismos, hacia la experiencia inmanente que se abre hacia nosotros mismos: ahí resplandece, en pleno abril, el mundo”.

La importancia de leer cuentos

El premio de 2003 correspondió a otro magnífico escritor, Gustavo Martín Garzo, autor del artículo Instrucciones para enseñar a leer a un niño, publicado en el suplemento Blanco y Negro Cultural del diario “ABC” el 17 de abril de 2003.

“Conviene empezar cuanto antes, a ser posible en la habitación misma de la clínica de maternidad, ya que es aconsejable que el futuro lector esté desde que nace rodeado de palabras. No importa que, en esos primeros momentos, no las pueda entender, con tal de que formen parte de ese mundo de onomatopeyas, exclamaciones y susurros que le une a su madre y que tiene que ver con la dicha”.

El placer de leer comienza en esa experiencia entre un padre o una madre y su hijo. “Por eso –recomienda Martín Garzo– los adultos deben contarle cuentos, y sobre todo, leérselos. Es importante que el futuro lector aprenda a relacionar desde el principio el mundo de la oralidad y el de la escritura. Que descubra que la escritura es la memoria de las palabras, y que los libros son algo así como esas despensas donde se guarda todo cuanto de gustoso e indefinible hay a nuestro alrededor, ese lugar donde uno puede acudir por las noches, mientras todos duermen, a tomar lo que necesita”.

“Sería aconsejable –añade–, si me apuran, que los padres no los tuvieran demasiado a la vista, sino que los guardaran dentro de grandes armarios, que a ser posible mantendrían cerrados con llave. Aunque de vez en cuando se olvidarían esa llave, o de cerrar esos armarios, dándole al niño la opción de llevarse los libros cuando nadie les viera. Pero lo más importante es que el niño vea a sus padres leer”.

Libros para niños y jóvenes que serán grandes lectores

Un escritor que ha reflexionado largamente sobre el papel de los libros en nuestra vida personal y en la deriva de nuestra civilización es Alberto Manguel. En 2002 le correspondió el premio de la Fundación, en reconocimiento a su artículo Placeres de la lectura, editado en Babelia, suplemento cultural de “El País”, el 31 de agosto de 2002.

“Mi biblioteca –escribe– es una suerte de autobiografía. En la proliferación de anaqueles hay un libro para cada instante de mi vida, para cada amistad, para cada desilusión, para cada cambio. (…) Cuentos, leyendas, aventuras, las vidas ricas y arriesgadas del Capitán Nemo, de Sherlock Holmes, del Zorro Reinhardt y de Gatito, de Robinson Crusoe, de Pinocho, de Emilia y de Narizinho, y de tantos otros que conocí entre las cubiertas de un libro, fueron mías desde muy temprano. Dos aspectos de su lectura me deleitaban por sobre todo: saber la conclusión de sus viajes y poder olvidarla al abrir una vez más el libro. Uno de los encantos de la lectura, común en los libros y en los lectores de una cierta edad, es la repetición”.

“Placer del diálogo con antiguos iluminados –añade–, placer de la aventura extraordinaria. También, y no menor, placer de la experiencia indirecta, vivida por otro para nosotros solos. Vivir en el Londres de Dickens, en el Madrid de Galdós, en la Sicilia de Pirandello; asistir a los descubrimientos de Fabre y de Plinio: sentir la pasión de Medea, la desolación de Törless, la rebelión de Montag, la tristeza de Pelo de Zanahoria –ser, por un momento, quienes soñaron ser estas criaturas levemente inmortales–. Vivir lo imposible: perderme en el oscuro placer de las pesadillas de Bioy, de Stevenson, de Wells, de Silvina Ocampo, de Cortázar, de Tibor Déry, de Kobo Abe”.

El año anterior, este premio fue a parar a manos de Fernando Savater, autor del artículo El verano de Sauron, publicado por “El Diario Vasco”. En ese texto, asistimos a la emoción del lector que descubre uno de esos libros que se instalan en la memoria para no abandonarla.

“Ignoro si los libros –escribe– siguen todavía significando para alguien –en este mundo de videojuegos y cruceros por Internet– lo mismo que supusieron para algunos fanáticos cuando yo era joven: pero doy fe de que entonces eran una aventura, un riesgo prohibido, una fiesta. El verano más loco y fantástico de todos los que recuerdo lo pasé precisamente atrapado por un libro. Para ser más exactos: hechizado por un libro y amenazado por un cuartel”.

¿De qué libro nos habla Fernando Savater? Pongámonos en situación. El escritor acababa de cumplir veintitrés años. Como castigo pot sus actividades antifranquistas de la universidad, las autoridades le denegaron la prórroga de incorporación al servicio militar. “Tenía ante mí dos meses –dice–, dos brevísimos meses estivales, los últimos antes de la catástrofe castrense que clausuraría mi alegre y rebelde despreocupación juvenil”.

Fue entonces cuando Savater descubrió una edición inglesa de El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. Sin dominar la lengua en que estaba escrita la novela, el escritor decició leerla con ayuda de un diccionario. “Mañana y tarde –escribe– penetraba en la Tierra de Enmedio, viajaba con Bilbo y Sam, luchaba junto a Gandalf y Aragorn, sintiendo siempre la amenaza del enorme ojo sin párpado de Sauron que me miraba desde el agua cóncava. Elfos y orcos me hicieron olvidar a los sargentos que poco después iban a darme órdenes. Había un doble placer: buscar despacio palabra por palabra en el diccionario para construir cada episodio como un rompecabezas emocionante y otras veces inventar o intuir el significado de los términos desconocidos para llegar cuanto antes al anhelado desenlace. Lento, rápido, intenso: el deleite. Después volví a leer El señor de los anillos en francés y más tarde en español, pero nunca disfruté tan salvajemente como con esa rústica lectura en la lengua apenas conocida, aquel verano”.

Leer para comprender el mundo

El diario “El País” publicó el 15 de diciembre de 2000 un artículo de Juan José Millás, Leer, que fue reconocido en la edición de ese año del Premio Periodístico sobre Lectura.

“No se escribe para ser escritor –decía Millás en ese artículo–, ni se lee para ser lector. Se escribe y se lee para comprender el mundo. Nadie, pues, debería salir a la vida sin haber adquirido estas habilidades básicas. De otro modo se dependerá de quien las posea del mismo modo que aquél que no sabe hacer una tortilla depende de quien se la hace. Por lo que se refiere a las tortillas, ya dependemos de las industrias especializadas en platos preparados, precocinados, predigeridos y previsibles. En cuanto a la lectura, se da el caso de que a medida que aumenta el número de personas alfabetizadas, aumenta también el de las personas que no entienden lo que leen. Llamamos a esto analfabetismo funcional, si me permiten el juego de palabras, porque funciona muy bien: cada día estamos más torpes”.

“Saber leer, pues, es saber leer la realidad y encontrarse en disposición de estar o no de acuerdo con ella. Saber leer es saber leerse, construirse, cocinarse a uno mismo en lugar de tomar la versión precongelada, precocinada, predigerida y previsible de sí que ofrece el mercado de la autoimagen”.

Ilustración superior: Carl Larsson, Esborjn haciendo sus tareas (1912)

Hubo una vez una novela © José María Guelbenzu, “Heraldo de Aragón”, 2007. Reservados todos los derechos.

Pasión lectora © Clara Sánchez, “El País”, 2006. Reservados todos los derechos.

Estrategias del deseo o trucos para leer © Emili Teixidor, “La Vanguardia”, 2005. Reservados todos los derechos.

Libros nuevos y renuevos de abril © Álvaro Pombo, “El Cultural”, 2004. Reservados todos los derechos.

Instrucciones para enseñar a leer a un niño © Gustavo Martín Garzo, “ABC”, 2003. Reservados todos los derechos.

Placeres de la lectura © Alberto Manguel, “El País”, 2002. Reservados todos los derechos.

El verano de Sauron © Fernando Savater, “El Diario Vasco”, 2001. Reservados todos los derechos.

Leer © Juan José Millás, “El País”, 2000. Reservados todos los derechos.


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