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Memorias del Hielo / Malaz: El libro de los caídos 3

Historia del Necronomicón

El Necronomicón según H.R. GigerEn “La ciudad sin nombre” y “El ceremonial” figura uno de los recursos capitales y más característicos en los Mitos de Cthulhu: el libro maldito.

En “La ciudad sin nombre” sólo se menciona a su autor, Abdul Alhazred. Por suerte, en “El ceremonial” sí se cita ese grimorio, el mítico Necronomicón.

Lovecraft, como ya habían hecho antes otros autores de género fantástico (M.R. James, Chambers...), se sirvió del recurso de incluir en sus relatos referencias, o incluso fragmentos, de libros mágicos, esotéricos y con frecuencia malditos.

Este recurso, como indica Lin Carter, sirve para apoyar la existencia de las monstruosidades descritas en los Mitos de Cthulhu, dando un toque de autenticidad y de erudición. No olvidemos, que junto con la atmósfera, uno de los detalles que más perseguía Lovecraft en sus relatos era el tono realista, y era normal que para ello se sirviera de detalles menores, que adornaban la ambientación y la hacían más creíble.

Pero estos libros nunca eran protagonistas de la narración -pese a que alguno ha superado la fama del propio autor que los imaginó – sino un elemento más de la trama a la que se supeditaban.

Sin embargo, existe un relato de Lovecraft que no es de los Mitos de Cthulhu y sí de su primera etapa (escrito en 1920), en el que podemos decir que el libro es el protagonista de la historia.

Este relato titulado “El grabado en la casa”, forma parte del ciclo de terror en Nueva Inglaterra, más clásico y macabro que el terror cósmico. En dicho cuento, un horrible y extraño anciano propietario de una granja vieja y decrépita perdida en el valle Miskatonic, posee un ejemplar del valioso libro “Regnum Congo” (1598). Se trata de un libro real, obra de Francisco Antonio Pigafetta, uno de los compañeros de Magallanes en la primera vuelta al mundo.

Ilustración de Santiago Caruso

En esta descripción que hace Pigafetta del territorio del Congo, se habla de las costumbres caníbales de algunos de sus habitantes, tema que ilustra morbosamente algún grabado... de ahí el título del relato.

Lo cierto, es que este volumen en sí no se antoja terrible o malsano, sino más bien valioso, sobre todo si nos referimos a su edición latina de 1598.

Es Lovecraft el que se encarga de dotar a este incunable de un halo tenebroso al ponerlo en manos de este más que inquietante anciano.

No es de extrañar que “Regnum Congo” no vuelva a mencionarse en el resto de la obra de Lovecraft, a diferencia de lo que sucede con el libro “Magnalia Christi Americana” de Cotton Mather, que trata sobre ocultismo y brujería y que también aparece, como un adorno más, en “El grabado en la casa”.

En su afán por dar verosimilitud a sus creaciones, Lovecraft no se limitó a usar libros esotéricos mágicos o de saberes extraños científicos, ocultistas o alquímicos. Liberando su fantasía, mezcló libros de su propia invención con los grimorios reales, de enorme poder evocador.

Entre los libros reales que mencionaba Lovecraft, es normal que aparezcan tratados de historia de la brujería, otros más cercanos a la alquimia o la metafísica, y otros en clave mística.

A modo de resumen, arriesgo la siguiente selección: “Thesaurus Chemicus” de Bacon, “Turba Philosophorum”, “The Witch-Cult in Western Europe” de Murray, “Ars Magna et Ultima” de Lulio, el Zohar, “The Story of Atlantis and the lost Lemuria” de Scott-Elliot, “Sadducismus Triumphatus” de Joseph Galnvil...

Por supuesto, ese bibliómano que fue Lovecraft también hizo uso de libros legendarios. Tal es el caso del “Libro de Thoth” y del “Libro de Dzyan”.

El primero de ellos, según la remota leyenda, es un papiro egipcio que contiene poderosas fórmulas mágicas, lo que le ha hecho atrayente para más de un escritor de género fantástico.

En cuanto al “Libro de Dzyan” se supone que procede de la Atlántida, aunque es un conjunto de supercherías escritas por Helena Petrovna Blavatsky en el siglo XIX, y luego divulgadas por los teósofos que siguieron a esta embaucadora dama.

En todo caso, lo que acá debe interesarnos son los libros canónicos de los Mitos de Cthulhu, lpura invención de Lovecraft.

Entre estos títulos, sobresalen el citado “Necronomicón” de Abdul Alhazred, los “Manuscritos Pnakóticos”, el “Texto de R’lyeh”, los “Siete libros crípticos de Hsan”, los “Cantos de Dhol”...

l Necronomicón viene a ser la estrella de este grupo de libros imaginarios. Dicha obra fue descrita por Lovecraft, como dice Rafael Llopis, “con tal lujo de detalles bibliográficos y se citan tantos pasajes suyos en los Mitos que mucha gente ha llegado a creer en su existencia real”.

En su época, Lovecraft tuvo problemas al respecto, puesto que muchas de las personas que le escribían lo hacían para preguntarle por el libro en cuestión, empeñadas en hacerse con una copia o acceder a su lectura en alguna biblioteca.

Lovecraft se sentía orgulloso de que un libro inventado por él pudiera pasar por real. En 1927 fomentó esta leyenda cuando escribió, a modo de broma, “La historia del Necronomicón” (cuya traducción figura en “La noche del océano y otros escritos inéditos”, publicada por Edaf).

A la hora de leer esa "Historia", podemos entenderla como un detallado informe bibliográfico sobre el infame libro y sobre las traducciones disponibles, repleto de datos históricos, aunque no exento de algunos errores.

Probablemente el relato de Lovecraft en que mayor protagonismo adquiere el Necronomicón sea el fallido "El horror de Dunwich"; donde no sólo se cita la biblioteca de la universidad de Miskatonic como poseedora de una de las pocas copias intactas, sino que además se alude a su página 751, que encierra un horrible poder y abre las puertas al mismísimo Yog-Sothoth.

Este poder esotérico y sobrenatural del libro, queda refutado en los últimos relatos de Lovecraft, los más científicos (“En las montañas de la locura” y “En la noche de los tiempos”). En ellos, se especula con el argumento más realista de que este libro sólo encierra la remota historia de nuestro planeta, plagada de entidades extraterrestres que le dominaron entonces.

El poeta loco Abdul Alhazred habría sido víctima de sus propias alucinaciones al interpretar mal esa lectura.

August Derleth, más proclive al terror sobrenatural, abusó de este recurso en sus relatos de los Mitos de Cthulhu, que suelen ser un desfile de libros extraños y malditos.

Por supuesto, el Necronomicón fue de sus favoritos y no le importó introducirlo en relatos como “El que acecha en el umbral”, que incluye más de un fragmento de esa obra oscura, redactado por el propio Derleth.

El Necronomicón ha superado su condición de curiosidad literaria para transformarse en un fenómeno sociológico, con visos de leyenda urbana. Si usted, amigo lector, trabaja en una librería o en una bilioteca sabrá a qué me refiero. ¿Cuántos lectores buscan esta obra como si realmente fuese un tratado disponible para el público?

No es de extrañar que sean numerosas las revistas esotéricas que, por medio de irresponsables artículos, siembran la confusión entre aquellos que poco o nada conocen de Lovecraft.

Más inocentes eran las bromas de bibliófilo que, hace unas cuantas décadas, se gastaban en torno a la existencia del Necronomicón. Tal es el caso de esta entrada en el catálogo de un librero de viejo que comenta nuestro amigo Derleth:

“Alhazred, Abdul. The Necronomicon. España, 1647. Lomo de piel algo ajado y descolorido, por lo demás en excelentes condiciones. Numerosos pequeños grabados enmadera de signos y símbolos esotéricos. Al parecer es un tratado (en latín) de Magia Ritual. El sello de ex libris en la página de respeto indica que el libro procede de la biblioteca de la Universidad de Miskatonic”.

Insuperable, ¿no es cierto?

Bibliografía

Al Azif: El Necronomicón escrito por L. Sprague de Camp (1973, edición inglesa ISBN 1-58715-043-3)

El Necronomicón de "Simon" (1979, edición inglesa ISBN 0-380-75192-5)

Las Puertas del Necronomicón de "Simon" (2006, edición inglesa ISBN 0-06-089006-1)

H.R. Giger's Necronomicon', colección de dibujos de H.R. Giger (1991, edición inglesa ISBN 0-9623447-2-9)

The Necronomicon editado por George Hay (1993, edición inglesa ISBN 1-871438-16-0)

Necronomicón: El libro maldito de Alhazred por Donald Tyson (2004, edición española ISBN 84-414-1648-6)

El Necronomicón. Relatos basados en los mundos de H. P. Lovecraft editado por Robert M. Price. Colección de relatos. (2002, edición española ISBN 84-8421-507-5)

El Necronomicón (2008, La factoría de ideas, tercera edición. ISBN 978-84-9800-398-7)

Imagen superior: Portada del segundo volumen con la obra gráfica de Giger dedicada al Necronomicón.

Copyright de la ilustración central (Santiago Caruso, "El horror de Dunwich") © Libros del Zorro Rojo. Cortesía del departamento de comunicación de Libros del Zorro Rojo. Reservados todos los derechos.


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