¡Tierra, tierra!, Sándor Marai. Traducción de Judit Xantus Szarvas. Salamandra, Barcelona, 2006, 446 pp.
Precoz fue Márai como memorialista, con sus Confesiones de un burgués, donde narró su origen, formación y primeras errancias. Luego, en este libro, hizo la crónica, con vaivenes de fechas al ritmo de las libres asociaciones del recuerdo, de su vida entre 1944 y 1948, es decir entre el final de la ocupación nazi de Hungría y el comienzo de su definitivo exilio, tras la instauración del comunismo, en 1948.
Hijo de un pueblo aislado por su lengua y su escasa sintonía con el resto de Europa, Márai se identifica con ese ejercicio de soledad y extrañeza que impone ser húngaro.húngaro. Perdido eí imperio en la primera guerra mundial, con la memoria de haber sido un país asolado e invadido por occidentales y turcos, Hungría soporta la ocupación alemana y luego la soviética, dos maneras de expulsar a los suyos hacia un destierro donde el ejercicio de la lengua nacional acentúa el aislamiento y la extranjería.
Y así discurre la historia del escritor, denostado por las izquierdas e ignorado por las derechas, amputado de su éxito en suelo nativo y recuperado póstumo como uno de los más efectivos narradores europeos de su tiempo. Errabundo, distinto, melancólico y obstinado, Márai es uno de los últimos y paradigmáticos románticos del continente. Lo es sin sentimentalismo y sí con ironía rayana, a menudo, en un pesimismo nihilista.
Todo esto lo habilita a tomar distancia y ver claro, tanto como se puede ver lo contemporáneo, siempre tan entreverado con la carne viva y mortal, Retratos, reflexiones y relatos episódicos hacen lo mejor del volumen, un ejercicio de la desolación compuesto por un condenado a morir que vaga entre la oscura indiferencia de un mundo sin sentido, refugiado en la mística residual de la literatura. Libre ante la muerte -de nuevo: romántico- su largo camino tiene, por fin, una meta: el suicidio. Entre tanto, su incesante escritura lo salva de la cruel y absurda obligación de vivir. Una ética convertida en estética, una estética como promesa de probidad para una moral.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.











































































































