La editorial El Nadir sigue descubriéndonos obras y autores que hasta ahora eran difíciles de conocer en nuestro país. Con La sotana en llamas nos acercamos a la obra de Platon Rodocanakis, poseedor de un lenguaje poético exuberante, melancólico y fetichista. Una historia de recuerdos y arrebatos.
Muerto a temprana edad, como solía ocurrir con este tipo de autores tan afectados por el mundo y su propio espíritu, Rodocanakis (1883–1919) desarrolló su obra en una variante de lengua griega muy especial llamada Cazarévusa ("lengua pura", donde se eliminan todas las influencias extranjeras), creada en el siglo XIX por intelectuales y revolucionarios griegos.
Esta peculiaridad de la obra de Rodocanakis lo convierte en un autor muy especial, pero también poco traducido o conocido.
Aunque su manera de escribir resulte afín a movimientos contemporáneos del autor (modernismo, esteticismo), tanto en la estructura libérrima de sus frases como en el hincapié puesto en las imágenes y sensaciones por encima de la propia trama, Rodocanakis se acerca poderosamente a la literatura romántica.
Ya desde el comienzo, el autor y protagonista se muestra como un niño enfermizo y melancólico, fascinado por la naturaleza, la arquitectura y obsesionado con los pensamientos de muerte y pérdida.
Sea por un atracón de caramelos Werther o no, el joven Platon sufre de lo que parece ser un síndrome de Stendhal continuo, que le lleva a una pasión por lo religioso más relacionada con el fetichismo por las pompas, ornamentos y vestuarios propios de la liturgia que por el propio amor al Altísimo.
Es más, las manifestaciones de espiritualidad fascinan al autor tanto si se trata del cristianismo como de los ritos y cantos de los mulás en las mezquitas del oriente, adonde se traslada para recluirse en la escuela de teología de la isla de Jalki.
Rodocanakis se deleita en las descripciones poéticas sensuales respecto a los aromas y atmósferas orientales, plagando el texto de metáforas y símiles, tan abundantemente empalagosos como un dulce musulmán.
En un párrafo, el autor nos habla de su encuentro espiritual con la Mater Lacrymarum, "la que como en sueños vio pasar Baudelaire, sin poder distinguirla bien, pues sus ideas estaban nubladas por la ofrenda del hachís".
Esta frase nos da una idea aproximada de Rodocanakis, una especie de Charles Baudelaire griego más favorable al humo del incienso que al de la mandanga.
Pese a que Rodocanakis, como se narra en el libro, terminara "regresando a la vida" tras su estancia en la escuela de Teología, La sotana en llamas, aunque por su título pudiera parecerlo, no es una obra anticlerical ni revolucionaria, al menos a nivel ideológico.
Se trata más bien de una creación acerca de la pasión y de la búsqueda de un encauzamiento de aquélla, algo realmente complicado para las almas inflamables como las de este peculiar griego.
La sotana en llamas contiene en sus breves 85 páginas un contundente cargamento de cultismos y referencias a diversas mitologías, tanto cristianas como griegas o hebreas. Similar fue la vida del autor, breve pero encaminada a la protección y loa de las tradiciones culturales y espirituales que definieron su tierra.
Sinopsis
Un joven muchacho se siente atraído por la vida contemplativa y decide ingresar un una escuela teológica, a pesar de la oposición de sus padres.
Un monasterio de la isla griega de Jalki será el escenario en donde el joven comience a sentir las nuevas maravillas que pueblan el mundo, más allá del hermético recinto monacal.
Sus experiencias, recuerdos, visiones, las relaciones con sus compañeros y la llamada de la razón, se aliarán con el despertar de los afectos y la pasión por la belleza, para dar al traste con su supuesta vocación. Novela autobiográfica, de gran belleza, regida por un lenguaje que ilumina y conmueve.
Copyright del texto © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.
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