Aunque de formación científica (estudió y ejerció como médico), Sir Arthur Conan Doyle manifestó un creciente interés por el espiritismo y las comunicaciones con el Más Allá.
Se trata de un interés que coincide con una corriente en auge en su época de atracción hacia el espiritismo, y que se incrementó a raíz de la desgraciada pérdida de su hijo Kingsley en la Primera Guerra Mundial.
Su fe en las comunicaciones con el Más Allá le lleva a participar en sesiones espiritistas, dar conferencias y escribir estos dos opúsculos místicos que nos revelan minuciosamente la vida después de la muerte, anticipándose a ciertos planteamientos de la actual New Age, en los que llega a afirmar: «Todos los difuntos están de acuerdo en declarar que el tránsito al otro mundo es fácil a la vez que indoloro y va seguido de una profunda sensación de paz y bienestar. El individuo se encuentra en un cuerpo espiritual absolutamente análogo al precedente, salvo que todas sus enfermedades, debilidades o deformidades le han abandonado. Este cuerpo espera o flota al lado del antiguo cuerpo y tiene conciencia tanto de éste como de las personas circundantes».
Comentarios y referencias
"Un deber imperioso se había impuesto. Un deber humanitario. El mundo estaba en paz frente al hogar en ruinas. El dolor por los perdidos se hacía más profundo en el silencio. Ahora que hombres y mujeres tenían tiempo para recordar. Más que nunca había necesidad de comunicar su mensaje: No han muerto.
Su libro La Nueva Revelación había sido publicado en junio de 1918. Su sucesor, El Mensaje Vital, había de aparecer un año más tarde. Tan pronto como terminara su historia de la guerra en seis volúmenes, por la cual no aceptó ganancias, para que llegara así a un precio menor a manos de los veteranos de la guerra, pensaba dedicar todo su tiempo, todas sus energías y todo su talento a la causa del espiritismo. Eso era todo." (John Dickson Carr, La vida de Sir Arthur Conan Doyle, Editorial Zig Zag, Santiago de Chile, 1951)
"Fue en aquella época, quizás como consecuencia de la pérdida de tantos seres queridos, cuando la creencias espiritistas de Doyle se agudizaron. Al principio de la guerra todavía no era más que un simple simpatizante, pero, tal y como declaró más tarde en La nueva revelación (1918), todas las muertes y los sufrimientos de la guerra le convencieran de que los seres queridos tenían que seguir viviendo después de la muerte. Ya en 1916 había anunciado su conversión en la revista psíquica Light. Poco después, declaró que estaba en contacto con trece madres que se comunicaban a través de rnédiums espiritistas con sus hijos muertos." (Nuria Hernández de Lorenzo, Apéndice de El país de la bruma, Anaya, 1996).
Ficha editorial
Traducción de Alfonso Siglas
Colección: El Club Diógenes / CD–064
Año: 1996
ISBN: 84–7702–184–8
Págs: 224
Precio: 5,71 EUR
Copyright de imágenes y nota editorial © Valdemar. Reservados todos los derechos.











































































































