El nuevo libro del especialista en manga Igor Gobbi aborda uno de los fenómenos más singulares que ha originado el cómic japonés: el cosplay, la afición de los fans a disfrazarse como sus personajes favoritos.
Coleccionismo, eventos sociales, asociaciones de fans e incluso concursos de dibujantes y cosplayers. Todo eso y mucho más ha ido surgiendo al calor de la industria del manga: un fenómeno financiero, artístico y social que ha rebasado las fronteras de Japón y que actualmente prospera en todos los rincones del globo.
La moda no es nueva. En 1995, el 40% de todos los libros y revistas publicados en Japón entraban en la categoría del manga. En la actualidad, ese porcentaje aún mantiene su vigencia.
¿Razones? Hay muchas, pero lo cierto es que tan destacada comercialización se relaciona con el modo peculiar en que se publican las historietas niponas.
Las revistas de cómics abarcan hasta mil páginas de papel reciclado e impresión monocromática. Se venden a precios muy bajos (el coste medio es seis veces inferior al precio estadounidense) y las continuas reediciones evitan la especulación con los ejemplares agotados. Todo ello configura un mercado muy fluido, que se enriquece con la explotación de los personajes en otros medios.
Conceptuado como un medio sin excesiva trascendencia intelectual, el manga se define desde Japón en contraste con las historietas más pretenciosas o sofisticadas, llamadas komikkusu. Por lo demás, este último término suele aplicarse al tebeo occidental de mayor densidad o a ciertos cómics nipones de contenido rebuscado.
Esa popularidad del manga queda demostrada en las multitudinarias convenciones de aficionados, llamadas dōjinshi, donde se reúnen los distintos círculos (saakaru) de seguidores y editores de fanzines.
Un dōjinshi puede congregar a un número superior a los 200.000 asistentes, lo cual da una idea de la importancia de este mercado.
Por lo demás, la complicidad entre los aficionados se expresa en términos como otaku, el equivalente a un pronombre personal honorífico que emplean para entre sí estos lectores.
Cuando esos seguidores del manga deciden disfrazarse como sus personajes predilectos, hablamos de cosplay. Ni que decir tiene que los cosplayers son la parte más vistosa en esas reuniones y convenciones.
Origen del cosplay
La contracción de dos palabras inglesas, costume y play, se debe a Nobuyuki Takahashi. Cuando Takahashi acudió en 1984 a una convención –por más señas, Los Angeles Science Fiction Worldcon– se le ocurrió esta abreviatura para describir la actitud de esos fans que lucen el vestido o uniforme de sus héroes.
Hablamos de aficionados que, por esas fechas, ya se reunían en convenciones de Japón, o en puntos de encuentro característicos, como el distrito Akihabara, en Tokio, donde los cafés y tiendas para cosplayers son un elemento común del paisaje urbano.
De hecho, los primeros cosplayers iniciaron su actividad allá por 1978.
Más arriba les hablaba de los dōjinshi. La más popular es el Comiket, un evento muy popular entre los aficionados al cómic, donde no es raro ver a cientos de fans ataviados con las ropas de Naruto o con la armadura de Mazinger Z.
La base de esta subcultura son las revistas periódicas (zasshi), cuyo número ha sido creciente desde que en 1959 la editorial Ködansha lanzó Shukan Shōnen Magazine.
No olvidemos que cabeceras como Cosmode y Dengeki Layers se dedican específicamente al cosplay.
En 1995, según datos del Research Institute for Publications (Shuppan Geppō) citados por el analista Frederik L. Schodt, existían 265 revistas de manga, la mayor parte de las cuales pertenecía a las compañías Shueisha, Kōdansha y Shōgakukan.
Ese número ascendió ligeramente a lo largo de los cinco años siguientes. De acuerdo con la misma referencia, en 1995 circulaban en el mercado 68 revistas infantiles y juveniles (23 masculinas y 45 femeninas), y 197 para adultos, lo que supuso una circulación de 1.594.750.000 ejemplares.
Actualmente, la industria mantiene esos niveles estadísticos. Las ventas semanalas de Shōnen Jump superan los seis millones, y las de su inmediata competidora, Shōnen Magazine, llegan a los cuatro millones.
El terreno, como ven, está lo suficientemente abonado como para que los cosplayers continúen acogiendo a nuevos personajes y participando en mercados y encuentros multitudinarios.
Ni que decir tiene la subcultura cosplay se ha ido contagiando más allá de las fronteras del archipiélago. Para comprobarlo, basta con acudir a citas como el San Diego Comic-Con, en California, donde ya abundan los seguidores de esta práctica. De hecho, entre los fans de sagas como Star Wars, Star Trek y El Señor de los Anillos ha cundido el ejemplo.
Sinopsis
¿Hasta dónde puede extenderse una afición? ¡Hasta el infinito y más allá! decía Buzz Lightyear, y es justamente en ese mundo fantástico donde los protagonistas de este libro se sumergen para recoger ideas, sugerencias y el valor necesario que les permita dejar el vestido anónimo del ser humano y ponerse el traje de superhéroe o de cybersamurai.
El cosplay pone a nuestro alcance una ficción; es una manera para decir, sin usar palabras, que la narrativa fantástica sigue alimentando nuestra imaginación y es, además, un producto artístico hecho a mano que conlleva un duro trabajo y que no quiere recibir otra compensación que el asombro ilusionado de un grupo de fans del cómic y de los dibujos animados.
Desde Tokio hasta Nueva York, pasando por Londres y París… Todo el mundo está viviendo esta moda que cada día se extiende más, hasta el punto de salir de las paredes de las ferias para invadir la calle y la vida cotidiana.
Sobre el autor
Igor Gobbi es de Turín (Italia) y después de diferentes experiencias en el territorio nacional decidió trasladarse a Mallorca donde, en casi dos años, ha podido escribir diferentes ensayos sobre el mundo de los manga y los anime. Con tiempo y dedicación ya ha publicado Inuyasha, garras y acero, De Magic Island a Sand Land, Bienvenidos al Fantástico Mundo de Akira Toriyama y Manga ABC.
Con este libro ilustrado quiere que todos sus lectores, aficionados y no, conozcan a los cosplayer, gente común que promueve una nueva dimensión de la afición a un personaje, serie o película. El arte de “disfrazarse” tiene una historia muy larga y apasionada que ha seguido evolucionando y ahora es de lo más fascinante.
Ficha editorial
Cosplay: El arte de disfrazarse
Colección Manga Books #16
Autor: Igor Gobbi.
Formato: 180 págs.
Precio: 13,95 euros.
ISBN: 978-84-92458-77-6
Copyright de imagen inferior y sinopsis © Asociación Cultural Cómic Mallorca. Cortesía de Asociación Cultural Cómic Mallorca. Reservados todos los derechos.
Imagen superior: Olivia Munn vestida como la Princesa Leia. Fuente: Anime Nut / Alan. Permission is granted to copy, distribute and/or modify this document under the terms of the GNU Free Documentation License, Version 1.2 or any later version published by the Free Software Foundation; with no Invariant Sections, no Front-Cover Texts, and no Back-Cover Texts. A copy of the license is included in the section entitled GNU Free Documentation License.
Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).
































































































