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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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La fiera Corrupia

William_rembrandt

Pasión por la teratología, recomendaciones morales y un delirio entre desmedido y perverso; todo esto lo expresa el bestiario propio de la literatura de cordel, muy prolífico a la hora de idear monstruos y fieras con los que poner a prueba la templanza de los lectores.

Imaginarse dragones, basiliscos y alimañas gigantescas parece haber sido un ejercicio corriente entre los forjadores de esta expresión folclórica, entre cuyas creaciones más difundidas figura, precisamente, esa fiera corrupia que define así el Diccionario de la lengua (Madrid, Espasa-Calpe, 1984): «Designación de ciertas figuras animales que se presentan en fiestas populares y son famosas por su deformidad o aspecto espantable».

Estos rasgos formidables, y el necesario espanto que causan, acarrean otro tipo de pensamientos, esta vez relacionados con los monstruos de la Antigüedad, por lo común protagonistas de libros de maravillas y pliegos apocalípticos.

«De Aristóteles a Lucrecio —escribe Claude Kappler—, en San Agustín, Sébastien Brant, Ambroise Paré, el monstruo es asediado de modos diversos: se le integra —de grado o por fuerza— en sistemas del mundo que se explican y se comentan mutuamente. El monstruo se justifica, y ahí reside su auténtica de-construcción en piezas. Sin embargo, queda por desvelar su razón de ser: nunca vencido, el monstruo se perpetúa a través de los siglos, de las civilizaciones» (Monstruos, demonios y maravillas a fines de la Edad Media, traducción de Julio Rodríguez Puértolas, Madrid, Ediciones Akal, 1986, p. 11).

Es así como esa estirpe imaginaria avanza en el tiempo, adoptando nuevos colmillos, garras y escamas, pero siempre con un alma depravada, voraz, análoga, por cierto, a la de aquellos antepasados que en el medievo habitaron las fronteras de lo maravilloso.

Y es que «como muchos fenómenos y categorías, —escribe Jacques Le Goff— lo maravilloso no existe en estado puro, sino que tiene fronteras permeables. Esta respiración de lo maravilloso medieval depende de un desarrollo interno en el cual lo maravilloso de algún modo se excita, se distiende y asume proporciones penetrantes y a veces extravagantes» (Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval, traducción de Alberto L. Bixio, Barcelona, Altaya, 1999, p. 15).

Pues bien, si estudiamos ese territorio de prodigios durante los siglos XVIII y XIX, hallaremos que son los pliegos de cordel un medio idóneo para el análisis. Es ahí donde crece la fiera Corrupia, en cuya imagen parece encontrar justificación lo afirmado por Kappler. No en vano, exprimiendo su esencia podríamos simbolizar el carácter de la sociedad popular que la incubó.

Hay acá, sin duda, metáforas de orden político y religioso no exentas de importancia. Por lo demás, en esta linde tan significativa, resalta el académico tudelano José María Iribarren que la Corrupia, siempre peligrosa, fue uno de los monstruos más frecuentados dentro de la mencionada modalidad literaria. Incluso llega a describir su efigie más habitual: cabeza de toro, con una horripilante cornamenta, y frío cuerpo de lagarto. Al estar armadas sus patas con garras dignas de un dinosaurio, se ve que todo un regimiento de infantería fue necesario para aniquilarla.

Para poner de relieve el sumo atractivo novelesco de este invento, añade Iribarren una cita proveniente de un texto de Baroja, Vitrina pintoresca (Madrid, 1935, pp. 197-198).

Como se advertirá, don Pío pinta al endriago a su aire, aun recibiendo una lejana inspiración de San Juan: «La fiera Corrupia —dice—, en forma de dragón rojo, con siete cabezas, diez cuernos y unos candeleros con velas en cada cabeza, era evidentemente la Bestia del Apocalipsis [...] Esta fiera Corrupia, descendiente espuria de la Bestia del Apocalipsis, ha tenido diversos avatares y ha perdido, sin duda, en otros carteles y romances, el carácter de su origen bíblico» (Citado por José María Iribarren, El porqué de los dichos. Sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España con otras muchas curiosidades, Pamplona, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, 1997, p. 166).

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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