En La zona envenenada, el profesor Challenger congrega un día en su casa a sus amigos más próximos, instándoles a traer consigo un curioso capricho: botellas de oxígeno.
Éstos quedan sorprendidos por la petición, hasta que se enteran de la amenaza que pesa sobre la Tierra: Challenger ha descubierto que la atmósfera terrestre va a verse envuelta en una nube tóxica que acabará con la especie humana.
Todos ellos se encierran en una habitación con el oxígeno, dispuestos a aguantar sin esperanzas sus últimas horas de vida, pero descubren, al cabo de unas horas, que la nube tóxica ya ha desaparecido.
Aún consternados por el suceso, salen a la calle y observan los estragos del envenenamiento y, creyéndose los únicos supervivientes, descubren horas más tarde, con gran alegría, que el veneno apocalíptico era sólo un somnífero muy efectivo.
Comentarios y referencias
"Conan Doyle había estado preocupado con asuntos de religión no sólo durante esta concentración, sino durante todo el otoño [de 1913]. Hizo muchas anotaciones en su libreta de apuntes. Estas preocupaciones se reflejaron también en una novela corta sobre las aventuras del profesor Challenger llamada "La zona envenenada", que terminó antes de Navidad. (...) Una faja de gas envenenado se movía lentamente por la tierra aniquilando todos los rastros de vida. Imaginémonos un grupo solitario de cinco personas encerradas en una habitación hermética (en su imaginación era su gabinete de Windlesham con sus ventanas, desde donde se divisaban las (anchas de golf y las colinas) que observan cómo muere todo lo vivo, mientras escuchan el sisear del tubo de oxígeno. Eran parecidos a los pasajeros del Titanic que chocaban con témpanos rodeados de seguridad acolchada" (John Dickson Carr, La vida de Sir Arthur Conan Doyle, Editorial Zig Zag, Santiago de Chile, 1951)
"En La zona envenenada, los cuatro personajes de El mundo perdido vuelven a reunirse para celebrar el aniversario de su asombrosa aventura en Maple White. Los compañeros del profesor Challenger no sospechan los extraordinarios acontecimientos que se avecinan: la Tierra ha entrado en una zona envenenada del éter, y en cuestión de pocas horas toda la vida humana y animal del planeta habrá sucumbido a la intoxicación, cuyos primeros síntomas se han manifestado en una locura colectiva seguida de una muerte universal e indolora. Sin embargo, gracias a la previsión del profesor, ellos consiguen sobrevivir unas horas más en una habitación sellada e hiperoxigenada." (Nuria Hernández de Lorenzo, Apéndice de La zona envenenada, Anaya, 1994).
"El profesor Challenger vive para y por la ciencia; todos los defectos hiperbólicos de su carácter son hijos de su entusiasmo por la apasionante búsqueda de la verdad. La ciencia lo es todo, y pobres de aquellos que se nieguen a tomar interés o que prefieran permanecer en la ignorancia cuando él los brinda la luz de la verdad ... Entonces se desata su pérfido sarcasmo, su violenta furia, que adquiere dimensiones próximas a la justa ira de un dios, porque él deja de ser él para convertirse en emisario y defensor acérrimo de la verdad.(...) Cuando la Tierra lanzó alaridos y La máquina desintegradora son dos cuentos cortos que entran de lleno en el campo de la ciencia–ficción. En ellos intervienen solamente dos de los personajes de los anteriores relatos: el profesor Challenger y el joven Malone." (Nuria Hernández de Lorenzo, Apéndice de La zona envenenada, Anaya, 1994)
Ficha editorial
14 x 20 cm.
Páginas
ISBN: 978–84–207–5633–2
Código: 1501129
13,27 IVA no incluido
13,80 IVA incluido
Marzo 1994
Copyright de imágenes y nota editorial © Anaya. Reservados todos los derechos.











































































































