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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Apaga y vámonos

Vanitas_Edward_Coll

Quien cumple con el deber de llevar una cosa a su término, suele mostrar su satisfacción con la frase apaga y vámonos.

Veámoslo de este modo: incluso los asuntos más endiablados llegan a su fin, siempre y cuando se trate de cuestiones con un desenlace viable. Claro que también hay momentos en que la paradoja adquiere protagonismo: situaciones absurdas o contradictorias, donde quedan en evidencia las distintas ramas del disparate. Pues bien, a modo de conjuro, igualmente podemos exclamar en esas ocasiones: ¡Apaga y vámonos! Por esta vía, el modismo sirve de diagnóstico: una vez dicha la frase, inferimos que aquello ya no tiene remedio, de modo que más vale esbozar una sonrisa.

A decir verdad, la sombra inherente a otros refranes y frases hechas no atañe a la que hoy nos ocupa. Luis de Montoto y Rautenstrauch desbrozó sus orígenes en Un paquete de cartas de modismos, locuciones, frases hechas, frases proverbiales y frases familiares (1888), atribuyendo el dicho a dos religiosos que optaban a la plaza de capellán castrense.

Gracias a José María Iribarren, los lectores saben que el mejor cronista de la anécdota fue José María Sbarbi y Osuna (1834-1920), sacerdote, crítico y erudito gaditano, recopilador y analista de refranes, adagios y locuciones proverbiales.

Se ve que la historieta que antecede a este modismo sucedió realmente en el pueblo alpujarreño de Pitres, término municipal que conocemos con el nombre árabe de La Tahá, y que se alza a orillas del río Bermejo.

Al parecer, los dos sacerdotes del cuento cruzaron una apuesta con el fin de saber quién de ambos era capaz de decir la misa con mayor brevedad.

El primero de ellos, en lugar de usar la fórmula inaugural de la liturgia, Introibo ad altare Dei, abrió la ceremonia por el final: Marchad, vosotros sois enviados. Dicho en latín: Ite missa est.

El segundo clérigo, al observar de qué modo tan desvergonzado condensaba su competidor la eucaristía, se volvió al monaguillo para decirle: Apaga y vámonos.

Ni que decir tiene que la broma, inocente donde las haya, debió de hacerle gracia al padre Sbarbi, quien decidió integrar este chiste en la posteridad de sus escritos.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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