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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Memorias del Hielo / Malaz: El libro de los caídos 3

"Crónica del alba", de Ramón J. Sender

Crónica del albaÉrase una vez un magnífico escritor que usó el género de la novela para narrar su vida y las vidas de cuantos le rodearon en su pasado. O aún mejor: en esa parte que le tocó apurar de la Historia de España, con todas sus grandezas, con toda su intensidad y su miseria. Para no dilatar el misterio, les diré que hablo de Ramón J. Sender —no hay muchos otros novelistas capaces de esa proeza—, y en concreto, de su mejor novela, Crónica del alba (1942-1966).

Escrita como eso que algunos llaman novela río, Crónica del alba tiene una claridad estructural que no impide a su autor hazañas formidables en lo que concierne al estilo y al desarrollo dramático. De hecho, el vaivén de los acontecimientos atrapa de tal modo al lector que este llega a sentirse en manos de un experto folletinista.

No se alarmen, no incluiré a Sender en esa especialidad, pero, al menos, déjenme que lo elogie por dos cualidades que Alejandro Dumas, maestro y virtual creador del folletín, supo entender como nadie: el largo aliento de la trama y la dosificación magistral de las revelaciones.

Quien protagoniza Crónica del alba es Pepe Garcés, prisionero en el campo de Argelés, y alter ego del propio escritor, quien se inmiscuye en el relato como si fuera el albacea del protagonista.

A este último, por cierto, lo seguimos a través de los años, desde su infancia hasta la Guerra Civil. Nueve libros, organizados en tres tomos, dan la medida de esa biografía reinventada.

Entre algunos domingueros de la reciente novela española, autores de ocasión, casi siempre volcados del lado testimonial y naturalista, empeñados en relatar los ecos de nuestra guerra; entre esos escritores históricos, decía, echo de menos la profundidad, la compasión y la inteligencia que Sender acredita en su obra.

La palabra memoria repercute en estas páginas. De hecho, a nadie se le oculta que Sender tiene mayor vigor cuando conmemora en sus páginas el pasado. Y así como Borges defiende que todo libro es una confesión, no es raro que el aragonés proceda muchas veces ocultándose tras sus personajes, hablando por su boca como un ventrílocuo haría con su marioneta. Luego —ya se ha dicho más de una vez— ordena, aumenta o mengua su anecdotario para someterlo al desarrollo novelesco, y de ese modo convierte la proyección biográfica en literatura.

Memoria y narración acaban siendo una misma cosa para un lector que también es confidente, sobre todo si atendemos al denso ciclo narrativo de Crónica del alba, donde el personaje Pepe Garcés, prisionero en el campo de Argelés, se puede equiparar a su creador por dos de sus propiedades, a saber, la puramente sensible y que casi irradia emotividad, y la que cabría llamar circunstancial, pues su vida transcurre en los mismos paisajes donde se resolvió la vida de Sender.

Después de las comparaciones, no ha de extrañar que diversos estudiosos hayan insistido en considerar el ciclo como una crónica (también periodística), soberbia por su calidad narrativa y fiel a la realidad por sus certezas autobiográficas.

En esta línea, la presencia en la trama del mismo escritor (como dije, albacea de Garcés) no hace sino complicar gozosamente un juego de espejos en cuya superficie va perfilándose la España contemporánea.

Desde el periodo anterior a la guerra civil hasta el estallido de ésta, la existencia de José Garcés se sostiene lo largo de los nueve libros a los que hice referencia más arriba. A saber: Crónica del alba, Hipogrifo violento, La Quinta Julieta, El mancebo y los héroes, La onza de oro, Los niveles del existir, Los términos del presagio, La orilla donde los locos sonríen y La vida comienza ahora.

De todos ellos, resulta especialmente hermoso el tramo que comprende la infancia aragonesa del protagonista y su amor por Valentina. Así lo pone de manifiesto Francisco Carrasquer en su artículo «Sender por sí mismo», donde escribe lo siguiente: «Pues lo que es por falta de memoria y amor no quedará la patria (chica) de Sender, porque la ha memorizado con muchos cientos de páginas y la ha amado como nadie a través de su madre implícitamente y muy explícitamente por mor de Valentina, de la que hace en su primer tomo de Crónica del alba una joya literaria luciendo en un joyero cuasi biográfico de una poesía penetrante y conmovedora» (Sender en su siglo, p. 281).

Consciente de la incorregible barbarie del hombre, el narrador ideado por Sender evoluciona con una serena melancolía.

Aunque respetuoso con la claridad formal, el escritor sabe cuándo ha de dosificar su talento poético, y con esa energía elabora estructuras más complejas, donde da expresión a emociones extasiadas, sensuales y también feroces.

Por las cosas dichas puede verse cuáles son los motores que impulsan la obra senderiana y la virtud de todas sus partes.

Usando mucha cautela en esta pista filosófica, Juan Carlos Ara Torralba apunta nuevas razones en «Ocasión del vacío: la escritura de Ramón J. Sender (1901-1982)».

Así, el ensayista no se contenta con el trazo impresionista y define el influjo dominante en la doctrina novelesca del aragonés: «En la pertinaz persecución del sentido, del espacio vacío e inefable, Sender —ciertamente el primer fugitivo de su misma escritura, evadido imposible de la memoria— encontró su lugar, que no fue otro que la propia literatura, la persistencia redundante. Era su modo de tratarse —de retratarse—, un tantico tozudo y un mucho de solitario obcecado, tal como él mismo trataba a sus protagonistas. Por ello es fácil percibir en la literatura senderiana, al quite de pocas páginas, una especie de impaciencia por la revelación» (Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 612, p. 118).

La posteridad quiere al escritor aragonés como un intelectual que se acerca a la Historia de un modo singular, bien distinto a como lo harían un periodista o el conservador de la sección de antigüedades de un museo. Ya lo ven: Sender se cobija tras el biombo de la memoria, y luego se las arregla para transformar su propia experiencia en un texto fascinante.

Sinopsis (Alianza Editorial)

Cima de la labor creadora de Ramón J. Sender (1901-1982) en el exilio, Crónica del Alba es un prodigioso edificio literario que constituye, a la vez, un valioso testimonio sobre la España de la primera mitad del siglo xx. La azarosa existencia de José Garcés ­la circunstancia de que el personaje literario lleve el segundo nombre y el apellido materno del autor apoya la conjetura de que el ciclo es una autobiografía novelada­ se despliega a lo largo de las nueve novelas que integran la obra y que se publican, en esta edición, agrupadas en tres volúmenes: «Crónica del alba», «Hipogrifo violento» y «La Quinta Julieta», «El mancebo y los héroes», «La onza de oro» y «Los niveles del existir», y «Los términos del presagio», «La orilla donde los locos son-ríen» y «La vida comienza ahora».

Ficha editorial

11 x 17,5 cm.
496 Páginas
Rústica Fresado
I.S.B.N.: 978-84-206-5581-9
Código: 3465067
11,06IVA no incluido
11,50IVA incluido
Junio 2003

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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