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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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"Indian Country", de Dorothy M. Johnson
"Jane Eyre", de Charlotte Brontë
"Teleshakespeare", de Jorge Carrión
"La Dama sin Límite y otras historias", de Seabury Quinn
"Yo acuso", de Emile Zola
"Una autobiografía soterrada", de Sergio Pitol
"El hombre sin atributos", de Robert Musil
"Sonetos del amor oscuro", de Federico García Lorca
"Los zapatos rojos", de Hans Christian Andersen
"El topo", de John Le Carré
Memorias del Hielo / Malaz: El libro de los caídos 3

"La voluntad", de Azorín

La voluntadLa figura de José Martínez Ruiz, Azorín, sigue vigente, pero no está de más recordar el gran influjo que tuvo sobre los periodistas y narradores que desarrollaron sus carreras mediado el siglo xx.

«Hemos escrito tantas veces sobre Azorín —escribió César González-Ruano—, que nos pasa con él como nos ocurre con Baroja: que no se sabe por dónde empezar, ya que nunca le hemos dejado».

Cuando González-Ruano se acerca al escritor de Monóvar para entrevistarlo de nuevo, este ya es un anciano, y han pasado varias décadas desde que publicó la primera de sus novelas, La voluntad (1902). Admirador, en sus inicios políticos, de Pi y Margall, Azorín ya ha subido todos y cada uno de los escalones del pensamiento que llevan —ahí es nada— desde el anarquismo hasta el conservadurismo.

¿Qué recuerdos le quedan, en su vejez, de aquellos años durante los que le sumaron a la Generación del 98? Muchos, sin duda. Tenemos constancia de ellos gracias a una trayectoria literaria tan longeva como variada y excelente.

«Insisto en que el fundamento del arte literario —le dice Azorín a González-Ruano— es el estudio de las ciencias naturales, es decir, de las ciencias de observación». Y añade esta confesión: «No hay vejez, al menos como la vejez se entiende. La vejez en un escritor es la falta de curiosidad literaria. Perder el apetito de comprender. A los ochenta años podrán faltar fuerzas mentales, pero en cambio, se ven con más finura las cosas».

La misma finura, en mi opinión, que el literato demuestra en las juveniles páginas de La voluntad. El protagonista, llamado precisamente Antonio Azorín, es el típico exponente de la producción azoriniana: reflexivo, de alma honda, cálido, y al tiempo, un tanto nihilista y melancólico ante los destinos del ser humano.

El mismo año en que sale de imprenta el libro, el escritor pasa a formar parte de la redacción del periódico El Globo y organiza el homenaje que se le tributó a Pío Baroja por Camino de perfección. El contexto, como ven, nos lleva a situar al joven escritor en una encrucijada de influencias que explican la riqueza conceptual de su relato.

Precisamente por esa entidad filosófica de la obra, cuesta amoldarla dentro de las fórmulas del género novelesco. En este sentido, La voluntad es moderna, muy moderna, y apunta las maneras de un escritor ambicioso, ajeno a las modas.

Nítida en lo expresivo, vitalista en lo filosófico, bella y poética en las descripciones de ambientes y personajes, la novela tiene una notable trascendencia desde el momento de su publicación. No solo por su lirismo y su innegable originalidad intelectual. También por una estética que podríamos asimilar a la de un constructor de fabulosas miniaturas.

¿Cuál es la trama de La voluntad? ¿Es posible resumir su desarrollo? «Uno de los rasgos más acusados del Azorín novelista —escribe a este propósito Miguel Ángel Lozano Marco— es su desinterés por el elemento argumental, lo que se manifiesta en la falta de peripecias y sucesos en estas páginas representativas de la novela lírica».

Quédese el lector con este párrafo: la voluntad a la que se refiere el título alude a las reflexiones sobre dicha cuestión planteadas por los filósofos Nietzsche y Schopenhauer. Dentro de ese marco de pensamiento, las primeras páginas nos conducen a Yecla, donde asistimos a la formación intelectual del joven Antonio Azorín, atento a las lecciones del maestro Yuste. Justina, la joven por quien Antonio siente interés, acaba dedicándose a la vida religiosa. Pasa el tiempo, y Antonio se desenvuelve en Madrid como escritor y periodista. Cuando retorna a Yecla ya ha perdido cualquier asomo de rebeldía y es otra mujer, Iluminada, quien lo domina en ese desenlace con sabor a fracaso.

La voluntad inicia la trilogía de Antonio Azorín, que se completa con otras dos entregas, Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904).

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

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