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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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"Los zapatos rojos", de Hans Christian Andersen
"El topo", de John Le Carré
Memorias del Hielo / Malaz: El libro de los caídos 3

"Las ratas", de Miguel Delibes

Las ratasAntes de entrar en su análisis, repasemos brevemente el asunto que aborda esta novela. A un paso de la vida salvaje, Nini cumple once años junto a su progenitor: el tío Ratero.

Habitan en el interior de una cueva y, para sobrevivir, capturan ratas de agua. Es claro que no son los únicos en depender de la naturaleza: otros lugareños viven bajo el yugo del latifundista local, don Antero, y necesitan que el campo, impredecible en todo sentido, les solucione las necesidades más inmediatas.

Estamos ante una situación de absoluto desvalimiento, moralmente cancerosa, y no extraña que, sin descontar la importancia de otros factores, la increíble aspereza de esa existencia empuje a los protagonistas hacia la tragedia. De otro lado, se hace aún más íntima la relación entre el entorno y los hombres, y así, la alternancia entre civilización y barbarie se resuelve en desgarro e injusticia.

Publicada en 1962, Las ratas revela con pasión esas mismas penalidades que Delibes había tratado previamente de comentar en las páginas de El Norte de Castilla.

Como bien señala Luis López Martínez, el escritor confecciona un documento social con el propósito de retratar la misérrima existencia en el páramo castellano y los atropellos que sufrían sus habitantes. Ciertamente, hay aquí un claro propósito etnográfico, en la tradición de los grandes novelistas del XIX. Nada, en apariencia, más próximo al realismo. Por otra parte, al igual que sucedía en El camino, en Diario de un cazador y en su magnífica secuela, Diario de un emigrante, «no podemos hablar de un hilo o trama argumental que una el relato de Las ratas. Lo que en esta novela se nos cuenta es la historia, un tanto deshilvanada, de un pueblo castellano donde vive un personaje real que propio autor conoció en Cuéllar (Segovia) y que se dedica a cazar ratas de agua para venderlas o para alimentarse él mismo» (La novelística de Miguel Delibes, Murcia, Publicaciones del Departamento de Literatura Española, Universidad de Murcia, 1973, p. 146).

La consternación que experimenta el lector ante el espectáculo de ese cazador furtivo, sin otro valor que la resistencia cotidiana, no es menos intensa que el asombro ante los lúcidos pensamientos del Nini, un niño que se convierte en instrumento simbólico. Por todo ello, no es aventurado inferir que, una vez más, Delibes insiste en que la injusticia siempre moldea comportamientos desviados y malogra las posibilidades de futuro. En un dominio filosófico limitado, hombres como el Ratero pueden compartir diálogo con el gran burgués Cecilio Rubes, de Mi idolatrado hijo Sisí, y hallar coincidencias en su horizonte vital. «En definitiva —concluye el escritor—, nos encontramos con dos seres frustrados y acosados por un entorno social que no sirve. De manera que incluso en estas dos novelas que (...) he presentado como antitéticas veo que está la misma idea mía, la idea de la frustración del hombre por una serie de circunstancias preferentemente de tipo social» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», entrevista por Joaquín Soler Serrano, Escritores a fondo. Entrevistas con las grandes figuras literarias de nuestro tiempo, Barcelona, Editorial Planeta, 1986, p. 20).

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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