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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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En torno a los sátrapas

Vanitas_Edward_Coll

Insistiendo en las raíces persas de una porción de nuestro vocabulario, tenemos que volver a maravillarnos ante palabras que legitiman, de algún modo, un ideal que en aquel imperio no era ni filosófico ni sagrado, sino más bien organizativo, propio de una civilización que precisaba más de una sutileza burocrática. Por esta vía, la voz sátrapa induce a pensar en los tiempos de gobernantes formidables, como Darío I y Alejandro Magno, aun a pesar de que hoy la veamos empleada en los periódicos con signo bien distinto, aludiendo por lo común a dictadores deleznables, caciques de medio pelo y tiranos de grosera intención.

En su Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, Luis Sánchez, 1611), Sebastián de Covarrubias escribe que sátrapa «es una dicción persa, y significa el gobernador de alguna provincia. Al que es gran bullidor de negocios, solemos decir que es un sátrapa».

Adentrándose en el mismo campo semántico, Vicente Salvá propone dos definiciones en el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas (París, Vicente Salvá, 1846).

La primera es «Título de dignidad entre los antiguos persas y algunas otras naciones de Oriente, el cual se daba a los gobernadores de las provincias», en tanto que la segunda dice así: «El ladino y que sabe gobernarse con astucia e inteligencia en el comercio humano».

De forma inequívoca, la voz llega hasta nosotros por una senda latina (satrapa), aunque se ve que los romanos tomaron la palabra de los griegos, y éstos a su vez la heredaron de los persas, quienes muy comúnmente usaban el sustantivo xsathrapavan. Con éste, aludían al gobernador provincial encargado de dominar cada satrapía, asistido a su vez por una fuerza armada que, para evitar traiciones en cada feudo, sólo juraba fidelidad al rey.

En tiempos de Darío I, una veintena de gobernadores ejercía su poder en el Imperio, y ese número fue creciendo con el tiempo.

Desde la India hasta Escitia, pasando por Babilonia, Egipto, Armenia y Libia, los sátrapas acreditaron su eficacia administrativa, y ello explica que el conquistador Alejandro no derogase tal sistema luego de haber extendido sus dominios hasta Persia.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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