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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Llovieron sapos y culebras

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No es casualidad que batracios y reptiles, dentro y fuera de las pesadillas, ayuden a fortalecer sentimientos de asco, desprecio, molestia o desagrado.

Quien esto escribe no comparte esa convención, por lo demás injusta con seres tan beneficiosos. Pero poco se puede hacer cuando la humanidad lleva tantos siglos estigmatizando las criaturas de ambas estirpes. Lo cual significa, ni más ni menos, que su presencia en nuestro idioma suele impregnarse de ese menosprecio, afortunadamente combatido por biólogos y divulgadores científicos.

En las próximas líneas, citando estas bestezuelas, nos detendremos en dos expresiones de uso común cuyo origen acumula interesantes curiosidades.

La primera de ellas, «Echar sapos y culebras por la boca» se refiere al empleo de palabrotas o blasfemias. En su Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana [...] (Madrid: Viuda de Ibarra, 1787), Esteban de Terreros y Pando identifica esta fórmula con el hecho de disparatar o enfurecerse.

En 1853, Ramón Joaquín Domínguez enriquece la definición en el Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (Madrid-París: Establecimiento de Mellado, 1853, 5.ª ed., 2 vols.): «decir desatinos o proferir con ira denuestos, injurias, imprecaciones, improperios, dicterios, espresiones [sic] fuertísimas, etc.».

Pero quien, finalmente, aclara el origen de la frase es el escritor y folclorista sevillano Luis Montoto y Rautenstrauch (1851-1929) en su libro Un paquete de cartas de modismos, locuciones, frases hechas, proverbiales y familiares (Madrid-Sevilla, 1888).

Dice Montoto que «estos sapos y culebras son representaciones corpóreas de los mismos demonios del infierno. Estos tales salían, tomando la forma de aquellos animalitos, por la boca de los endemoniados, que juraban, blasfemaban y maldecían de todo lo más santo cuando se les exorcizaba».

Así, pues, son los súbditos del Príncipe de los Engañadores quienes aparecen en la raíz de una expresión tan poco sospechosa de esconder metáforas luciferinas.

En las proximidades del aquelarre, el otro dicho que deseamos traer a colación es «Llovieron sapos y culebras», aplicado no sólo a los aguaceros inusitadamente copiosos, sino a situaciones que parecen haber excitado la cólera de Satanás.

Intentemos, no obstante, un enfoque literal sobre la base de una serie de acontecimientos, indudablemente irreales, que la cultura popular y su enunciado folclórico han dado por ciertos.

Reclamamos, para mayor precisión, la autoridad del ensayista británico Jan Bondeson. En uno de sus volúmenes más sugestivos, The Feeje Mermaid and Other Essays in Natural and Unnatural History (Cornell University Press, 1999), Bondeson refiere numerosos ejemplos de la creencia en pequeñas criaturas que se precipitan entre la lluvia.

Un buen testimonio es el de Olaus Magnus, obispo de Suecia, quien menciona en su Historia Gentibus Septentrionalibus (1555) las diversas ocasiones en que ranas, peces y ratas cayeron del cielo cual si se tratara de pedrisco. Entre los episodios relativos al siglo XIX, el mito adopta un titular sensacionalista en el Mirror londinense del 4 de agosto de 1838: «A Shower of Frogs in London!» («¡Lluvia de ranas en Londres!»).

Probablemente ese tipo de figuraciones, sin duda relacionadas con creencias precristianas, arroje una luz distinta sobre la frase en cuestión. Al cabo, es bien fácil situar un puñado mayor de estos ejemplos en la frontera de lo maravilloso.

Cosa no carente de mérito, sobre todo cuando leemos la definición de «sapos y culebras» que incluye María Moliner en su Diccionario de uso del español (Madrid: Gredos, 2.ª ed., 1998): «Revoltijo de cosas sin valor». En definitiva, nada más alejado de exorcismos y lluvias sobrenaturales.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


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