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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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"Indian Country", de Dorothy M. Johnson
"Jane Eyre", de Charlotte Brontë
"Teleshakespeare", de Jorge Carrión
"La Dama sin Límite y otras historias", de Seabury Quinn
"Yo acuso", de Emile Zola
"Una autobiografía soterrada", de Sergio Pitol
"El hombre sin atributos", de Robert Musil
"Sonetos del amor oscuro", de Federico García Lorca
"Los zapatos rojos", de Hans Christian Andersen
"El topo", de John Le Carré
Memorias del Hielo / Malaz: El libro de los caídos 3

“Interpretar a Shakespeare”, de John Gielgud

Interpretar a ShakespeareInterpretar a Shakespeare, John Gielgud, traducción de Manu Berástegui, Alba, Barcelona, 2001, 292 pp.

Gielgud (1904-2000), con casi ochenta años de teatro, cine y televisión, algo podía contar de sus experiencias. Nieto de Ellen Terry, proviene de Irving y la tradición romántica inglesa, y llega hasta Peter Greenaway y su neoesteticismo posmoderno.

Centrándose en Shakespeare, ha abordado tanto sus tragedias como sus comedias, con tiempo suficiente como para encarnar al adolescente Romeo, al joven Hamlet y a los viejos Lear y Próspero. Hacer la lista de sus colegas y los directores, escenógrafos, músicos y vestuaristas con los que actuó sería enciclopédico.

Una de las utilidades de este libro es, precisamente, el acarreo de hábil información, proporcionada tanto por el actor como por los artículos periodísticos añadidos en un largo apéndice, incluida la abundante iconografía.

En otros órdenes, sumados los juicios técnicos y estéticos del sabio comediante, puede llamar la atención la modestia del artista, inesperada en un hombre del espectáculo. Sir John es autocrítico hasta la crueldad, si menciona elogios los deja en boca de otros, y resulta enfáticamente generoso con sus colegas (desde luego, de talla elevada: Laurence Olivier, Ralph Richardson y suma y sigue).

Lo es con personajes de fácil trato, de difícil convivencia y aun de extravagante genio, como Orson Welles. El libro puede leerse, también, como parte de sus memorias, Early Stages (1976).

No hay confidencias personales pero se advierte que Gielgud no sólo pasó gran parte de su larga vida en el teatro, sino que halló en las tablas el lugar de su felicidad, el refugio contra los reveses del mundo, y la sociedad con esa masa de desconocidos que parecen amar a sus actores tanto como éstos a aquéllos: a distancia, intensamente, anónimamente.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos


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