Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Memorias del Hielo / Malaz: El libro de los caídos 3

La España negra de José Gutiérrez Solana

 La España Negra, de José Gutiérrez SolanaEn España se explota mucho el romance callejero. Así lo dejó escrito el pintor y literato José Gutiérrez Solana (1886-1945), cuyo temario guarda íntima relación con ese género popular, tan rico en coplas criminales, manchas de vino, máscaras pintarrajeadas y mitologías taurinas.

Al hilo de todo ello, de forma inevitable, me vienen a la memoria las palabras de Camilo José Cela, quien nos describió durante una conferencia el cortejo funerario de alguien que bien pudo ser el pintor.

Acaso me traicione la memoria, pero la escena relatada por Cela era poco más o menos así: la comitiva cruza una feria humilde, entre barriles de arenques, pilas de sillas, puestos de baratijas y barracas donde se exhibe algún fenómeno.

Es una tarde polvorienta y la música de manubrio anima el baile. De pronto, uno de los amigos del difunto grita: «¡Qué paren el tiovivo, que llevamos un muerto!». Cesa entonces el jolgorio. Con respeto, el corro de feriantes cede paso al cortejo. Luego, cuando el ataúd ya ha cruzado la feria, vuelven a sonar los organillos y palmotean los espectadores.

Aun en medio de su dramatismo negro, esta secuencia evoca la vibración del carnaval solanesco. Uno de sus amigos y admiradores, Ramón Gómez de la Serna, describió del siguiente modo el papel del pintor como testigo de aquella época: «Solana hace verdadera geografía pintoresca, propalando lo que hay en el barranco a los que están lejos del barranco. Ve el teatro nacional lejos de su sede teatral. Transfunde la sangre roja y negra de Iberia» (Solana, Picazo, 1972, p. 207).

Insistiendo en esa poética trémula y desairada, Ramón viene a recordar cómo el artista volcó en sus textos literarios la gran farsa de la vida, la fiereza y la evidencia mortal:

“Solana —nos dice— es un escritor formidable, que ha encontrado los bajos de las cosas y que ha hallado piedras talladas espesísimas de realidad y de expresión. Su pluma y su tintero para escribir son de esa clase de plumas y tinteros que hay en las estaciones para escribir los talones, o de esas que también hay en las viejas oficinas de Telégrafos, y con las que el público tiene que hilar la tinta rusticana” (Op. cit., p. 150.)

Para apreciar este cuajo literario de Solana, disponemos de varias de sus obras, muy apreciadas en el callejón de los bibliófilos: Madrid: escenas y costumbres (primera serie, 1913-segunda serie,1918), La España negra (1920), Madrid callejero (1923), Dos pueblos de Castilla (1924) y la novela Florencio Cornejo (1926).

Mejor difundida, su obra pictórica consta en diversos catálogos y honra varias colecciones. Si hemos de caracterizarla, baste decir que, como admirador de Goya y de Eugenio Lucas, Solana reflejó en sus lienzos la argamasa de lo hispánico, solidificada bajo el sol y los excesos. Incluso su cuadro más conocido —aquél de 1920, donde retrata a Ramón y a otros tertulianos del Café Pombo— acredita el fervor dramático que le inspiró el noventayochismo.

Viajero infatigable, nuestro autor supo reunir numerosos apuntes de la España rural y castiza, vigorosamente feísta, calurosa e instintiva, ensimismada en tradiciones de crudos colores.

La España de los barracones con techo de lona y vitrinas con figuras de cera en su interior. En suma, la España negra: un repertorio de taberna, macizo y espeso, descrito por el pincel del artista con un genio que nunca fue lo bastante aclamado.

De hecho, pese a dar a conocer sus novedades en la Exposición de Artistas Ibéricos (1925) y en muestras como la que organizó en París, en 1938, el pintor vivió una existencia sin oropeles, concentrada en un cigarrillo durante las altas horas de la noche, o en una charla de café, bulliciosa y jovial.

Por eso, cuando en el escaparate del arte moderno se acumulan relucientes naderías, no es mala cosa reivindicar los vértigos de Solana. Al cabo —esto lo dijo Ramón—, la vida se encara con nosotros como está encarada en sus cuadros.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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