Escritos literarios, Leonardo da Vinci. Edición de Augusto Marioni. Traducción de Giovanna Gabriele Muñiz. Alianza, Madrid, 2005, 197 pp.
Por si le faltara alguna disciplina, Leonardo también escribía. De sus papeles, dispersos como todo lo suyo, se han antologado aforismos, fábulas, pequeños ensayos, polémicas con nigromantes y alquimistas, traducciones, fantasías, retazos inclasificables. Hay, para completar el retrato letrado del genio, un escrutinio de su biblioteca y unos esbozos geométricos. Humanista de su tiempo, se ve en Leonardo a un estoico moderno, una inteligencia confiada en el orden matemático del mundo, un pragmático para el cual la verdad es hija de la acción y la experiencia.
La naturaleza se le da como necesidad, economía, causalidad. En ella, el hombre es la consciencia y la conciencia, la duplicación de quien juzga y sabe que juzga, el sabio y el moralista. Así se construye el mundo, en cuyo centro está el hombre, pero no un Hombre abstracto y modélico, sino cualquier hombre. Y si poetizar es también saber, vaya un ejemplo a modo de alhaja: «El agua que tocas de los ríos es la última que se fue y la primera que llega. Así, el tiempo presente». La selección es útil, lo mismo que la introducción.
Las traducciones, por momentos, resultan incorrectas, por problemas de ordenación sintáctica y concordancias, a los cuales se suma el uso superfluo de italianismos: tirocinio, lascible, Quatrivio, las ciudades de Roma (por ciudades latinas, cabe conjeturar).
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.












































































































