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Memorias del Hielo / Malaz: El libro de los caídos 3

"La Regenta", de Leopoldo Alas "Clarín"

La RegentaEn su viaje por el laberinto literario, el comentarista y el crítico necesitan etiquetas. Señas de identidad, aires de familia que ponen en relación —a veces en discusión— páginas escritas con similar talante. Pero digámoslo de una vez: hay novelas que rebosan cualquier marco.

De entre ellas, La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”, es una de las más nombradas, muy a pesar de quienes suelen constreñirla entre los márgenes del naturalismo.

Les decía que hay más de un manual, y más de dos, donde se define la novela de Clarín como naturalista ¿Quiere esto decir que deba discutirse esa definición?

Obviamente, no. La Regenta (1884), además de otras cosas, es también una obra naturalista, y su código genético se corresponde con el de La desheredada (1881), de Galdós.

Pero no lo olvidemos: Clarín integra en su evolución los giros positivistas de Zola, asume el rigor científico del naturalismo y luego acaba cortejando el idealismo. No pertenece, por consiguiente, a la casuística del dogma literario.

Como quien sobrepone estratos, el novelista se revela en La Regenta como un historiador y sociólogo, capaz de resumir, con letra apretada y en un tomo, los vaivenes de la España de la Restauración.

¿Se sobreentiende, por tanto, que hablamos de una novela de corte histórico? ¿O más bien de una sátira moralista? Permítanme que, por no extenderme, dé la callada por respuesta.

El lector actual —a no ser que quiera orientarse en los anaqueles de un comercio— ya no se divierte con este tipo de juegos clasificatorios. Con todo, cierto es que Clarín se lo puso fácil a los académicos, publicando más de un artículo sobre el teorema naturalista. Y lo hizo con soberano desparpajo. «Yo no soy más que un oportunista del naturalismo», llegó a escribir.

Sin duda, a muchos de nuestros contemporáneos les parecerá más sencillo afrontar La Regenta entendiendo que, ante todo, se trata de una soberbia novela psicológica.

Dicha novela, auspiciada por la propaganda que supone su ingreso entre los clásicos, no merece un torpe resumen de su argumento. Con recomendar su lectura, debiera bastar. No obstante, para no defraudar a los lectores de contraportadas y a los aficionados a las sinopsis (entre quienes me cuento), condensaré su trama en el siguiente párrafo.

Con su tendencia a los rigores provincianos, Vetusta (o lo que es lo mismo, Oviedo) es el microcosmos en el que Clarín decide situar a sus peones. La protagonista del relato es Ana Ozores, casada con un caballero que la aventaja en años y en rarezas, Víctor Quintanar, ex Regente de la Audiencia.

A su modo, Ana no excluye la ambigua alegría de la infidelidad, así que busca consuelo y distracción frente a la pared ciega de su matrimonio. Contribuyen a este desvío el interés que ella despierta en dos personajes opuestos, el donjuanesco Álvaro Mesía y el canónigo Fermín de Pas, que además es confesor de Ana.

El primero, un Tenorio de corto recorrido, arruina la reputación de la protagonista y destruye de un pistoletazo su matrimonio. Y el segundo, empeñado en medrar como clérigo, se enzarza en un conflicto moral en el que salen perdiendo la carne y el verdadero amor.

La cala en el argumento, aunque mínima, me sirve para dejar clara una última idea. A ojos de Clarín, Vetusta queda sumergida en la oscuridad de un sótano moral. Un sótano donde la infección romántica —quién lo diría— es condiderada un mal que precisa cura.

Nota editorial (Debolsillo / Random House-Mondadori)

En las páginas de La Regenta el joven catedrático de la Universidad de Oviedo, Leopoldo Alas, pretendía crear un gran fresco narrativo sobre la sociedad burguesa y urbana, dominada por la nobleza decadente, el clero egoísta y la política caciquil, centrado en la seducción y el adulterio de una dama, Ana Ozores, representativa de aquella sociedad. Influido por la escuela naturalista fundamentada en Zola y Maupassant, pero anclado aún en argumentos románticos, Leopoldo Alas "Clarín" escribió la que ha sido considerada como la mejor novela del siglo XIX español.

El responsable de esta edición, Gregorio Torres Nebrera, es catedrático de Literatura Española de la Universidad de Extremadura. Especialista en los siglos XIX y XX, de su trabajo destacan sus estudios y ediciones de Larra y Zorrilla, Valle-Inclán, Azorín, Alberti, y los autores del teatro español contemporáneo.

Leopoldo Alas García-Ureña nació el 2 de Abril de 1852 en Zamora. Su infancia transcurrió entre León y Guadalajara, y a los siete años llegó a Oviedo, ciudad en la que pasó gran parte de su vida.

Se recibió de Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo. Comenzó su carrera periodística dándose a conocer como crítico literario y articulista.

En abril de 1875 utilizó por primera vez el seudónimo que lo haría famoso, "Clarín", para firmar un artículo en el periódico El solfeo. Su obra más importante es la novela La Regenta (1885), aunque publicó otra novela Su único hijo (1891), y entre sus cuentos se pueden citar Doña Berta, Superchería y Cuervo.

En 1895 estrenó su única obra teatral, Teresa.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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