Meditación en un estudio radiofónico
La pregunta es obvia: ¿por qué un joven con el talento de Jerry Goldsmith quiere ligarse a la industria del cine?
No es fácil responder tajantemente a esta cuestión. Es cierto que Castelnuovo-Tedesco gana un buen dinero gracias a Hollywood –Jerry conoce las partituras que su preceptor ha escrito para The Stars Look Down (1940), de Carol Reed, y El extraño caso del Dr. Jekyll (1941), de Victor Fleming–, y podemos creer que el italiano le comenta a su pupilo las condiciones del contrato que, merced al apoyo de Jascha Heifetz, ha firmado con la Metro-Goldwyn-Mayer.
Tampoco es improbable que sea Gimpel quien contagie esa cinefilia a Goldsmith –cumpliendo un modesto compromiso, el maestro aparece tocando el piano en Luz de gas (1944), de George Cukor–. Pero no parece objetivo ni suficiente limitar esa pasión a un influjo externo.
De hecho, en esta apertura de horizontes, el deseo de crecer como compositor viene a ser lo que motiva ese acercamiento a Hollywood. Por gratitud, Goldsmith cita la fascinación que le inspira la partitura ideada por Miklós Rózsa para Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock.
¿Dije fascinación? Y también aprendizaje.
Recordemos que es el propio autor húngaro quien, con su acento mal aprendido, le adiestra en el oficio de producir bandas sonoras. Mencionarlo es casi reiterativo: desde su departamento en la USC, Rózsa aspira a consolidar una nueva generación de músicos de cine; un plan éste que se aviene con el hecho de que Goldsmith y el propio Williams figuren entre sus seguidores aventajados.
Ciertamente, Rózsa guarda algún paralelismo con sus pupilos. Jacques Feyder le dio su gran oportunidad al encomendarle la partitura de La condesa Alexandra (1937), y eso le granjeó la amistad del productor Alexander Korda, para quien compuso El ladrón de Bagdad (1939) y El libro de la selva (1942).
Con esa experiencia en su mochila, Rózsa intuye que Williams y Goldsmith merecen una oportunidad, y les muestra los secretos de composiciones suyas como Quo Vadis (1951) e Ivanhoe (1952).
Por estos días, las firmas radiofónicas contratan a un buen número de compositores para que éstos enriquezcan sus archivos sonoros. En 1950, Jerry Goldsmith ingresa como copista en el departamento musical de la CBS.
Pronto tiene la oportunidad de idear melodías para radiodramas como CBS Radio Workshop. Según consta en los ficheros de la casa, uno de los primeros episodios firmados en solitario por Goldsmith es Season of Disbelief, emitido el 17 de febrero de 1956.
No obstante, sus colaboraciones con esa compañía, aunque no acreditadas, son muy anteriores: desde 1952, ya diseña ráfagas musicales para Escape, Suspense, Romance y Hallmark Hall of Fame.
Gracias a Raymond Scott, los Williams, padre e hijo, también se incorporan a la CBS. En esto, como en tantas cosas, el joven John es un entusiasta. Aunque sigue tocando el piano en los santuarios del jazz, cancela algunos compromisos para grabar su orquestación de Porgy & Bess (1958).
Ya merece un cierto respeto como pianista, y ello le lleva a intervenir en registros de Henry Mancini (Peter Gunn, 1958) y Elmer Bernstein (Wagon Train, 1958).































































































