
También el habla popular, a pesar de sus vulgarismos, queda vinculada a la Historia por incorporar expresiones de gran calado que devienen de ella.
Situemos un ejemplo en el horizonte de la crónica española: Cantarle a uno el trágala. Sólo para los hablantes más selectos, trágala significa hoy algo más que una imposición, expresada castizamente. Vulgarizada hasta alcanzar estabilidad léxica, dicha voz, en sentido figurado, significa «cosa que compele a uno a reconocer, admitir o soportar algo que rechazaba».
En la duodécima edición del Diccionario de la Lengua castellana (1884), trágala figura como «canción con que los liberales zaherían a los partidarios del gobierno absoluto».
En términos más próximos a la vida cotidiana, Cantarle a uno el trágala es una frase figurada y familiar que el mismo diccionario define del modo siguiente: «Complacerse en hacerle ver que por ley de necesidad ha de aceptar o soportar aquello que rechazaba o de que es enemigo».
Los orígenes de la canción del Trágala se ubican en un periodo conflictivo: el reinado de Fernando VII. Por aquel tiempo, absolutistas y liberales —o dicho con la grosería de esos días: serviles y negros— cruzaban gestos de intolerante impaciencia.
Así, cuando los realistas aún cantaban la letra de la Cachucha, los liberales, defensores de la Constitución de Cádiz, se opusieron a los partidarios del gobierno absolutista por medio del Trágala, difundido a partir del año 1820.
La fecha no es casual, pues coincide con el alzamiento de Riego, que forzó a aquel indeseable monarca a establecer y jurar el texto constitucional de 1812.
La letrilla entonada por los liberales decía así: «Trágala, trágala, / tú, servilón, / tú que no quieres / Constitución». Rebeldes, los absolutistas respondían con una adaptación de sesgo amenazante: «Trágala o muere / tú, liberal, / tú que no quieres / Corona real».
Se ve que estos intercambios líricos no se limitaban a la competencia musical. El sonido del Trágala solía servir de antecedente a refriegas formidables, a tal extremo que en 1823 se prohibió oficialmente que se entonase ninguna de las dos variantes de la canción.
Ramón de Mesonero Romanos, en sus Memorias de un setentón (1880), reproduce los versos originales de dicha copla: «Por los serviles / no hubiera unión, / ni, si pudieran, / Constitución. / Pero es preciso / roan el hueso. / Y el liberal / les dirá eso: / Trágala, trágala, / trágala, trágala, / trágala, trágala, / trágala, perro».
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.































































































