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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Echar una zancadilla

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Es casi una ley en ese afecto que denominamos amistad: a los grandes ideales y confianzas suceden las decepciones y los engaños. Por fortuna, hay cariños, si bien escasos, que no se rigen por esta regla pesimista. Además, las traiciones no son siempre altisonantes. Muchas veces quedan expresadas en un leve engaño, en una zancadilla que también nos puede echar un noble competidor o un adversario envidioso y fullero.

En sentido figurado, zancadilla equivale a trampa o asechanza. Antaño, la palabra aparecía como uno de las ardides de los que se valían los combatientes en la lucha cuerpo a cuerpo.

Al igual que ciertos niños traviesos, se ve que los peones de siglos pasados cruzaban su pierna por detrás de la del rival, apretando a un mismo tiempo con ella para tirarle al suelo.

En suma, era ésta una treta de aquellas que citaban los clásicos, al estilo de la mediana, la sacaliña, los tornos, el desvío, la lancha, los vaivenes, el traspié y otros ardides cuyos nombres recuerda José María Iribarren en El porqué de los dichos. Sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España con otras muchas curiosidades (1955).

El modismo Armar o echar zancadilla, como es obvio, describe una acción en la cual se da una zancada: «el paso largo que se da con movimiento irregular, o por ser las piernas largas».

Así queda descrita por la Real Academia Española, en el tomo sexto del Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua (1739).

En el mismo volumen, leemos que la zancadilla es «la acción de atravesar, o echar a otro el pie por detrás del suyo, y apretar al mismo tiempo con él, para derribarle». Metafóricamente, «vale engaño, trampa o ardid con que se derriba, o intenta derribar a alguno de su empleo, estimación, o para atraerle a lo que se intenta».

No hay duda de que sirve en este punto una cita quijotesca: «Viendo lo cual Sancho Panza, se puso en pie, y arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido, y echándole una zancadilla, dio con él en el suelo».

La trampa, física o no, también inspira a don Aniceto de Pagés, que repasa otras fuentes literarias en su Gran diccionario de la lengua castellana, autorizado con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos.

En el tomo quinto de esta obra (1931), completado por José Pérez Hervás, se incluye esta sentencia de Góngora: «Si tras de tanta fortuna / para llegar al poder / a muchos hizo caer, / que le armasen zancadilla / ¡qué maravilla!». A continuación, ofrece Pagés unos versos de Ercilla, que describen la treta con precisión gimnástica, en su recto sentido: «Revuélvense por una y otra parte, / El uno al pie del otro rebatía, / Intrincando las piernas y rodillas / Con diestras y engañosas zancadillas».

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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